Entre aranceles, préstamos y la incertidumbre laboral. Por Rodolfo Arévalo

Entre aranceles, préstamos y la incertidumbre laboral.

«Temo por el mundo laboral que les vamos a dejar a nuestros hijos, por muy esforzados y hormiguitas que sean»

Al parecer, hay una buena zapatiesta entre países por los aranceles comerciales. Y eso que suponemos que Zapatero no está metido en este nuevo lío, aunque ¡vaya usted a saber! Las zapatiestas siempre fueron zapateriles. Sabemos tan pocas cosas de la realidad que cualquier mala pesadilla será incluso mejor. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Ellos se lo pierden, porque hay países, como por ejemplo España, sin ir más lejos, en los que la generalidad del personal viviente, que no pensante ni lector, no puede estirar ya mucho más su monedero, salvo que algún ¿buen samaritano, no de Samaria, sino bancario?, le otorgue un préstamo a pagar en felices plazos de mendicidad con intereses.

Yo soy uno de esos agraciados por la fortuna a la que el banco aún fía, porque soy un paganini de categoría, no tocando el violín, pero sí pagando cuotas de pringado. Prefiero pagar, hasta en el quiosco de prensa, un mísero euro que deber algo a alguien. Las cuotas de un préstamo las puedo pagar por tener una pensión en condiciones, que es algo que nunca podré agradecer bastante a mi antigua empresa, aunque creo que, a lo largo de treinta años, fui tan productivo que me lo gané. Nunca dije no a un programa, aunque fuera de lo peor que se ofreciera. Ya sabemos que los grandes programas, como «El Precio Justo«, en el que pasé dos años, solo se te otorgan si vas acompañado de alguna recomendación venida de gente a la que se tiene en cuenta, profesional y políticamente, esto segundo por desgracia, porque no debería ser así. Pero ¿qué le vamos a hacer en un país en el que la «titulitis» y la politiquería es pasaporte? El buen hacer, trabajo y aptitud, en general, solo sirven para eso, para que te concedan un crédito, después de comprobar que lo puedes pagar, claro. Si no es así, no hay «tutía», o sea, una pomada medieval que se usaba como remedio para cualquier herida. Venía un tipo con una herida y le administraban la tutía; si no se curaba, es que no había tutía para ese problema, de ahí lo de «no hay tutía». Hoy en día debe de haber muy poca tutía o la deben tener algunos muy bien guardada en el banco de remedios físicos y mentales.

La verdad es que temo por el mundo laboral que les vamos a dejar a nuestros hijos, por muy esforzados y hormiguitas que sean. Como siempre, el mundo es de los grandes depredadores, pero cuando estos ven que los pequeños se arman hasta los dientes y salen en desbandada a la calle es cuando se atan los machos, por si las moscas. No sabemos muy bien, ni se ha estudiado, qué tipo de mosca: la tsé-tsé, la mosca de la fruta, la del vinagre o la mosca cojonera que no da tregua hasta que la matas.

Es por esto que a mí lo agrario, salvo para comer, no me gusta, porque en la naturaleza hay moscas, o volantes «flies», como dicen los angloparlantes, que no parlanchines, rodean siempre ese mundo que nos alimenta. Aprovecho para agradecer su trabajo a quienes nos suministran esos bienes alimenticios. Desde luego, a estos, los productores de base, está claro que no les llegan los beneficios de los aranceles; por eso casi siempre se llevan un trumpazo de categoría, porque, claro, como siempre, esos caen en manos de los intermediarios. Que digo yo que si la producción marroquí pasa por aquí, que no por Alá, pero sí con su ayuda, debería pagar un plus porque la dejáramos pasar por el territorio español. Esto en tiempos del Cid Campeador no hubiera ocurrido; como mucho, esos productos hubieran llegado a la Extremadura, ni un metro más. Quizás se habrían convertido en pinchos morunos para solaz de combatientes. La Extremadura era la frontera entre los territorios musulmanes y los católicos. Hoy pasa un poco lo mismo pero económicamente, que no quiere decir la economía que pasa por la mente de los economistas, pero sí la «jartá» de euros que debemos pagar para alimentar esos cuerpos que Dios o Alá, ¡vayamos a saber!, nos ha dado.

Y quizás, tal vez, sea por todo esto que tengo el día «revirado». Todo me resulta malo e insultante, pero no sé si es porque es así o porque las sociedades actuales son un poco más morales para nuestra desgracia o gracia; de esto habla Pablo Malo en su libro «Los peligros de la moralidad» y por qué la moral es una amenaza para las sociedades del siglo XXI. Yo todavía no lo sé, pero dado que todo, hasta fuera del campo científico, es relativo, mi desconcierto es cada vez mayor. Por eso a veces apelo a los dioses, Tutatis en primer lugar, para que se disipen mis lagunas, que no son las de Ruidera, pero sí tan abundantes. ¡Ah!, y que conste que no quiero que esto sea gracioso o irónico, solo quiero que no se me entienda del todo, no vaya a ser que algún tortazo se escape en mi dirección. Por otra parte, esto estaría bien, dado que implicaría que se me ha leído, cosa que muchas veces pongo en duda bastante. ¡Adelante, Sevilla, y olé Torre del Oro…!

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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