Senda. Por Teresita Ávila

«La literatura narrativa no ha de perderse porque mueran o se transformen los antiguos organismos sociales. Quizás aparezcan formas nuevas, quizás obras de extraordinario poder y belleza, que sirvan de anuncio a los ideales futuros o de despedida a los pasados, como el Quijote es el adiós del mundo caballeresco».

Benito Pérez Galdós, «La sociedad presente como materia novelable». Discursos leídos ante la Real Academia Española, Madrid, Real Academia Española, Viuda e Hijos de Tello, 1897, 16.

«Para el colmo de nuestra felicidad y cumplimiento de todos los bienes, ninguna otra cosa nos falta sino el conocimiento de la lengua».

Antonio de Nebrija, Introductiones latinae (1495)

Senda. Editorial Santillana

«Quiero dejar aquí, amigos lectores, el recuerdo de Senda, el maravilloso proyecto con el que la editorial Santillana convirtió en lectores a una generación de niños allá por los años 70»

El atrevimiento se ha adueñado de estos tiempos de desmemoria. Una alta dosis de osadía que no admite réplica alguna. Pasado imperfecto. Claroscuro. Manipulación escandalosa que arremete contra los ojos que ven, contra los corazones que sienten. Tal vez un día se convierta en un susurro que ni las paredes puedan oír, pero existió. Y antes de que el Ministerio de la Verdad opere con sus malas artes, antes de que se desvanezca como el último rayo de sol de un verano de ensueño, quiero dejar aquí, amigos lectores, el recuerdo de Senda, el maravilloso proyecto con el que la editorial Santillana convirtió en lectores a una generación de niños allá por los años 70.

Cuando las palabras torpes intentan desviar la atención de los acontecimientos cruciales [1], se impone la necesidad de dejar constancia de aquellos hechos que merecen figurar en los anales de los aciertos. Es dañino, y saldrá caro, otorgarle permiso a la tergiversación constante y ruin con la que someten y aturden a las generaciones más jóvenes, sobre todo. Uno de los objetivos más visibles de este gobierno sin presupuestos, sostenido a base de decretazos y componendas, es la reescritura capciosa de un pasado que se afirma sobre el borrado sistemático de lo que estorba, y la invención de una especie de «génesis» donde todo lo creado es obra suya [2]. La inevitable comparación entre logros y fracasos se salda con una cuenta negativa si se atiende con objetividad a las capacidades, las destrezas, las competencias –tan de moda– que adornan a los que se formaron (yo incluida) hace unas décadas. Un dramático descenso afecta a la comprensión de la lectura y los rudimentos gramaticales en la actualidad. Sin un plan estratégico como el que tuvimos los afortunados escolares de la EGB de los 70 [3], no cabe otra posibilidad que la de una deriva galopante, un empobrecimiento paulatino ratificado por sucesivas y pretenciosas leyes de educación que, desde la LOGSE, solo han demostrado su ineficacia. Sin ser reacia a la incorporación de nuevas materias, fruto de la dinámica de los tiempos, abogo por la sensata restitución de un horario más amplio tanto en las matemáticas como en la mía –de la que soy docente–, en lengua y literatura españolas, que sufrió una poda considerable al reducirla a una sola asignatura en lugar de mantener, por separado, los fundamentos de cada una, como verdaderamente le correspondería.

Senda fue una de esas ideas lúcidas que sorprende por su sencillez. Ligada a cada uno de los ciclos y cursos de primaria, sus tomos nos cautivaron y se convirtieron en una grata compañía. El anhelado momento de la lectura. Hallar y sumergirse en aventuras sin fin, con una variedad de personajes y textos que nos abrían perspectivas nuevas e ilusionantes. Con muy pocos elementos la magia hace su aparición. El resto lo pone la imaginación del niño, hambrienta, insaciable. Bocados de placer, lecturas bien seleccionadas, fomentaron una afición que, al menos, permaneció durante la etapa escolar. En muchos otros casos, fabricó lectores atentos y curiosos en los que alentó futuras exploraciones a otros campos, no solo literarios.

La ruptura con lo que puede advertirse hoy en día es total. Es reveladora la estrechez del camino por el que transitan los textos que se ofrecen como modelo. Un canon cuidadosamente escogido, sí, pero por oportunista, enfocado a la tarea de instalar en los tiernos cerebros ideas convenientes, torticeramente diseñadas para el éxito de planes que contradicen un genuino crecimiento personal. Las elecciones actuales servirán para instruir al nuevo arquetipo humano. El cóctel, el bebedizo, contiene ya un enfoque poco original con unos ingredientes precisos: ecología, migración, identidad y perspectiva de género, salud mental, tecnología y, por último, variaciones diversas en cuanto a los vínculos afectivos o familiares. No digo que carezcan de interés y que amplíen el horizonte de los conocimientos necesarios en un mundo cambiante. Pero no bastan por sí solos. Orientar la lectura a visión tan reducida, relegando al baúl de los recuerdos a obras y autores de mayor valía, únicamente puede significar la ausencia de buenas intenciones.

Celebro estar en sintonía con aquellos que saben mucho más que yo. En el vídeo de reciente visionado que aparece vinculado aquí, en Gregorio Luri: «El cara a cara entre alumno y profesor es fundamental» , el doctor en filosofía, maestro y pedagogo [4] disertaba con amenidad sobre la importancia de la memoria y la cultura común en los minutos finales de su conferencia en la Fundación Juan March (a partir de aquí, 1:22:29). Y solo un poco más adelante, Luri incidía en las implicaciones futuras que conlleva un conocimiento deficiente en materia lingüística, ligado al progresivo empobrecimiento léxico en los jóvenes –amén de la ausencia del debido armazón gramatical–. Esto impide el acceso a la comprensión de cuanto les rodea. La prioridad, entonces, tendría que dirigirse a la restauración de una suficiencia lectora que ensanche las posibilidades que hoy limitan su progreso, encadenándolos a un nivel inferior.

Quienes hayan apostado por la modernidad quizá arguyan que Internet y la Inteligencia Artificial pueden suplir con ventaja las incomodidades del trabajo y el esfuerzo requeridos por un modelo basado en la tradición, en la lectura reposada, en la asimilación de contenidos –que yo entiendo no solo como elección personal, sino como la mejor senda–. Permitan ustedes que nombre a dos personalidades que conocen muy bien los riesgos de perderse en las redes y de aferrarse a ellas, pues no son la panacea que prometen. La primera es Catherine L’Ecuyer, investigadora y autora de varios libros y artículos relacionados con la educación [5], consagrada a la tarea de alertar sobre la conveniencia del uso de dispositivos tecnológicos a edad temprana. Lo dice aquí, en su Carta abierta a los directivos de colegios que usan tabletas: llamada a la precaución y a la responsabilidad. 

A pesar de la falta de conclusiones determinantes en esta materia, las observaciones por parte de los docentes y de los expertos en neurociencia [6] avalarían el regreso a una metodología clásica, a la escritura a mano y a los libros de texto como referencias primordiales frente a los estímulos que exacerban la impulsividad. Y, por supuesto, la otra personalidad imprescindible para mí es David Cerdá, que ha publicado en 2024 un libro espectacular: El dilema de Neo. ¿Cuánta verdad hay en nuestras vidas?, donde plantea –en un pequeño apartado titulado «Padecemos un digital síndrome de Diógenes»– la inhabitabilidad de internet, convertido en un enorme basurero en el que es difícil separar lo útil de lo accesorio, lo valioso de lo insignificante:

«No es internet en vez de libros, conversaciones, música concentrada o teatro, sino además de», también se escucha; otra mentira, porque se desplaza sin duda la verdadera cultura. No es un cambio de «soporte» lo que vivimos, sino el desplazamiento de algunos muy buenos en favor de otros peores, la expulsión de la profundidad que puede nutrir a muchos en favor de la superficialidad que enriquece a unos pocos«.

Y entristecida por este avance de la superficialidad –que gana terreno en detrimento de la construcción de saberes duraderos–, observo el desastre de la nueva PAU en Castilla y León [7] que empobrece y limita con crueldad la literatura, desposeída de cronología, sin un criterio que armonice, dé sentido y ancle el conocimiento esencial de tan bello y noble arte.

Los niños de la Casa Colorada se pusieron tristes, aunque ya sabían que Pandora tenía que marcharse.

-Y antes de irme os traigo todos los libros que tengo.

Pandora colocó en la arena un buen montón de libros, atados con un cordel. Los niños se colocaron alrededor.

(Despedida en la playaSenda 3. Libro básico de lectura).

 

NOTAS______

[1] Ridículo monumental de Ángel Víctor Torres al afirmar que «las mujeres no podían estudiar» con Franco

Por añadir algo más en esta nota, solo faltaba que negasen la existencia de la Universidad Laboral, promovida por el falangista vallisoletano José Antonio Girón de Velasco, “una institución educativa española orientada a hijos de trabajadores que estuvo en funcionamiento desde 1955 hasta 1989; en sus 21 sedes, estudiaron aproximadamente medio millón de alumnos”. (Wikipedia: Universidad Laboral)

 

[2] 50 años de libertad y avance: por qué es importante celebrar la muerte de Franco

[3] Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa. También conocida como Ley Villar Palasí.

 

[4] Gregorio Luri

 

[5] https://catherinelecuyer.com/publicaciones-divulgativas/

 

[6] Algunos textos sobre el asunto:

Escribir a mano, ¿la clave para un cerebro más inteligente?

El escribir a mano – Revista UCR

Los beneficios para el cerebro de la escritura cursiva a mano y por qué vuelve a algunas escuelas

 

[7] https://www.educa.jcyl.es/universidad/es/servicio-ensenanza-universitaria/acceso-universidades-publicas-castilla-leon/pau-2025-b5f5f/estructura-examen-orientativa-criterios-correccion/estructura-examen-orientativa-criterios-correccion

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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