El burro, la zanahoria y las mentiras. Por Rodolfo Arévalo

El burro, la zanahoria y las mentiras.

«Hay muchos individuos, que son capaces de seguir a sus guías, como el burro que sigue la zanahoria que lleva su jefe en la punta de un palo»

Cuando era niño y adolescente, solía mentir a veces. No tenía valor suficiente para enfrentarme a los demás y decir la verdad. Hacer algo incorrecto fue lo que me llevó muchas veces a inventarme trolas. Afortunadamente, nunca me creció la nariz como a pinocho. Mis mentiras colaron a veces y otras no. Creo que esto es en parte disculpable dado que, a esas edades, no se tiene muy claro lo que es aceptable y moralmente correcto y lo que no. Hoy en día, creo que dado el ejemplo que tenemos en nuestros políticos, los jóvenes tienen todo el derecho a mentir, a no saber a qué atenerse. Siguen a pies juntilla lo que ven en las personas que se dedican a la política, sobre todo a las de izquierda, aunque también pueda haber un cupo amplio entre la derecha.

 

Aparte de esto, luego debemos tener en cuenta al pueblo llano entre los que me incluyo y sobre todo a los jóvenes que no desean oír la verdad, o porque han sufrido un lavado de cerebro, casi desde el mismo día en que nacieron, o porque la realidad que ven frente a ellos y a su futuro es por así decirlo inaceptable. Peor aún si consideramos que las migraciones desde otros países pueden hacerles más complicado ese futuro. No han tenido la oportunidad de discernir, o por propia inteligencia, o por enseñanza de los demás, la realidad de los temas actuales que les aquejan.

 

Todos estos asuntos, desligados del día a día de estos jóvenes, y también no tan jóvenes, son difíciles de saber, incluso estando informado, porque muchos canales de noticias ya están corruptos desde la base. Nada de lo que pueda decir un informador puede tomarse como verdad, porque la verdad, puede estar manipulada por su medio de trabajo, por los jefes de redacción o por otros compañeros. Ya lo decía Jean-Francois Revel filósofo y escritor Francés en su libro: “El Conocimiento Inútil”: “la mentira mueve el mundo”. Incluso pueden estar infectados por sus propios postulados que, para el personal actual que se mueve en ese batiburrillo de sociedad mosaico, han adquirido rango de verdades absolutas y, desde luego, lo son para cada uno de nosotros. Por eso el dicho de: “nada es verdad, ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” ¡está aún más vigente que nunca! Antes los colores podían ser variados, pero desde que los medios están monopolizados por empresas, con jefes que se atienen a los dictados de los accionistas, tanto privados, como estatales, los colores son bastante uniformes y monocromos, es casi imposible estar informado asépticamente.

 

Y lo malo es que la culpa no es de nadie, es que vivimos una cultura, dividida en parcelitas casi individuales en las que es muy difícil llegar a ver el conjunto. Este se puede conformar de diferentes maneras. Por eso podemos ver cada asunto de una manera casi particular, y cada una de estas formas de verlo podrá significar, sugerir o embaucar de una manera casi imperceptible al receptor que no tiene suficientes conocimientos para poner esto, ni en orden, ni en tela de juicio.

 

Cuando uno es un niño, puede mentir para evitar ser aleccionado y advertido por sus mayores, pero cuando eres adulto, sobre todo en la actualidad, esto varía muy poco. Lo convenido por el grupo o mejor por el gobierno de cada grupo, no se podrá poner en solfa ni en tela de juicio, porque como en la época del dictador Franco, caerá sobre ti una ley de prensa no escrita que, se cargará la libertad de expresión y casi siempre la Constitución a la que va asociada.

 

Yo me limito a decirlo, el que lo quiera tener en cuenta, que lo elabore según su manera de ser, parecer y opinar. El que advierte no es el traidor. Es por todo esto por lo que comenzaba diciendo que Cuando era niño y adolescente, solía mentir a veces. No tenía valor suficiente para enfrentarme a los demás y decir la verdad. Hacer algo incorrecto fue lo que me llevó muchas veces a inventarme trolas. Afortunadamente, nunca me creció la nariz como a pinocho. Mis mentiras colaron a veces y otras no. Creo que esto es en parte disculpable dado que, a esas edades, no se tiene muy claro lo que es aceptable y moralmente correcto y lo que no. Pero mucho me temo que hay muchos individuos, que habiendo crecido, carecen de principios e inteligencia propia y son capaces de seguir a sus guías, como el burro que sigue la zanahoria que lleva su jefe en la punta de un palo. Una pena. Creía que ya vivíamos en una España con mayor cociente intelectual.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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