
«Hoy desde lo alto del andamio hemos pasado de puntillas sobre cierto problema que tiene la profesión periodística. Soportarse a sí misma no debe ser fácil»
¡Así chicos, lo estáis haciendo muy bien! Eso debió pensar Sánchez al ver a sus lacayos de la prensa subvencionada mientras se aplaudían a si mismos mientras gritaban de forma desganada “señalar no es informar”. En formación de tortuga –como decía Hughes– sobre la escalinata principal del Congreso, la prensa del sanchismo experta en desinformar se reafirmaba a sí misma en presencia de cámaras y fotógrafos total para nada, pues ni en el telediario con más audiencia salieron aunque eso es lo mismo, lo importante es rendir pleitesía donde hay que estar es decir, en el puesto de trabajo y a la vera del poder ¡Pobres leones, lo que han visto sus ojos!

Y es que la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP), que publica el manifiesto son los mismos que eligieron a la terrorista condenada Mertxe Aizpurúa como la diputada que mejor relación guarda con la prensa. Entonces… ¿Qué están pidiendo? Pues que no se moleste al PSOE ni a nadie del conglomerado Frankenstein, es decir, que periodistas ajenos al régimen sean expulsados o desacreditados.

España es la franquicia en Europa del régimen chavista de Maduro como bien afirmaba doña Esperanza Aguirre en su columna semanal en The Objetive, y como allí, aquí el Número 1, tiene a la prensa bien engrasada para que le quepa por la rotativa de atrás lo que tenga que entrar, y con tal de sobrevivir, los curritos de la prensa parlamentaria defienden lo indefendible y expresan su malestar porque otros periodistas a los que no consideran colegas y compañeros, ponen en aprietos a los gobernantes y sus socios de investidura dejándolos en evidencia un día si y otro también.
Los medios de comunicación son empresas y como tal están formados por consejos de administración, donde los grupos accionariales marcan las líneas editoriales y contratan a gerentes acreditados, es decir, a periodistas o técnicos ejecutivos de la comunicación afines para favorecer la divulgación o lo dictaminado desde el poder político, para dinamitar al oponente, ergo política y el negocio ruinoso de la prensa van de la mano. En España, en función de la rentabilidad obtenida gracias a las relaciones afines al poder político dominante, o sea al PSOE, se sobrevive mas o menos aunque se genera una enorme presión a la que lógicamente están sometidos siempre, condicionándose de esta manera el objeto mismo de la profesión, de ahí la mala prensa de la prensa. Estos medios se desenvuelven a duras penas en el mercado porque la gente de izquierdas en general lee poco y los liberales “ursulinos” son cuatro gatos y a sus periodistas de cabecera ya no los dejan jugar como cuando controlaba el cotarro malamente para la libertad de prensa Soraya Sáez de Santamaría, así que como depender de la publicidad privada es una quimera, desde la llegada de Sánchez, la institucional ha herido de muerte la poca fiabilidad que le quedaba al sector a nivel deontológico. De hecho, casi todos estos medios especializados en política o están arruinados o están [archi] rescatados o soportados por el PSOE de una forma u otra (recordar los titulares en la pandemia con el “salimos mas fuertes”). Aunque sin embargo, hay que reconocer que increíblemente se desenvuelven como peces en el agua en un sistema capitalista brutal gestionado sin compasión vía subvenciones desde los despachos de Moncloa.
En esta línea, es conocido por casi todo el mundo la guerra interna que se está desarrollando por ejemplo en el grupo Prisa, donde desde Moncloa se está haciendo la cama al actual presidente no del gusto de Moncloa, total porque el CEO se niega a apostar por un canal de televisión en la TDT a imagen y semejanza de Sánchez, al que el mismo presidente del grupo mediático ha bautizado como “telepedro”. Veremos en qué acaba este sainete, aunque varios altos directivos del agrado de Sánchez puestos a dedo por él mismo empezando por su gurú Contreras, desfilaron ayer al paro por lo que si esto pasa con Prisa dueños de El País o la Ser, imagínense el miedo al poder político que padecerán el resto de periodicuchos y radios infames de esas en las que sus caras más conocidas desfilan a diario por las tertulias para dorar la píldora al líder.
Personalmente no siento nada de empatía por ellos y aunque es sabido que los politólogos no guardamos buenas relaciones con la prensa al verse esta amenazada por cualquiera que sepa escribir, es curioso que saquen la patita fuera del tiesto para mostrar públicamente su animadversión hacia compañeros de profesión en vez de para integrarlos, por el hecho de que sus medios sobreviven ajenos al reparto de las subvenciones, provocando que sus efectivos se encuentren al otro lado de la trinchera.
Hoy desde lo alto del andamio hemos pasado de puntillas sobre cierto problema que tiene la profesión periodística. Soportarse a sí misma no debe ser fácil. Ayer vimos a los firmantes y figurantes de la “performance”, además de dar pena tratando de reivindicar respeto por su profesión, también dar vergüenza ajena por su sectarismo mal intencionado y como en cada gremio cuecen habas, que no sea yo quien eche más leña al fuego sobre una profesión en mi opinión absolutamente prostituida, aunque cabría preguntarse, si queda alguna profesión que a estas alturas no lo esté.
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Feliz día de San Gabriel de la Dolorosa.
Españazuela a 27 de febrero de 2025.

