Conversaciones en el andamio: El kit de la cuestión. Por Francisco Gómez Valencia

El kit de la cuestión.

«El discurso del galgo de Paiporta es el verdadero enemigo. Un arma de destrucción masiva que nos duerme, nos distrae y nos deja vulnerables»

Imagina la escena: estás en el Carrefour, buscando latas de atún en oferta, cuando de repente te topas con un «kit de supervivencia anti-Rusia» en la sección de chollos. Por 19,99 € te llevas una linterna de esas de rara racaque se rompe al tercer uso, una manta térmica del chino y el manual tituladoCómo sobrevivir a Putin 72 horas. Es tan absurdo que te ríes, pero al mismo tiempo te preguntas: ¿de verdad estamos en este punto? ¿Nos están preparando para un “Call of Duty en vivo o es solo otro episodio de la paranoia colectiva?

El cachondeo con estos kits no es nuevo. En redes sociales, los memes ya circulan como la pólvora: «Si Rusia invade, mi kit lleva un buen ribera y un jamón, que se rindan ellos primero«. Y no les falta razón. Porque, sin paños calientes: si algo nos define es esa capacidad de tomarnos a broma hasta el fin del mundo.

Cómo sobrevivir a Putin 72 horas.

Pero detrás de las risas hay un runrún incómodo. ¿Por qué de repente todos hablan de búnkeres, latas de conserva y pilas como si fuéramos a rodar Mad Max IV en la M-30? La respuesta está en el ambiente, en esa tensión geopolítica que nos venden a diario, y en ciertos personajes que nos tiene hasta las pelotas del tío Peloto con su verborrea interminable.

Hablemos de forma liviana del discurso soporífero que nos soltó ayer el okupa de la Moncloa: 47 minutos de palabras huecas, un zumbido constante sobre «fortalecer la seguridad«, «invertir en el futuro» y «garantizar la estabilidad». ¿Qué estabilidad pedazo de felón? ¿La de nuestras cuentas bancarias después de pagar la luz o la de nuestra paciencia escuchándote? Es un maestro del arte de no decir nada mientras dice mucho. Te trata de envolver en una nube de eufemismos y tecnicismos hasta que te rindes y apagas. Pero entre líneas, el mensaje cala en los mas tontos y como en España hay más que botellines de tercio: hay que gastar en tiritas, lejía y antivirus por no decir que hay que invertir en industria militar. ¿Nos tenemos que preparar para qué? Resulta que de repente hay que meter un huevo de pasta en algo que no se atreve a llamar por su nombre. Y mientras, los kits de supervivencia se apilan en las tiendas como si fueran la nueva tendencia de temporada.

La crítica no es solo al aburrimiento que provoca su oratoria, que ya es delito suficiente. Es a esa hipocresía de vendernos la moto de la paz mientras se frotan las manos con los fondos públicos que serán asignados para ello lo cual, apesta a manipulación y choriceo como sucedió con la pandemia. ¿De verdad necesitamos más tanques, más colegios o ambas cosas? ¿Más misiles, menos listas de espera en la sanidad o ambas cosas? ¿Y eso como se come? Pero no, él sigue con su letanía, como un cura en misa de pueblo afirmando que ambas cosas cuando todos sabemos, que es imposible. Mientras, nosotros fantaseamos con kits absurdos que incluyen un silbato para ahuyentar tanques rusos y una baraja para matar el tiempo en el refugio.

«si hay que morir, que sea con una sonrisa»

En fin, el cachondeo de los kits es nuestra válvula de escape, nuestro «si hay que morir, que sea con una sonrisa«. Pero el discurso del galgo de Paiporta, es el verdadero enemigo. Un arma de destrucción masiva que nos duerme, nos distrae y nos deja vulnerables, no a Rusia, sino a la indiferencia, pues ya aceptamos lo que nos eche. Así que, entre risas y latas de marca blanca de sardinillas picantonas en tomate, seguimos adelante, porque si algo sabemos hacer en Españazuela es sobrevivir… aunque sea a base de humor desarrollando buenos memes.

Por cierto que se me olvidaba, que ahora  también dicen que necesitamos urgentemente otro nuevo kit de emergencias a sumar al de la guerra con Rusia, esta vez para protegernos de las lluvias torrenciales: Paraguas (optativo), katiuskas, chubasquero plastiquero, un buen mocho por si aparece Sánchez, caldo de pollo del que anuncia el Arguiñano, radio de pilas conectada a la maquina del fango (RNE), pilas para la radio (optativo), las 3 en raya, linterna, guía de puntos morados por si te cruzas con un moruno salidillo y otra de zonas WiFi (pública a ser posible) para compartir la experiencia traumática por las redes sociales mientras hacemos de reporteros, ¡Aaaaah, y a Carolina, Jessica, Andrea y Claudia! De momento.

Ahí lo dejo.

Feliz día de San Ruperto de Worms.

Españazuela a 27 de marzo de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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