Un ejemplo de españolidad y de hispanidad: Comprendiendo un sentimiento. Por José Crespo

Un ejemplo de españolidad y de hispanidad. Detalle de cuadro «La victoria de Nördlingen» de Cornelis Schut.

«Desde hace demasiado tiempo padecemos no solo la fragmentación sino más bien la apropiación y secuestro de nuestra Historia»

Desde hace demasiado tiempo padecemos no solo la fragmentación sino más bien la apropiación y secuestro de nuestra Historia a manos tanto de separatistas como de naciones hermanas que reniegan de su propio origen hispánico.

Cuando se nombra a un personaje, además de no citar su españolidad, solo se menciona su patria chica su ciudad o región de nacimiento. Lo vemos en el almirante Cristóbal Colón como si genovés fuera su condición y Génova hubiera sido el origen del Descubrimiento de América, un sencillo botánico como Mociño, participante en las expediciones a la costa Noroeste de América, sea mencionado exclusivamente como mejicano e igualmente el capitán de navío Quadra y Bodega navegante en esas mismas expediciones y tratado solo como peruano. El navegante Rodríguez Cabrillo, descubridor de la bahía de San Diego, considerado como portugués por un error de un cronista como fue Antonio de Herrera y Tordesillas, el padre Kino expuesto exclusivamente como austroitaliano. O hablar como si de catalanes se tratase en la defensa de Budapest en 1686. Todos ellos que vivieron, trabajaron o murieron a la sombra y amparo de la bandera de las aspas de Borgoña.

El padre Kino

O venir ahora a decir que Fernando de Magallanes era portugués cuando se naturalizó castellano, creó un mayorazgo en Castilla, modificó su nombre y apellido, Fernão de Magalhães, y fue investido como comendador de la Orden de Santiago con los cargos de almirante y capitán general ¿Acaso los participantes en la expedición de Magallanes tuvieran su origen en Inglaterra, Noruega, Portugal o la península itálica no actuaron como españoles?

He escrito diversos artículos sobre la circunnavegación y mantengo la definición de esta empresa no como un hecho ibérico, ni mucho menos como una colaboración entre las coronas de España y Portugal, o como una operación conjunta de carácter europeo, más bien lo contrario, sino como un hecho imperial protagonizado por España. En contra de las connotaciones negativas del término imperialista, hemos de subrayar que fue una empresa imperial liderada por España, en el sentido de integradora, pues participaron en pie de igualdad hombres de los territorios ibéricos y de otros europeos ligados o no a la monarquía española, algo a dejar claro frente a ignorancias o tergiversaciones de la historia. Elcano culminó la primera vuelta al mundo a pesar del obstruccionismo del rey de Portugal dejando claro que se trató de una empresa española de principio al fin, por tecnología, financiación e iniciativa.

No es el ánimo de estas palabras entrar y arañar sobre antiguas y emponzoñadas polémicas creadas en torno a la exploración, poblamiento y asentamiento español, tanto en América como en el Pacífico, ni crear una leyenda rosa sino dejar claros los errores e interpretaciones interesadas sobre la exploración y colonización española buscando un justo equilibrio y juicio imparcial además de subrayar la existencia desde el principio de una profunda preocupación científica que generó una serie de aportaciones españolas en materia de Ciencia que ayudaron al desarrollo de la Cartografía y la Cosmografía entre otras. Por ello no debemos caer en el mismo error de descalificar de forma genérica a todos los participantes en las acciones inglesa, francesa, holandesa o alemana a lo largo del mundo aunque sí poner de manifiesto que la “misión general” de evangelización encargada por el Papa a la Monarquía Hispánica, reflejada en los dos inmensos tomos de Bularios custodiados en el Archivo General de Indias en Sevilla señalan el rasgo principal de lo que fue la colonización española.

El Cardenal- Infante en la batalla de Nördlingen de Jan van den Hoecke.

Me gusta citar como emotivo ejemplo la batalla de Nördlingen y el patriotismo del coronel, oberst, Erhard Clemens Würmser von Fendenheim, lugar donde con la pica clavada en tierra, miles de mosqueteros en línea y a la sombra de decenas de banderas ornamentadas con la cruz de Borgoña, combatieron las tropas españolas sobre la loma de Albuch un día de 1634 frente a miles de soldados protestantes junto a la ciudad alemana de ese nombre, tras una ejemplar marcha desde Italia atravesando los Alpes por el tradicional Camino Español. Del 5 al 6 de septiembre de 1634 se produce la victoria de las tropas imperiales de Matthias Gallas, y españolas del Cardenal-Infante Fernando de Austria sobre las suecas de Gustaf Horn y Bernardo de Sajonia-Weimar, lo que supuso el final del dominio de Suecia en el sur de Alemania.

Aunque los suecos tomaron la iniciativa fue la feroz defensa que los tercios realizaron en la colina rechazando quince cargas de los regimientos suecos, durante siete interminables horas, a golpe de pica, mosquete y arcabuz lo que permitió la victoria pues el tercio de Idiáquez asemejaba un muro sobre el que se estrellaba el oleaje enemigo sin obtener resultado alguno. Muro cuajado de veteranos, muchos de ellos capitanes, alféreces y sargentos mayores sin unidad, que junto con nobles y caballeros de las órdenes militares, todos ellos como simples soldados, se agolpaban en las primeras hileras del tercio infundiendo a toda la tropa, tanto reclutas como veteranos, un arrojo y voluntad de vencer que en ningún momento pudieron desgastar y menos romper los suecos.

El muro de los Tercios.

Hubo españoles valerosos de gran pericia como los tenientes de campo Pedro de León, Juan de Padilla y Tiberio Brancacio. La caballería la mandaba Felipe de Spínola, sin olvidar al conde Juan de Cervellón con la artillería. Pero hay que ser justos y mencionar el orgullo de hombres que allí perdieron la vida como el coronel Würmser que  habiendo ocupado la colina pensó que se le iba a reemplazar por Idiáquez perdiendo la primera y arriesgada línea de vanguardia, por lo que se negó en redondo aduciendo que llevaba sirviendo a los reyes de España 30 años y que tan español como los demás no toleraría sufrir tal pérdida de honra y que solo si se lo ordenaba el Cardenal-Infante retiraría su regimiento pero que él permanecería en aquel lugar sin retirarse pica en mano como un soldado más en las filas del tercio de Idiáquez, finalmente se mantuvo a la unidad tudesca en su puesto y su coronel con el regimiento de Otto Ludwig Salm entregaron allí su vida y salud.

La secuencia heroica fue así: el marqués de Leganés, don Diego Mexía de Guzmán, ordenó al sargento mayor Francisco de Escobar, que con doscientos mosqueteros del tercio del conde de Fuenclara ocupase la arboleda de Hesselberg, «y lo defendiese hasta morir» y así lo hicieron, guarneciendo por detrás con otras fuerzas la colina de Albuch. También ordenó, que marchase a ocupar aquella colina el tercio de infantería española de don Martín de Idiáquezrelevando al regimiento bávaro del coronel Würmser, de cuya solidez se desconfiaba, porque, aunque los paisanos alemanes tenían mayor facilidad que otros ningunos para organizarse militarmente, sus regimientos recién reclutados nunca se podían comparar con los veteranos, en especial con los españoles.

Würmser contestó al teniente de maestre de campo general don Pedro Villamor, el mismo de Rocroy, que a nombre del Cardenal-Infante le llevó la orden «que iba para treinta años que por su persona servía al rey de España, y la honra por tales servicios ganada no era cosa de que con dejarse sacar de allí la perdiese». Insistiendo con él, sin embargo, para que no comprometiese el puesto, cedería a que por último por disciplina retiraría el tercio, pero quedándose a pelear él con una pica, según se acostumbraba en casos de honor. Por respeto al de aquel valiente veterano, concertaron a ello el Cardenal-Infante y Leganés con Idiáquez que se quedase éste allí tan sólo para sostener en caso de necesidad a los alemanes, y unos y otros satisfechos, permanecieron a un tiempo sobre la colina, pero detrás los españoles. Apoyado siempre sobre ella, extendió en el ínterin el ejército español su infantería en primera línea y su caballería en segunda, con una parte de la imperial como reserva. Así esperó, hasta que al amanecer del 6 de septiembre se empeñó la batalla. Tal como había Leganés previsto, no pudieron resistir éstos el tremendo choque de los suecos, y se desbandaron, no sin que el viejo Würmser dejase allí la vida, y su compañero Salm, tan español como él, cayese herido, y muriendo en Speyer al mes siguiente el día 16 de octubre. Aquel era el instante esperado por don Martín de Idiáquez y su tercio para echarse adelante, ocupando la primera línea que se les disputara.

Esa es la historia del ejemplo de españolidad hasta la entrega de la propia vida. Este es el meollo de la cuestión, como si se reclamara el legado del capitán de navío Alejandro Malaspina o del glorioso general Ambrosio de Espínola desde Italia, el de Juan de Fuca desde Grecia, el de Antonio Gaudí, de Ramón Folch de Cardona, del virrey Amat y Junyent, de Luis de Requesens o del tortosino capitán Pedro Alberni, del fuerte de San Miguel de Nootka, como símbolos de la catalanidad separatista, o la pléyade de misioneros y exploradores vascos y navarros, Miguel de Legazpi, Juan Sebastián de Elcano, Domingo Boenechea y un infinito etcétera como bandera eusquérica, o se pusiera en duda la españolidad del limeño Juan Francisco de la Bodega y Quadra reclamándolo en su persona y legado como peruano, o el botánico José María Mociño como mexicano. Sin olvidarnos de Estebanico, compañero en la odisea de Cabeza de Vaca, hoy reclamado como héroe islámico por la comunidad musulmana de Nevada en los EEUU de América.

Llevamos demasiado tiempo cometiendo un grave error de concepto pues nos hemos acostumbrado a pensar en la realidad de nuestra nación de acuerdo a unos criterios y parámetros cortos y limitados, empleados tanto por los usuarios y consumidores de la leyenda negra como por los nacionalismos aldeanos, de cuando la España del siglo XIX se convierte en una realidad más bien provinciana, algo que hasta aquel momento de declive nunca había sido.

Las Lanzas de Velázquez

Julián Marías pone el ejemplo en la contemplación de la pintura de Las Lanzas de Velázquez, donde se encuentran hispanoportugueses como Carlos Coloma de Sáa que llegaría a ser maestre general de los Países Bajos, haciéndonos la pregunta sobre quiénes son aquellos ilustres personajes que allí aparecen; el vencido, Justino de Nassau que ofrece las llaves al general vencedor; si nos preguntamos de quién se trata, muchos dirán que es el italiano Ambrosio de Espínola, un italiano al servicio de España y ese… es ese el grave error de concepto que hay que reparar con todos esos olvidados pues se trata de algo radicalmente distinto… era un español de Italia, como los napolitanos Francisco Fernando de Ávalos, marqués de Pescara y el marqués del Vasto, al igual que Quadra y Bodega era un español de Lima, como el también limeño Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui, ambos dos españoles de Perú; españoles de Méjico como el botánico Mociño, españoles de Buenos Aires, españoles de Manila, españoles de Oviedo, españoles de Cantabria, españoles de Sevilla, españoles de Zumárraga o españoles de la gerundense Creixell, como el sexagenario héroe Dalmau de Creixell héroe de las Navas de Tolosa líder de la caballería aragonesa, capitaneando a Pallars, Cardonas, Moncadas y Rocabertísquien perdió la vida abriendo la brecha por la que entró el rey de Navarra hasta el puesto de mando del califa, o sencillos españoles del norte de África como Estebanico compañero de Cabeza de Vaca y luego guía de fray Marcos de Niza hacia Cíbola, esa es la cuestión.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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