
«Nuestro gobierno cierra las nucleares y las térmicas y solo podemos concluir que quiere empobrecernos, limitar nuestros movimientos y recluirnos en ciudades 15 minutos»
Me hizo gracia escuchar al autócrara, experto economista, y gran narciso darnos la charla para rematar diciendo: «menos Lamborghinis y más coches eléctricos«, la misma cantinela de la descarbonización en boca de otras dos lumbreras como la Montero, ‘la cajera del Saturn’, y la Belarra, más conocida como ‘la niña de la curva’.
Vamos a los hechos… Las baterías no crean electricidad, sino que almacenan electricidad que debe ser producida en otro lugar, especialmente a través del carbón, del uranio, de centrales térmicas, eléctricas naturales o generadores propulsados por diésel. Así que la afirmación de que la ensoñación cuasurreligiosa sanchista de que un coche eléctrico es un vehículo con cero emisión no es cierta en absoluto, es simple y llanamente una burda patraña, precisamente porque la electricidad generada proviene de centrales eléctricas y muchas de ellas queman carbón o gas, así de sencillo. Y si a esto añadimos que nuestro gobierno cierra las nucleares y las térmicas solo podemos concluir que quiere empobrecernos, limitar nuestros movimientos y recluirnos en «ciudades 15 minutos» en cumplimiento de esa agenda criminal en contra de la libertad individual. Por lo tanto, podemos afirmar que a día de hoy el ¿40%? de los coches eléctricos en la carretera se basan precisamente en el carbono.
Pero eso no es todo, aquellos que están emocionados con y por los coches eléctricos esa patética «revolución verde» deberían echar un vistazo más de cerca a las baterías, pero por supuesto también a las turbinas eólicas y a los paneles solares. Una típica batería de un vehículo eléctrico pesa 450 kg, con un volumen aproximado del tamaño de una maleta. En su interior contiene 11 kg de litio, 27 kg de níquel, 20 kg de manganeso, 14 kg de cobalto, 90 kg de cobre y 180 kg de aluminio, acero y plástico. Pensemos por un momento en los lugares de producción de esos minerales y su dificultosa extracción, pensemos por ejemplo en el cobre y en Chile.
Pero no nos detengamos aquí, tenemos más de 6.000 células individuales de iones de litio en el interior de la batería. Para hacer cada batería BEV (Vehículo Eléctrico de Batería) por definición ‘eléctricos puros que no generan emisiones‘, pero lo que nos ocultan es que para construirla habrá que procesar nada más y nada menos que 11.000 kg de sal para litio, 15.000 kg de mineral para cobalto, 2.270 kg de resina para níquel, y 11.000 kg de mineral de cobre (volvamos a pensar el Chile y busquemos lectura sobre la cada vez más difícil extracción del mineral de cobre).
En definitiva deberemos remover la nada desdeñable cantidad de 225.000 kg de tierra para tener una sola batería, volumen que cada vez más va en aumento. En cuanto a los sistemas solares, su mayor problema son los productos químicos necesarios para transformar el silicato en la grava utilizada para los paneles. Para producir suficiente cantidad de silicio limpio, debe tratarse con elementos tan nocivos y peligrosos como ácido clorhídrico (ClH), ácido sulfúrico (H₂SO₄), fluoruros (F-), tricloroetano o metilcloroformo (C2H3Cl3) y acetonas(CH₃CH₃).
Además, se necesitan otros elementos escasos como galio (Ga), arseniuro (As3-), material semiconductor como diseleniuro de cobre-indio-galio (CuInGaSe2), y telururo de cadmio (CdTe), que también son altamente tóxicos.
Consideremos también que el polvo de silicona supone un peligro para los trabajadores y las baldosas no pueden reciclarse. En cuento a los ‘molinillos‘, las turbinas de viento no son el «no va más» en términos de costo y destrucción del medio ambiente. Cada molino de viento estándar pesa la nada desdeñable cantidad de 1.688 toneladas (el equivalente al peso de 23 casas) y contiene 1300 toneladas de hormigón, 295 toneladas de acero, 48 toneladas de hierro, 24 toneladas de fibra de vidrio además de la cantidad de tierras raras difíciles de obtener como el Neodimio (Nd), Praseodimio (Pr) y Disprosio (Dy).
Cada una de las tres palas de un molino tiene un peso de 40.000 kg y tiene una vida útil de 15 a 20 años, después de los cuales deben ser reemplazadas… ¿qué hacer con ellas? Pues no se pueden reciclar las palas de rotor usadas.
Ciertamente, estas tecnologías pueden tener su lugar, pero hay que mirar más allá del mito de la libertad de emisión. El término «Going Green«, Opción Ecológica, puede sonar como un ideal utópico, pero si miramos la letra pequeña los costos ocultos e incrustados de una manera realista e imparcial, encontraremos que «Going Green», hoy por hoy, hace realmente más daño al medio ambiente de la Tierra de lo que parece, mucho más que los motores de combustión.
Otro aspecto es el tiempo de recarga de la batería en nuestro hogar. El punto de recarga que suele instalarse en el garaje casi siempre es de 16 amperios o 230 voltios en corriente alterna y para una carga completa necesitaríamos, normalmente, de 6 a 8 horas. En una electrolinera el tiempo de la carga rápida oscila entre los 5 y 39 minutos, con los grandes riesgos de seguridad por las altísimas temperaturas generadas y el daño que con ello se inflige a la batería y a su durabilidad. La carga rápida habitual afecta negativamente la vida útil de la batería del vehículo eléctrico con lo que se nos limita la libertad y rapidez de movimientos. También debemos considerar que a medida que bajan las temperaturas, los electrolitos de la batería se vuelven más viscosos, lo que ralentiza el flujo de iones entre el ánodo y el cátodo. Esto reduce la capacidad de la batería para almacenar y liberar energía, lo que repercute directamente tanto en el rendimiento como en la velocidad de carga. En definitiva sin oponernos a la minería, a los vehículos eléctricos, a la energía eólica o solar, debemos reconocer que la realidad que nos pintan no es en absoluto idílica.

