El monolito de las cabezas cortadas de Dingle. Españoles olvidados en Irlanda: La masacre de Smerwick. Por José Crespo

El Fuerte del Oro o Fuerte de Smerwick

«Hoy en día un sobrecogedor monolito, azotado por el viento y la lluvia, en el que aparecen doce cabezas cortadas, recuerda aquella infausta expedición»

Muy cerca del pequeño pueblo de Dingle, Irlanda, se sitúa el Fuerte del Oro o Fuerte de Smerwick. Un lugar misterioso marcado por la muerte de más de 600 españoles entre el 7 y 10 de noviembre de 1580. Irlanda siempre ha sido un lugar mítico, lleno de leyendas e historias fantásticas ambientadas en escenarios oníricos. Las costas del suroeste de la isla Esmeralda fueron testigo de una de las matanzas más crueles y sanguinarias del siglo XVI. Hoy en día, nos siguen llegando testimonios de aquella batalla…

Desde la época de Pero Niño hasta Kinsale y Glenshiel fueron muchas y variadas las incursiones ibéricas en Irlanda e Inglaterra. Durante los siglos XVI y XVII los tercios españoles actuaron por toda Europa. Menos sabido es que en sus campañas llegaron hasta Irlanda para apoyar a los sublevados católicos contra el poder inglés que dominaba brutalmente la isla.

Antes de llegar al hecho que nos ocupa en este artículo debeos citar los antecedentes y para ello debemos citar las dos Rebeliones de Desmond que constituyeron dos conflictos armados que tuvieron lugar entre 1569-1573, la primera, y entre 1579-1583, la segunda, en el sur de la provincia de Munster en Irlanda. Estas rebeliones fueron organizadas principalmente por los Fitzgerald de Desmond y sus aliados, contra los Butlers de Ormonde por una parte y el gobierno isabelino, que buscaba extender su control sobre la provincia de Munster, por otro.

Las rebeliones acabaron con el poderío de los FitzGerald de Desmond y dio paso a la posterior colonización de Munster por parte de Inglaterra.

El sur de Irlanda, Munster, y sur de Leinster, había estado dominado bajo un sistema medieval durante los siglos precedentes por las familias conocidas como ingleses viejos, como los Butler de Ormonde y los Fitzgerald de Desmond. Ambas familias tenían sus propios ejércitos y se guiaban por sus propias leyes, mezcla de costumbres inglesas e irlandesas, independientes totalmente del gobierno inglés de Dublín. Sin embargo, a partir de 1530, las sucesivas administraciones habían intentando expandir el control inglés sobre toda la isla. 

En España conocemos el término «Geraldinos» que se refiere a la familia Geraldino de origen irlandés, cuya versión castellanizada del apellido Fitzgerald emigró desde la ciudad de Waterford (Port Láirge) en Irlanda, a lugares como El Puerto de Santa María en Cádiz y Veracruz en Nueva España. Esta familia tiene profundas conexiones históricas con la dinastía Fitzgerald de Irlanda y con figuras notables como el corsario Felipe Geraldino que actuó en represalia por los abusos de los ingleses contra Irlanda y tenía licencia española para atacar embarcaciones inglesas.

A la izquierda la región de Munster compuesta de los seis condados de Clare, Cork, Kerry, Limerick, Tipperary y Waterford. A la derecha Leinster la región oriental de Irlanda, que comprende los condados de Carlow, Dublín, Kildare, Kilkenny, Laois, Longford, Louth, Meath, Offaly, Westmeath, Wexford y Wicklow.

Tras la segunda rebelión y después de tres años de devastación, el hambre se extendió por Munster. En abril de 1582, Sir Warham St Leger, administrador de la provincia, estimó que en los seis meses anteriores habían fallecido en torno a 30.000 personas a causa de la hambruna que asoló el territorio. Brotes de enfermedades y plagas aparecieron en la ciudad de Cork, donde mucha gente se había refugiado durante las rebeliones. Mucho tiempo después del fin de la guerra, la gente seguía muriendo de hambre y enfermedad; de hecho se estima que, hacia 1589, un tercio de la población de Munster había fallecido. El gobernador Grey fue convocado a presencia de Isabel I por su excesiva brutalidad.

Ubicación del lugar de la matanza.

Las guerras sufridas durante la década de 1570-1580 marcaron un punto de inflexión en Irlanda. Aunque el control inglés sobre la isla distaba mucho de ser total, el escollo de los Geraldinos había sido superado, y, a partir de entonces, Munster iba a ser sembrado con colonos ingleses leales a la corona, según lo dispuesto en los acuerdos de 1585. Los miles de soldados ingleses enviados a sofocar las rebeliones fueron asentados en las tierras confiscadas a los Desmond, cumpliendo con ello la Colonización de Munster. Años después, la Rebelión de Tyrone, y la consiguiente Guerra de los Nueve Años, marcaría la consolidación definitiva del poder inglés en Irlanda y el final del sueño de una Irlanda gaélica independiente.

Dentro de la segunda rebelión Desmond se produjo el hecho que recogemos en estas líneas. La península de Dingle fue el escenario de gran parte de la actividad militar de 1579-1580. El 17 de julio 1579 James FitzMaurice FitzGerald trajo hacia Dingle, en el condado de Kerry, una pequeña flota con un pequeño contingente de tropas españolas, procedentes de la península ibérica y de los territorios españoles en Italia, en el condado de Kerry, con fuerzas de voluntarios enviados por el Papa, y el 1 de agosto se unió a John de Desmond que había conseguido reunir un ejército más numeroso formado por parientes y otros hombres de armas descontentos con el gobierno inglés en la isla. La flota salió de la ciudad después de tres días, y ancló en Dun An Oir en el extremo occidental de la península, lo que condujo a las fuerzas inglesas al cerco de Smerwick de 1580.

Lugar del emplazamiento de las ruinas de DÚN AN ÓIR FORT.

Sería el 10 de septiembre de 1580, cuando 600 hombres pertenecientes a las fuerzas papales, en una flora española bajo el mando de Juan Martínez de Recalde, desembarcaron en Smerwick en Kerry para apoyar la rebelión, pero fueron sitiados en el fuerte de Dun an Oír, y, tras un asedio de tres días, masacrados por las tropas inglesas. Entretanto, la política de tierra quemada extendió el hambre entre la población civil, lo que motivó que, uno tras otro, los jefes gaélicos aliados de los Geraldinos fueran acogiéndose al perdón ofrecido por la reina Isabel I. Por si esto fuera poco, a principios de 1582, John Desmond, líder de la rebelión caía muerto en Cork.

Como de Kinsale y Juan del Águila, de quienes ya hemos hablado, hoy lo hacemos recordando que muy cerca del pequeño pueblo de Dingle en Irlanda, se sitúa lo que se conocen como las ruinas del Fuerte del Oro o Fuerte de Smerwick. Un lugar misterioso marcado por la muerte de más de 600 españoles en 1580. Desde entonces, es considerada por muchos como una zona maldita y ocasionalmente, aparecen vecinos que atestiguan todo tipo de fenómenos extraños. Las verdes tierras del sudoeste de Irlanda fueron testigo en el siglo XVI de una de las matanzas más trágicas de su historia. Eran tiempos de guerra y por entonces, el enfrentamiento directo entre los valedores del Catolicismo y los defensores del Protestantismo configuró un panorama político y religioso totalmente intranquilo. Como resultado, más de 600 españoles fueron brutalmente asesinados. 

Los hechos tuvieron lugar a partir del 10 de septiembre de 1580, cuando un numeroso grupo de españoles e italianos, dirigidos por el capitán Sebastián de San José, o Sebastiano de San Giuseppe, llegaron en barco a la costa irlandesa para prestar su apoyo a las tropas católicas locales. Sin embargo, tras varios meses establecidos en el denominado Fuerte del Oro o Fuerte de Smerwick (Dún an Óir, en gaélico), fueron sorprendidos por más de 4.000 soldados británicos que les acorralaron por tierra y mar.

Liderando una fuerza rebelde de 4000 hombres en el este, Gerald FitzGerald, conde de Desmond, James Eustace, vizconde Baltinglass, y John de Desmond intentaron sumarse a los desembarcados para recibir los suministros traídos por la fuerza expedicionaria pero las fuerzas inglesas bajo el mando de Thomas Butler, conde de Ormond, y Arthur Gray, barón Gray de Wilton, los bloquearon, y los barcos de Richard Bingham cerraron la bahía de Smerwick. San Giuseppe no tuvo más remedio que retirarse al fuerte de Dún an Óir.

Lord Grey de Wilton

El asedio duró muy poco tiempo. En tan sólo tres días, Sebastián de San José se rindió, a pesar de tener víveres suficientes para resistir y contar con el apoyo de todos sus valientes soldados como el del español Hércules de Pisano. De esta manera, las tropas inglesas de Lord Grey de Wilton entraron en la fortaleza y ordenaron la matanza de los más de 600 españoles, italianos e irlandeses que habían acudido hasta allí en busca de protección. Hombres, mujeres y niños fueron maniatados y uno a uno, fueron degollados delante de sus propios compañeros durante el asedio sucedido entre el 7 al 10 de noviembre de 1580.

Más tarde se supo que ninguno de los oficiales españoles había sido comisionado por el rey Felipe II, ni los italianos del papa Gregorio, o al menos oficialmente, aunque se les habían concedido indulgencias por participar. En ese momento, ni España ni el Papado estaban formalmente en guerra con Inglaterra, pero la bula papal Regnans in Excelsis de 1570 había liberado a los católicos observantes de su lealtad a la reina Isabel I de Inglaterra e Irlanda.

Un entorno del que ya quedan pocos recuerdos. Tan sólo un monolito conmemorativo y alguna que otra piedra de la antigua fortificación. Sin embargo, son muchos los vecinos que aseguran, a día de hoy, que Smerwick está maldito y que, en ocasiones, pueden escucharse los desgarradores gritos y lamentos del pasado. El desembarco de la fuerza española se produjo en Smerwick, cerca de Dingle, donde una primera avanzada de tropas había desembarcado el 18 de julio del año anterior, y habían conseguido prender la llama de la rebelión en los condados de Munster, Cork, Kerry y Leinster, donde se consigue derrotar al ejército inglés en la batalla de Glenmalure. Las tropas mandadas por Sebastián de San José, de Bolonia, tratan de unirse al ejército insurrecto irlandés, pero fallan en su objetivo y son aisladas, por lo que San José ordena batirse en retirada y refugiarse en el castillo de Dún an Óir.

Dún an Óir, o en español Fuerte del Oro, era una fortaleza situada en un viejo promontorio que databa de la Edad del Hierro, situado en las cercanías de la península de Dingle, y separado del resto de Irlanda por el monte Brandon, una de las montañas más altas de la isla. Las tropas españolas se encontraban, pues, aisladas por lo abrupto del terreno, además de por los 4000 hombres de Lord Grey de Wilton, a lo que se añaden los navíos de guerra ingleses del almirante Winter, que bloqueaban la bahía de Smerwick y que, equipados con artillería pesada, empezaron a bombardear sistemáticamente la fortaleza.

Hoy en día un sobrecogedor monolito, azotado por el viento y la lluvia, en el que aparecen doce cabezas cortadas, recuerda aquella infausta expedición. «La costa de las cabezas cortadas»: En 1580, cientos de soldados españoles e italianos bajo las órdenes del capitán Sebastiano de San Giuseppe o Sebastián de San José viajaron a Dingle, en Irlanda, partiendo desde Santander, para combatir en el bando católico contra los protestantes. Tras varios meses en el Fuerte del Oro o Fuerte de Smerwick, fueron sorprendidos por más de 4000 soldados británicos que les acorralaron por tierra y mar.

Pese a contar con abundantes víveres, San Giuseppe decide, tras tres días de asedio, rendir el fuerte en lo que cree que será una rendición honrosa, en contra de los deseos de sus soldados, entre los que destaca la figura del español Hércules de Pisano, que intentó abortar la rendición intentando deponer y asesina al capitán. Asimismo, dos sacerdotes, uno irlandés y otro español trataron de sabotear la rendición, alterando la traducción entre ambas partes. Sin embargo, fueron descubiertos y crucificados.

Y es aquí donde termina el asedio y empieza la masacre. El conde de Grey, una vez que los soldados españoles e italianos han depuesto sus armas, ordena a sus hombres decapitar a los prisioneros. Dice la leyenda que durante dos días los soldados ingleses van decapitando, uno a uno, a los 600 soldados, más hombres, mujeres y niños irlandeses que se habían refugiado en el fuerte. 

Maniatados, unos junto a otro, mientras las cabezas de sus compañeros van siendo apiladas en un lugar que con el correr del tiempo pasaría a ser conocido como Gort nag Ceann… el Campo de las Cabezas. El lugar de la masacre, por su parte, se conoce hoy en día como Gort a Ghearradh, el Campo del Corte.

Tras la trágica masacre, los cuerpos fueron arrojados como fardos por el acantilado cercano a Dún an Óir y cuentan, que semana tras semana, muchos de ellos aparecían flotando en el mar, cerca de la bahía de Smerwick. Desde un primer momento, los lugareños que iban hallando los restos de los caídos procedieron a enterrarlos en las dunas de arena de las playas aledañas, lo que ha provocado que aún hoy, cuando el temporal es muy fuerte y remueve la arena, salgan a la luz los restos óseos de los desafortunados soldados de la expedición y de los pobres irlandeses que acudieron a buscar refugio bajo sus armas. 

Desde entonces existe controversia sobre los términos de la rendición lo que parece lógico es que inicialmente se les hizo creer que se les perdonaría la vida o no. En una carta a la reina Isabel, Lord Grey explicó lo ocurrido tras la rendición:

«Envié a algunos hombres para comprobar que deponían las armas y para asegurarnos las municiones y provisiones que tuvieran. A continuación, los separé en grupos y los ejecuté. Hubo 600 muertos: gran acopio de munición y provisiones, aunque gran parte se perdió debido al desorden de la soldadesca, que en su furia no pudo ser controlada. Los que permití seguir con vida han sido puestos bajo custodia de los capitanes y caballeros».

Se dice que la respuesta de la Reina fue felicitarlo por haber sido elegido como un instrumento de la gloria de Dios, pero criticándolo por dejar a algunos con vida.

Algunos de los pocos que se salvaron de la inicial ejecución sumaria en realidad sufrieron un destino peor, se les ofreció seguir con vida si renunciaban a su Fe católica, pero al negarse, un herrero les rompió los brazos y las piernas por tres partes, les dejaron agonizantes durante un día y una noche y luego los ahorcaron.

El obispo Hugh Bradie de Meath lo definió como «el servicio más productivo conseguido desde que Su Majestad porta la corona».

Tras los hechos Gerald FitzGerald se refugió entonces en las montañas de Kerry con los Geraldinos que aún quedaban, y durante dos años se dedicó a ocultarse y lanzar pequeñas expediciones de guerrilla contra los ingleses, hasta que el 2 de noviembre fue capturado en Tralee por los miembros del clan Moriarty, que le dieron muerte. Sus captores cobraron un precio de 1000 libras de plata. La cabeza fue enviada a Isabel I a Londres, y sus restos permanecieron expuestos triunfalmente en las murallas de Cork.

Durante siglos prosiguió la discusión sobre si Lord Grey había prometido un salvoconducto a los defensores del fuerte o no. Incluso T.J. Westropp, arqueólogo de promontorios, dedicó gran parte de su texto sobre Dún an Óir de principios del siglo XX a la defensa de Lord Grey, aunque si fue llamado por la reina en base a la brutalidad empleada es que había algo de verdad.

Se ha argumentado también que se ha prestado demasiada atención a este acontecimiento, puesto que fue solo uno más de los ocurridos en aquella época. Es cierto que hubo otras masacres, como la de Carrigafoyle en abril de ese mismo año, pero la masacre de Smerwick sirvió como propaganda inglesa, advirtiendo que cualquier otro intento de invasión futuro por parte de cualquier potencia europea a favor de los rebeldes irlandeses sería tratado de la misma forma. En 1980 se erigió un monumento conmemorativo en el lugar.

Guerra de los Nueve Años

Después de los hechos de Fuerte de Oro, y en un momento determinado dentro de la conocida como Guerra de los Nueve Años, de 1585 a 1604, en que la España regida por Felipe II y su hijo Felipe III mantuvo hostilidades contra la reina Isabel I y Jacobo I de Inglaterra, España volvería a enviar ayuda a los irlandeses. Antiguas rivalidades se mantenían desde antiguo, el repudio de Enrique VIII por Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, el acoso y pirateo sobre de los barcos españoles procedentes de América y el apoyo a los sublevados de los Países Bajos fueron motivos que atizaron una serie de enfrenamientos navales y contiendas terrestres que, entre otras cosas, perjudicaron a los intereses económicos españoles y en igual o mayor medida los ingleses.

De la misma manera que los monarcas ingleses ayudaron a los holandeses, en el año 1602, el rey Felipe III, que inicialmente se mostraba reacio a ello, resolvió enviar tropas en ayuda del conde de Tycornell y del conde de Tyrone que habían encabezado una rebelión contra la corona inglesa nueve años después de la feroz represión ejercida sobre los irlandeses. 

En octubre de 1601, la tan esperada ayuda española llegó en forma de una fuerza comandada por Juan del Águila, que ocupó la ciudad de Kinsale, en el extremo sur de la isla. Mountjoy dirigió sus tropas hacía allí, en tanto que O’Neill y O’Donnell se veían obligados a emprender marchas separadas a través de los territorios controlados por George Carew en lo más crudo del invierno. Los dos comandantes irlandeses se reunieron nuevamente en Bandon y trataron de bloquear al ejército inglés que sitiaba a los españoles. Los ingleses estaban cansados y enfermos, y el durísimo invierno hacía muy dura la vida en el campamento. Pero debido a la imposibilidad de comunicarse con la guarnición española, y a un error crucial durante la carga de la caballería inglesa, el ejército de O’Neill fue puesto en desbandada rápidamente. Los irlandeses retrocedieron y el comandante español se rindió. La Batalla de Kinsale fue un desastre para O’Neill, que perdió totalmente cualquier opción para ganar la guerra. Las crónicas irlandesas no achacan la inacción del jefe español ni a cobardía ni a pusilanimidad, sino a la falta de entendimiento entre jefes que llevó a una aplastante derrota de los irlandeses.

Las consecuencias de todo ello fueron que Don Juan del Águila hubo de capitular y regresar a España, los condes irlandeses buscar refugio, años más tarde, en la corte española, la rebelión irlandesa sofocada de tal manera que hasta principios del siglo XX no fue posible la independencia de Irlanda. El jefe español fue encausado, a pesar de haber invertido su fortuna personal para atender a los expedicionarios enfermos y heridos, y tan solo la muerte inesperada le libró de la infamia.

No obstante, la opinión de los irlandeses, hoy día, no deja translucir reproche alguno contra la actuación española. Quizá ellos mismos son conscientes cómo, a través de la Historia, las confrontaciones entre ingleses y españoles han tenido un saldo desfavorable para nosotros. En definitiva, que también hemos sido víctimas. A mayor abundamiento nótese que en nuestro territorio existe una colonia inglesa, en la inacabada provincia de Cádiz, que se mantiene en contra de las resoluciones de las Naciones Unidas, y lo que es más curioso, sin que ninguna autoridad española, desde la primera a la última, hagan el más mínimo gesto hacia la fuerza ocupante.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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