
«Si se desarrolla bien la tecnología, podrá aportar muchas ventajas, también a los que padecemos artrosis. Esperemos que así sea»
Cuando a uno lo ataca una artrosis de hombros, rodillas y dedos gordos de las manos, no es que te quedes para el arrastre, es que cada movimiento que intentas hacer puede convertirse en un pequeño martirio. Sí, es verdad, hay medicamentos, pero en sus prospectos se dice que no se pueden tomar más que durante un determinado tiempo. Si se prolonga, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Así que, ¿qué hacer? Ni idea, en esas estoy por el momento. Es como estar parado en un semáforo estropeado en rojo, no puedes pasar, así que, como no tengas la precaución de haberte llevado una banqueta plegable o tengas una butaca o silla a mano, iremos como yo me diga a mí mismo. Creo que bastante mal.
No sufran por esto que hemos contado, hay una cosa peor, que es conseguir que te den cita sanitaria para encarrilar tu mal. Cita tendrás, eso sí, pero dos o tres meses después, con suerte, para ir a ver a un especialista. Si te han de operar, puede que pasen unos meses más. Según yo lo veo, pueden ocurrir varias cosas: o que haya pocos especialistas en las materias, las que sean, o que se convoquen pocas plazas de médicos, o que seamos demasiados y todos con una salud más de tercera edad que de segunda. Vamos, que ya no valemos para un plan “renove”. Si esto es así a día de hoy, año dos mil veinticinco, ¿qué no será posible dentro de treinta o cuarenta años? Tengamos en cuenta que es posible que la vida humana, según dicen, a mitad de este siglo podrá prolongarse hasta los ciento diez o ciento veinte años. Imagino que esto importará poco a la generalidad de los humanos, que están en los mejores momentos de sus vidas, por debajo de la sesentena. Pero sí será importante para los humanos que hayamos superado ya los sesenta.
Está claro que en la actualidad hay muchos profesionales que pueden trabajar hasta incluso después de los setenta, sobre todo si esas profesiones son más intelectuales que físicas. Esa es la realidad. Creativos, profesores, maestros, artistas, abogados, arquitectos, etc., pueden desde luego trabajar sin problemas realmente. No es así, sin embargo, para los profesionales que tienen que usar su cuerpo para los trabajos, operarios de cadena, servicios de atención al público y otros tantos.
Esta mañana he oído, y ha sido una revelación para mí, que ya ha salido al mercado un robot tan adaptado a la forma humana que puede hacer desde labores domésticas hasta casi cualquier otra cosa. Esto, que es así ya mismo, si el precio para comercializarlo es asequible a la mayoría, eliminaría muchos problemas. Claro, pasará como siempre: cuantas más unidades se fabriquen y se adquieran, más bajarán los precios de venta al público, pero para esto todavía habrá que esperar unos años.
Dentro de veinte años, compartir el ascensor de un inmueble con el robot del vecino del cuarto piso será algo habitual. Hace años escribí una segunda novela que titulé «Esclavo Siglo XXI«; versaba sobre la vida en un mundo en el que los robots podían sustituir a los humanos en muchos trabajos. Así, en un primer vistazo, esto estaba muy bien, pero siempre hay que contar con la perversidad de algunos seres humanos que pueden usar esas tecnologías para perjudicar o abusar de los demás. En ese sentido, habría que empezar a legislar todo ese nuevo mundo antes de que sea una realidad que pueda perjudicar a los seres humanos. Un buen punto de partida sería estudiar las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov, que desde luego son un punto de partida que habrá que tener en cuenta para ordenar el mundo en el que convivan máquinas y seres humanos.
Y por esto es por lo que empezaba diciendo que cuando a uno lo ataca una artrosis de hombros, rodillas y dedos gordos de las manos, no es que te quedes para el arrastre, es que cada movimiento que intentas hacer puede convertirse en un pequeño martirio. Sí, es verdad, hay medicamentos, pero en sus prospectos se dice que no se pueden tomar más que durante un determinado tiempo. Si se prolonga, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Así que, ¿qué hacer? Ni idea, en esas estoy por el momento. Pero, habiendo visto la noticia acerca de los robots humanoides domésticos, si se desarrolla bien esta tecnología, podrá aportar muchas ventajas, también a los que padecemos artrosis. Esperemos que así sea.
