Dejo sangre en el papel. Por Julio Moreno López

Dejo sangre en el papel.

 

Dejo sangre en el papel, y todo lo que escribo al día siguiente rompería, si no fuera porque creo en ti”. (Víctor Manuel). 

 Vivimos tiempos distópicos. Este siglo XXI de la explosión tecnológica, de la información, o la desinformación, como mantra; este torrente imparable de estímulos digitales, esta imposibilidad de desaparecer aunque estemos al otro lado del mundo, obliga a un permanente estado de tensión, para no desintegrarnos de la matriz, de la red satelital en la que se ha convertido nuestra existencia. 

 

Hasta ahora, uno de los últimos reductos de paz para aquellos que nacemos y morimos pisando el asfalto, al menos en mi caso, era la literatura. Esa sensación de tener en las manos ese derivado de la madera que es el papel; ese tacto, ese olor, el peso del libro en la mano, me recordaba que aún hay momentos en que la tecnología no es imprescindible para entretenerse, para informase, para adquirir conocimiento. 

 

Pero, como todo lo que representa el mundo donde nació mi generación, finalmente la literatura también se encuentra al borde del abismo, ese abismo por donde cae todo lo que en su día representó la cultura, la educación y el saber, empujado por un torrente de progreso digital, en esta tierra plana en la que habita la desidia y la incultura, o más bien la neo cultura, que reniega del mérito y del esfuerzo en pro de una eficacia vacía y obscena. 

 

Digo la literatura y digo bien. No solo el soporte físico, que se está viendo extinguido a favor de los impersonales dispositivos electrónicos, como este, en el que ahora está leyendo usted, sino la esencia misma de la creación literaria, del desempeño de aquellos para los que la palabra era la herramienta para crear algo bello, provistos, deseablemente, de la capacidad y el cultivo necesarios para desempeñar tal labor, igual que un pintor usa la pintura para crear belleza, asombro o dolor. 

 

No soy, créanme, alguien proclive a la queja; nada me produce más rechazo que la autocompasión. Pero no es menos cierto que la deriva de lo que denominamos erróneamente Inteligencia Artificial me está llevando, como a todo un colectivo, a una decepción, a una angustia constante de que la vacuidad del ser humano del siglo XXI se deje vender la moto y acepte, de buen grado, que las creaciones artísticas o literarias creadas por estos algoritmos abisales tenga el valor de lo creado por la brillantez humana. 

 

Es mentira. Todo es mentira. Una Inteligencia Artificial, un algoritmo, creado por un programador, no puede sentir amor, no puede sentir miedo, melancolía o tristeza. Un puñetero robot, bajo la forma que sea, no siente la inspiración; no es visitado por los hados y las musas, en esas noches de insomnio en las que la única forma de canalizar la angustia es pintar, es componer, es escribir, como vehículo para contarle al mundo aquello que llevas dentro, dejando tu impronta en cada pincelada, en cada nota, en cada línea; impregnando, para siempre, ese papel de tu alma en el interlineado del texto, para quien quiera y sepa encontrarla; para que, cuando estemos muertos, alguien coja ese libro y conozca y comprenda a su autor. Para que sigamos vivos cuando ya no quede en esta tierra nadie que pueda recordarnos. 

 

Así pues, sea bienvenida esa tecnología en el terreno industrial, en el económico, en el sanitario incluso, pero no rindamos nuestras armas, no hinquemos la rodilla, no atribuyamos a las máquinas cualidades que, para bien o para mal, son lo único que nos hace humanos. 

 

Y cada verso, es un jirón de piel. Soy un corazón tendido al sol”. (Víctor Manuel). 

 

@socivil_jm 

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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