Hablemos de sexo. Por Diego Pardos

No es una mujer pedestre 

 la bella Carla Toscano. 

Dispuesta a tender la mano 

poco a poco a la Maestre. 

 

(Redondilla popular) 

Hablemos de sexo.

«¿Ha servido de algo este diálogo entre las dos políticos? ¿En qué ha ayudado la polémica suscitada por las bellas mujeres?»

El programa “Hablemos de sexo” se emitió en Televisión Española a lo largo del año de 1990, en pleno ardor socialista (quiero decir que ya gobernaba don Felipe González su tercera legislatura consecutiva, que no sería, además, la última). Presentaba tan instructivo espacio Elena Ochoa y fue dirigido por Narciso Ibáñez Serrador, el inolvidable Chicho del “Un, dos, tres”. No es de extrañar por consiguiente que Ibáñez Serrador se adentrara de nuevo por tan espinos derroteros, pues ya se dedicó en cuerpo y alma a presentar en Madrid el picante libro de Vizcaíno Casas titulado Niñas… ¡al salón! (presentación que sirvió de prólogo para posteriores ediciones), publicado años antes por Planeta y llevado al cine, como tantos otros del escritor valenciano. Este es un libro muy recomendable, y no tanto por lo erótico -pese a lo que pueda pensarse- como por la ternura, la nostalgia y el buen humor con que está escrito. Es probable que las nuevas censoras del furibundo feminismo actual lo “cancelaran” por rancio, heteropatriarcal y machirulo: al fin y al cabo las señoras que protagonizan las historias no iban por ahí enseñando las tetas y hasta acudían a misa. 

 

Ha cambiado mucho nuestra Españita en estas décadas; tanto que el sexo  constituye ahora una verdadera obsesión en la televisión (que antes al menos advertía con dos rombos de los peligros para la inocencia infantil), en las redes sociales y hasta en la vida política, reflejo quizá de los propios hábitos, en la acepción de costumbre o rutina. Sucede que todavía hay personas (lastradas por antiguos prejuicios) que no soportan los nuevos avances sociales, que no aceptan los conquistados derechos en materia sexual que han de tener los colectivos históricamente vilipendiados y escondidos. Ejemplo de tamaña incomprensión y carcundia es la concejal del Ayuntamiento de Madrid doña Carla Toscano de Balbín. Que hoy ya no podría hablar serenamente con la doctora Ochoa en los platós o en el foro universitario (hasta ahí podríamos llegar) y ha de hacerlo con la portavoz de Más Madrid en el Palacio de Cibeles. Ello ha dado lugar a una nueva edición actualizada  de “Hablemos de sexo” en versión municipal. 

 

Porque la Sesión del Pleno del día 28 de enero se hizo eco de una proposición de la señora Toscano que pretendía la “eliminación de los Espacios de Igualdad” por ser una guarrada y una indecencia. Para la portavoz adjunta de Vox, éstos son como un mini Ministerio de Igualdad que se encarga del orgasmo femenino y de las biodanzas con enfoque de género. Además de hacer exposiciones de clítoris brand (ojo con el “brand”) o resignificar el ganchillo y tejer con perspectiva feminista. De “chaladuras” y de “chistes de niña pequeña” calificó doña Rita Maestre tanta mención al “orgasmo, clítoris, bisexualidad y sexo”. Lo cual no le impidió afirmar “que no hay marcha atrás”. Ella lo sabrá por experiencia, y en sus conocimientos confiamos. Por su lado, la señora De Balbín es partidaria del amor romántico y de no tirar el dinero en la defensa de la revolución clitoriana, que debe de ser cosa de “charos, fanáticas y resentidas”. 

 

Confieso que mi próximo viaje a la capital tendrá por objeto no la visita a los estupendos museos que se hallan en la Villa; no emplearé mi tiempo al paseo o al café; ni me dedicaré a los negocios o a gastar dinero pues carezco de ambos. Lo mejor será acudir a una buena sesión del Pleno, si en el Orden del Día se incluye un asunto controvertido que enfrente a estas dos féminas que -me da la impresión- no dejan de tenerse mutua simpatía. Así veremos que “mis abuelas eran más modernas que usted”, como nos informaba la edil progresista. No entró en detalles pero dejaba una sutil amenaza en la sala: “A su mundo antiguo y carca no vamos a volver. Que se lo meta usted en la cabeza y si no se lo mete, se lo voy a meter yo todos los meses”. Lo dicho, una vez al mes acudiremos a Madrid para ver qué es eso que le va a meter con tanto ímpetu (con perdón) la señora Rita Maestre Fernández, para regocijo de los presentes y escándalo público. Disculpe doña Carla esta grosería y recíbala con su acostumbrada y bonita sonrisa. 

 

Vayamos concluyendo: ¿Ha servido de algo este diálogo entre las dos políticos? ¿En qué ha ayudado la polémica suscitada por las bellas mujeres? ¿Se ha sustanciado alguna conclusión interesante que ayude a cambiar las cosas? ¿Tendrá predilección el alcalde -doctrinalmente hablando- por alguna de las concejales? ¿En qué ayuda discutir sobre este asunto? Por tanto, estimados lectores de La Paseata: Hablemos de sexo, sí. Pero poco. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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