
«La mayoría da más valor a las personas por su ideología que por sus logros personales a causa de la subvencionada confabulación de la izquierda»
Vivimos en una época en la que la mayoría de las personas dan más valor a otras personas por su ideología que por sus logros personales, sean de la índole que sean. Si eres un cantante de izquierdas tienes garantizado el éxito, máxime si tus canciones hablan de cosas banales de la vida diaria. Esto no es malo, pero se extiende al cine, el teatro, la literatura, los programas de televisión y las demás cosas. La verdad es que acaba siendo absolutamente apestoso, porque o pasas por el aro o como creador no te comes una mierda, por lo menos aquí en la piel de toro.
Una de dos o es una confabulación de la izquierda o es que los españoles somos tan bobos que si no nos engañan con ritornelos infantiloides comunistas o socialistas no comprendemos nada de nada. Naturalmente que ser un poco socialista, querer un buen pasar para todo el mundo, es loable y no creo que haya nadie que no lo desee, no puedo imaginarme a un tipo que, con un saco de millones, esté frotándose las manos encantado de que haya gente sin trabajo, que tenga que recurrir a las colas del hambre. Por el contrario sí puedo imaginarme a tipos que enarbolan la bandera roja comunista encantados de que la gente no llegue a fin de mes, cosa que disimularán con frases encendidas acerca de lo malo que es el capitalismo.
Claro, ¿de qué nos sorprendemos? Para los social comunistas la pobreza es el caldo natural de cultivo de sus votos, porque con sus promesas de igualdad “ficticia” atraerán hacia ellos los votos, hasta el momento en que sean tantos los millones que les apoyen que ya no tendrán que disimular, para engancharse al carro de la riqueza no compartida con nadie. Digamos que es un carro casi igual que el del capitalismo. Todo para mi o casi y poco, muy poco para la generalidad del pueblo.
Esto no debe extrañar a nadie, somos primates y como verdaderos, monos pensantes, nuestra estructura social es la de los monos, con sus jerarquías de dominancia. La diferencia está en que en el capitalismo, el que lo es, no disimula este hecho, pero proporciona trabajo y sobre todo libertad para que otros puedan, si tienen nivel, llegar a ocupar un puesto social, si no igual que el de ellos, sí acercarse a tener una vida normal sin tener que arrastrarse para mendigar las migajas que les dé un estado comunista. Pero lo verdaderamente malo de las sociedades de este siglo XXI no es que esto sea así, sino que sea fomentado desde las altas instancias de los gobiernos, como algo lógico.
Y no es desde luego la inteligencia la que ocupa el más alto nivel, tanto social, como dinerario, sino la listeza, lo que llamamos el trepa, el listillo, aquel que tiene la labia y la inteligencia social para moverse en línea ascendente, valiéndose de los demás, para que de manera independiente a su capacidad intelectual, de conocimientos o moral, le alcen hasta los máximos puestos de responsabilidad en los partidos políticos. Esto no sería preocupante, si luego los verdaderos lideres, o sea las mentes privilegiadas pensante fueran, las que ocuparan los cargos, pero lamentablemente esto casi nunca es así. Está claro que a los puestos más altos del gobierno, no llegan los bobos de baba, pero está claro que tampoco llegan las buenas personas que velan más por la ciudadanía que por los que les auparon a ese lugar de mando.
Lo malo es que cuando nosotros, los bobos que los pusimos ahí nos damos cuenta de ello es difícil, salvo por una revuelta popular muy sería o incluso peligrosa, remover esta situación y hacer valer nuestros derechos y necesidades como personas gobernadas dignas de todo y merecedoras de todo, porque los políticos y me da igual del signo que sean, están ahí arriba a nuestro servicio y no nosotros, “el pueblo” al suyo.
No sé si ha quedado claro pero desde luego yo ya sé a que atenerme para las próximas elecciones. Vivimos en una época en la que la mayoría de las personas dan más valor a otras personas por su ideología que por sus logros personales, sean de la índole que sean. En el mundo actual, no se trata de ser de derechas o de izquierdas, solo se trata de ser, como decía mi abuelo, que era de izquierdas, decente. Y para remate yo he llegado a la conclusión de que ser de derechas o de izquierdas no tiene la más mínima importancia o no debiera de tenerla, si la gente fuera eso, decente.
