Conversaciones en el andamio. Dios salve a Donald Trump. Por Francisco Gómez Valencia.

Me van a permitir que vuelva al 31 de octubre de 2020 y transcriba para La Paseata un artículo que escribí para una cadena de radio donde colaboraba por entonces a diario.
Es curioso: Hablan de que asistimos a un nuevo cambio de era, una mutación, otro gran reseteo. Trump ha vuelto después de que le arrebataran sorprendentemente la victoria en condiciones muy sospechosas, Biden se ha largado por fin sin pena ni gloria, los mandatarios europeos hace 4 años le hacían la ola a Putin como ahora pero sin avergonzarse y en España: Sánchez ya estaba desmontando el Estado de derecho y del bienestar, la inmigración ilegal controlada desde Interior ya era un problema importante y los españoles, igual que ahora estábamos a por uvas. La iglesia, era igualmente progresista y la misma Policía que hoy protesta por el traspaso de competencias a Cataluña, ya por entonces era el chivo expiatorio del poder político.
Espero que sea de su agrado y despierte alguna conciencia.
Dios salve a Donald Trump.

«Al menos, que Dios salve a Donald Trump, el último vaquero que nos seguirá protegiendo aunque la batalla en Europa y en nuestro territorio se vaya perdiendo»

Estamos en ese momento en el que la tibieza o el calorcito del agua dentro del cazo todavía aún no nos comienza a quemar, está en ese punto agradable de dolor consentido por el calor que traspasa ciertos umbrales insoportables, bien por desconocimiento o por miedo.

Dicen muchos pensadores que es esto último, el desconocimiento, lo que provoca que el estado de alarma entre la sociedad sea inmensamente inferior al generado en los medios de comunicación provocados por nuestra clase política. Aun así es tema de conversación y quizás sea el momento de plantearse ciertas dudas razonables con respecto a si todavía, somos capaces de resistir más grados de temperatura dentro de ese hipotético cazo relleno de agua a una temperatura casi cercana a la ebullición, o sin embargo, todo es ficticio y forma parte de una entelequia sibilina y malintencionada que provoca cierto desasosiego entre una parte de la población interesada y cada vez más supuestamente radicalizada según la izquierda.

Desde los ámbitos filosóficos actuales, cada vez más se centran en este tipo de cuestiones puesto que son conscientes de que el pensamiento único es una absoluta realidad que está condicionando otras alternativas y por supuesto le está torciendo el brazo quizás, a aquellas formas de entender la vida tan razonablemente útiles durante todo el siglo XX.

Y es obvio que hay ciertos parámetros que nos están haciendo saltar distancias más largas de las normales, y ciertos cambios sociales se están vendiendo ante la sociedad a través de los medios como algo absolutamente normal, cuando hay una importantísima parte de la población que no lo entiende así. Sin embargo y como ya sabemos –porque la historia nos lo enseña– los avances tecnológicos generalmente provocan este tipo de saltos. Ya lo vimos en las diferentes fases en las que la Revolución Industrial dejo atrás a tanta gente aunque ahora, lo que se lleve es decir lo contrario tendenciosamente tratando de aunar intenciones mediante mensajes como el “Saldremos más fuertes”.

Pues bien, estamos hablando por lo tanto de un nuevo salto en la historia de la civilización y me refiero a la aceptación a medias, por una parte de la humanidad de las nuevas normas impuestas e impostadas a la denunciada cómo parte retrógrada o rancia de la sociedad moderna, qué agarrándose como a un clavo ardiendo a las estructuras católicas históricamente aceptadas, se niegan a dar ese paso.

Es la propia Iglesia la que sorprendentemente avanza junto con el globalismo dejando atrás a una gran parte de sus propios fieles los cuales siguen asistiendo sorprendidos a las argumentaciones de ciertos párrocos jóvenes y no tanto, al amparo de Su Santidad la cual les viene a decir, que esto ha cambiado. Y leen al Santo Páter decir cosas tan extrañas y absolutamente aceptadas a regañadientes como si desde la Iglesia Católica, ciertos cambios ya estuvieran asumidos. Triste momento desde luego pues la claudicación de la institución no es más que el reflejo de otras tantas que ya se han producido en los últimas décadas.

Lo que está sucediendo en España es el reflejo de la ingeniería social ejecutada por quienes ven a España como un “todo” molesto por aquello que representó, por su ejercicio de la Hispanidad como mayor ejemplo de globalización, hoy entendida como una forma abstracta y maléfica de colonización. Y parece que triunfan aquellas máximas que desarrollan quienes dándole la vuelta a las cosas por medio de repetirlas mil veces, en horario infantil, por medio de personalidades adecuadamente seleccionadas para cada público, terminan convirtiéndose en verdad y aunque resulte difícil de creer, en nuestro país avanza a buen ritmo sin pausa.

La pandemia ha sido el colorante necesario para que ese guiso tenga el aspecto extraordinariamente aceptable a los ojos de los diferentes comensales que van a degustar de una forma depravada el desastre español como civilización. Un estado de modelo medio afrancesado administrativamente estatalista. Una forma de vida, y que no les quepa la menor duda, obsoleta ante sus ojos.

Seremos cambiados, o remodelados, si es necesario puesto que el multiculturalismo avanza a marchas forzadas pero no desde un punto de vista natural que nos aporte y nos enriquezca como civilización, sino simplemente como un ejercicio sustantivo, sustancial y sustitutivo por la fuerza, cómo ya estamos viendo en innumerables poblaciones a lo largo de nuestra geografía.

¿Tiene remedio? Sí claro, pero hace falta que los dirigentes políticos se pongan a ello, cosa bastante dudosa teniendo en cuenta la clase política actual que gobierna y la que no lo hace. Opositan constantemente por el “buenísmo”, como una ideología radical instaurada incluso por aquellos que históricamente nos han representado frente a todos los que querían romper nuestros esquemas, los cuales ya están desfasados y representan a las sociedades menos avanzadas entre las cuales desgraciadamente o afortunadamente según se mire, todavía está la nuestra, salvo en deshonrosas excepciones paralegales.

Los acontecimientos sucedidos en las últimas noches no son sino el reflejo de que nuestro país no es ajeno a lo que sucede más allá de los Pirineos, quizás esos grupos radicales sean importados como sucedió en los graves acontecimientos que todos recordarán en Cataluña mientras se daba el golpe de estado. Personalmente creo que se vuelven a repetir en Barcelona, Bilbao y Burgos, como cabeza de Castilla y escapatoria o punto de conexión directo con el norte y este de España demostrándose que no es una casualidad.

Y sinceramente creo que probablemente se trate de grupos de extrema izquierda cuya única finalidad sea justificar la intervención policial en un nuevo estado parapolicial, dónde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no tienen orden de defenderse sino de huir para evitarlos, un mal menor como nos tratan de vender a la postre de lo visto en su día en Cataluña, recordando aquellas lamentables imágenes de los policías arrinconados en una esquina cubiertos con sus escudos aguantando estoicamente la lluvia de adoquines.

Es este estilo policial el que nos quieren vender viendo las imágenes reales y viendo las series de televisión que tratan sobre los antidisturbios, transmitiendo una idea falsa de estos profesionales como un grupo de “yonkis”, alcohólicos y perturbados mentales, incapaces de mantener ciertas normas vitales en el ámbito personal y familiar.

Todo esto es algo orquestado que nadie se lleve las manos a la cabeza, y no es al azar, no es casual y créame, terminaremos dando las gracias al Gobierno por mantenernos encerrados bajo toque de queda mientras los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de su nuevo Estado, se defienden retrocediendo ante las huestes de encapuchados que tratan de desestabilizar nuestras calles pacificas hasta ahora, para mancillar el honor y el trabajo del Gobierno acusando a la extrema derecha como paso previo a su ilegalización.

Casi con toda seguridad los manda, los organiza, los envía y les ordenan aterrorizarnos y mantenernos encerrados en nuestras casas, viendo por nuestras ventanas atónitos los sucesos y algarabías callejeras propias de democracias europeas asoladas por el supuesto fascismo, como ellos dicen e inventan.

Se trata de una nueva alerta antifascista dirigida en la sombra por la extrema izquierda financiada probablemente por las fuerzas ocultas que mantienen y soportan a nuestro Gobierno, con hechos consumados conocidos casi con toda seguridad por nuestros servicios de inteligencia más interesados en mantenerse que protegernos.

Ya sé que son duras mis afirmaciones pero ya lo estamos viendo en el resto de Europa donde uno que entra en una patera por Lampedusa (Italia), llega a París (Francia) de forma legal y un mes después degüella a 3 fieles cristianos que rezaban tranquilamente en una iglesia.

Lo estamos viendo, lo estamos contando, lo tenemos ya en las Islas Canarias, lo tenemos en Andalucía, lo tenemos en Murcia, lo estamos empezando a padecer en las Islas Baleares, algunas zonas de Cataluña ya están totalmente asoladas por la inmigración ilegal, con el permiso de nuestros gobernantes con una única idea y es la de sustituirnos, de cambiarnos, de acabar con nuestra moral cristiana, de arrasar nuestras costumbres españolas, de modificar nuestra forma de vida, de condicionar nuestros registros, en definitiva; de servir a quienes desde fuera nos gestionan, nos gobiernan, y nos pastorean.

Esto pinta mal y nuestra piel dentro del cazo de agua tibia, empieza a sufrir los efectos de la ebullición sin que saltemos, sin que reaccionemos, sin querer escapar de este reseteo mental al que nos vemos sometidos diariamente a través de los medios de comunicación, subvencionados por aquellos que manejan los hilos, y que de momento, parece que van ganando puesto que los reductos de la verdad cada vez son fácilmente identificables al ser cada vez menos las voces discordantes.

Quedan pocos días para que en Estados Unidos se vuelva a producir el milagro y Donald Trump de nuevo gane las elecciones y mantenga a su modo el orden mundial. Probablemente consiga un 30% de apoyo de los negros más un porcentaje altísimo entre los hispanos, además del voto cautivo habitual, lo cual demuestra que todo lo que cuentan en Europa es mentira y qué pese a todo, el último vaquero nos seguirá protegiendo aunque la batalla en Europa y en nuestro territorio se vaya perdiendo.

¡Que Dios salve a Donald Trump!

Feliz día de Santa Felicidad y Santa Perpetua.  

Reeditado en: Españazuela a 7 de marzo de 2025 para Lapaseata.net

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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