La sensibilidad ante las crisis económicas. Por Amando de Miguel

La sensibilidad ante las crisis económicas.

“Los españoles seguimos siendo insensibles a las crisis económicas; podría ser, también que afectaran a las depresiones psicológicas”

Tendríamos que disponer de una palabra para un concepto necesario: la sensibilidad ante las crisis económicas. No existe. Me refiero al conjunto de la sociedad española e, incluso, a las minorías relacionadas con el asunto: políticos, altos funcionarios, empresarios, economistas. El hecho es que, a lo largo del último siglo, los españoles hemos sufrido severas crisis económicas. Empero, no nos hemos percatado de ellas lo suficiente. Mal asunto, si se desea superar tales momentos de incertidumbre colectiva.

Hace algo más de un siglo, el Gobierno español decidió la neutralidad en la que luego se apellidó I Guerra Mundial. De momento, ese estatus de no beligerancia supuso una formidable oportunidad para comerciar con los dos bandos en lucha. La coyuntura supuso ciertos enriquecimientos espectaculares, pero acarreó una fuerte inflación y un notable deterioro del nivel de vida de las clases trabajadoras (obreros y funcionarios modestos). A ello contribuyó el azote de la epidemia de gripe de 1918 con unos 300.000 fallecidos. Esa consecuencia de un agudo malestar económico y social se vio agravada por la crisis política que significó el final del turnismo político en el poder.

En 1931, la llegada de la II República coincidió con la famosa crisis económica y financiera en los Estados Unidos de América y en el resto de los países industrializados. Los Gobiernos republicanos fueron insensibles a una coyuntura económica tan adversa. Andaban entretenidos por cuestiones de alta ideología. El resultado fue el desmoronamiento del régimen republicano y una cruenta guerra civil.

Los años 40 del pasado siglo significaron una general postración económica para el conjunto de los españoles. Fueron los “años del hambre” (ahora, diríamos “hambruna”), del racionamiento y del “estraperlo” (hoy, corrupción). El Gobierno autoritario de entonces trató de ocultar la pavorosa situación; la vistió de propaganda y triunfalismo.

En los años 70, padecimos la “crisis del petróleo”, que afectó a, casi, todo el mundo. En España, la desorientación fue enorme. Baste recordar que los expertos proclamaban, entonces, con toda seriedad, que los pozos de petróleo agotarían su producción antes del año 2000. Bien es verdad que, en esos años, España disponía, ya, de un plantel de competentes economistas. Sin embargo, la crisis económica supuso una preocupación menor, abrumados, como estábamos los españoles, por la gravísima cuestión de la transición hacia la democracia.

En las fechas que corren, otra vez nos toca apechugar con una fortísima hecatombe económica. Se ha juntado la pandemia del virus chino con la invasión de Ucrania por los rusos, el prólogo de la III Guerra Mundial.

En España, la economía con predominio turístico ha resultado, especialmente, tocada por la crisis de la demanda internacional. El Gobierno no sabe cómo atajar una inflación y una deuda pública galopantes. En este caso, la dificultad no reside en la falta de expertos en economía, públicos y privados. Los españoles seguimos siendo insensibles a las depresiones económicas; podría ser, también que afectaran a las depresiones psicológicas.

 © Amando de Miguel para la Gaceta de la Iberosfera.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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