
«¿Para qué necesitamos gobierno en el país, si, como hombres prehistóricos, por la casa hemos de luchar?»
Inquilino ocupa de tu no casa, inquilino ocupa de su corazón. ¿Quién debe ponerte firme para que te vayas de una casa como persona honrada y sin llorar? ¿O es que solo las bofetadas entiendes, esas que luego, con multa o cárcel, hay que pagar? Y la siguiente pregunta sería: ¿para qué necesitamos gobierno en el país, si, como hombres prehistóricos, por la casa hemos de luchar?
Coge un palo de descaro, vago caradura, y dale al pobre peón que trabajó duro y muchos años para pagar doble hipoteca. Desde luego, los ocupas, el sueldo que roban a los propietarios, al parecer, no merecen cobrar. No te escaquees, gobierno, no te hagas el remolón, mentiroso presidente, porque a lo peor alguien cabreado te salta los dientes. Y prisa no hay, porque la venganza es un plato que se sirve frío.
Puedes hacer política social, pero los ciudadanos, como individuos privados, no la han de pagar. Sería bueno que alguien explicara por qué la vida de un inquilino la ha de asumir el casero, cuando, desde luego, la gran mayoría potentados no son. ¿Hay que asumir al caradura, cual si este fuera un pollino sin oficio ni beneficio, con orejas y pezuñas, sin mover el ceño? Tal vez algún propietario lo verá mejor disfrazado de rojo, cual diablo social, nunca como víctima de la mala suerte.
Si de ángeles caídos está el país, no es culpa del resto de ángeles que supieron, con trabajo y paciencia, construirse un cielo donde, entre nubes, pueden habitar o sacar una modesta renta. La responsabilidad es del gobierno. ¿Oído, Pedro Sánchez?
Tampoco es aceptable que, a veces, y solo a veces, esto ocurra porque el ocupa no tiene un trabajo para ganar su sueldo. ¿Está la culpa mucho más arriba de donde parece estar? Habitualmente, lo está. Salvo que un individuo tenga una caradura como el cemento y sus deudas no quiera pagar, solamente no abonará el alquiler si no lo puede hacer por falta de recursos. Y de quién es el problema… de nadie, solo de los gobernantes, que, con aires desabridos, creen no ser culpables del desafuero. ¡Oído, Consejo de Ministros!
Claro que, por esto y otras cosas, como que por las carreteras circulen tractores que las llenan protestando por no tener ayuda frente a otras importaciones a Europa, este presidente será recordado como el peor que hubo nunca en España. Después de Zapatero, ya es ganar el premio gordo de Petete.
Pero lo peor de esta historia es que quien posee una vivienda y la tiene ocupada, la seguirá teniendo así hasta que un juez de una justicia saturada de trabajo no le baje los humos al caradura que argumenta en su defensa tener familia e hijos. ¡Claro, como todo hijo de vecino!
¿Por qué un vecino puede ser ocupa y otro no? Esa debe de ser la pregunta del millón. ¿Hace falta vivienda barata para poner en alquiler? Pues constrúyase. Póngalas el gobierno a buen recaudo de estafadores que luego las venden o alquilan por una pasta a inquilinos, inocentes o no. Si hace falta vivienda social, los ciudadanos en general no tenemos la culpa.
¡España va viento en popa! Dice el presidente: «Es la mejor economía de Europa». Pero luego no lo parece, porque tienen que aparecer los que pagan las casas y las sopas.
Solo diré lo que decía mi padre cuando le preguntaban cuánto le costó su casa:
«Diez años de trabajo, a jornadas interminables de nueve o diez horas, sudando la gota gorda, en Santos, Brasil.«
Y es que, como decían en la película Fama: «La fama cuesta». En este caso, la casa cuesta, y aquí (en las clases de arte o trabajando para la hipoteca) es donde vais a empezar a pagar. Porque si algo está claro es que nadie regala euros a peseta.
Afortunadamente, yo pagué la hipoteca de mi casa durante treinta años. Pero hoy ya tengo la suerte de no deber nada a nadie. Como decía Richard Starkey de los Beatles:
«I’ve got to pay your dues if you want to play the blues,
and you know it don’t come easy.»
Que, traducido a nuestro idioma, viene a ser: «Tienes que pagar dinero si quieres comprar tu casa, y sabes que no es fácil, no, no, no es fácil.«
O sea, que a ahorrar y a trabajar sin parar.
Creo que así habló Zaratustra.
