Los contextualizados. Por Diego Pardos

Los contextualizados. «Las que tienen que servir». En Fotogramas.

«Europeizar, homologar, resignificar, revisar y contextualizar… ¡Qué haríamos sin tan salvíficos y bonitos verbos!»

 Gracias al gobierno socialista de Felipe González, mediados los años ochenta del pasado siglo, por fin fuimos europeizados convenientemente. Esa España casposa en vías de desarrollo modernizó por consiguiente su industria, su pesca, su agricultura… y homologó con Europa los impuestos, tan necesarios para sanidad y educación. Ahora, cuarenta años más tarde y con un Ejecutivo análogo, nos enteramos de que vamos a ser resignificados desde el Valle de los Caídos, lo cual no es novedad, viene ya con retraso (entérese el señor ministro de Justicia), porque ha sido grande el cambio desde que la Iglesia de monseñor Guerra Campos diera paso a la resignificación pastoral que monseñor Cobo abandera. No sabemos cuánto tardará en llegar asimismo otra resignificación (la islámica), pero en el mientras tanto la basílica de Cuelgamuros está en proceso de reformas, abriendo tumbas y expulsando priores. 

 

Como también lo está el veterano programa de Televisión Española “Cine de Barrio”, presentado por Inés Ballester, que “contextualizará las películas en la época en la que se rodaron”, según nota emitida por el ente público. Como tengo poca paciencia y no estoy para inútiles esperas he tratado de averiguar en qué consiste esta novedad. Ya Rebeca Argudo había adelantado en su columna del diecisiete de abril en el ABC que al principio de “Vente a Alemania, Pepe” es muy probable que se inserte la siguiente advertencia: “Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendidas en el contexto social de dicha época”. Total, que con este afán por saber, me he lanzado a revisar una de las últimas emisiones comprobando que la frase no aparece, pese a que el filme se las trae. Se ve que todavía no se han puesto manos a la obra en RTVE. ¡Como si eso hiciera falta! 

 

Las que tienen que servir” es una curiosa comedia de 1967 basada en una obra de Alfonso Paso y dirigida por José María Forqué. Se emitió, si no he mirado mal, el quince de marzo y como es costumbre, tras una presentación y debate entre la señora Ballester, Carlos Barea (activista cultural), Benita Maestro Joao (vidente) y Rappel (modista y vidente). Me pareció muy interesante lo que dijeron “contextualizando” la película en los años de la llegada de los americanos a la base militar de Torrejón y el contraste de éstos con los rudos y subdesarrollados españoles. Que eran machistas a más no poder (nos lo recordaron) y pegaban a sus mujeres (la escena con Florinda Chico). Ese comportamiento lo hacen extensivo a los hijos de Washington, que para entonces se ve que ya eran trumpistas y consideraban a las sirvientas de la casa como un objeto sexual. 

Las que tienen que servir” fue televisada también el 3 de junio de 2023, y en esa ocasión el programa estuvo dirigido por Alaska y comentada la cinta por el dramaturgo José Sanchis Sinisterra y la actriz María Adánez. Diagnóstico de antiamericanismo y más finezza que en el resignificado Cine de Barrio, dónde va a parar. Pero el espectador medio no precisa de muchas luces para notar que la propia historia ya estaba “contextualizada” de serie en esa España del desarrollismo franquista. Todos los hombres que aparecen (y vaya actores: Landa, Gómez Bur, Sazatornil…) son unos patanes, unos brutos, unos sandios. Y sin embargo las criadas (protagonistas femeninas) quedan muy bien paradas, pues (además de guapas, como lo eran  y Concha Velasco) son inteligentes, resueltas y modernas (con un perfil más actual que los personajes masculinos, como bien decía Sanchis). Capaces de dejar en ridículo al ejemplar de macho ibérico (que tiene su parte no pequeña de ternura) y no digamos a los ciudadanos norteamericanos. La escena del bofetón que la Soler le endiña al personaje interpretado por Álvaro de Luna (tras unos fotogramas de suspense al quitarse los guantes) es gloriosa. Le gustaría a la Montero ver hoy semejante muestra de “empoderamiento” femenino… Claro que se trataba tan sólo de una ficción improbable, no se indigne doña Irene. 

 

Cuando Francisca le echa en cara a su amiga que pretenda que su novio se ponga un delantal para fregar los cubiertos (“eso no, Juana, que es un hombre”), se puede ver en ello una sutil ironía y en la escena toda una justa denuncia y una rebeldía (por no hablar del meneo que se lleva Alfredo Landa, abrazado luego al porrón). Pero ha tenido que llegar Sánchez a la presidencia de RTVE (José Pablo López Sánchez, puntualizo) con su contextualización, para hacernos ver lo tontas que eran las que tienen que servir y lo listas y listos que son ellos y ellas en 2025, dando además ejemplo de tostón (digo de feminismo) resiliente desde sus múltiples y muy entretenidos programas. 

 

Europeizar, homologar, resignificar, revisar y contextualizar… ¡Qué haríamos sin tan salvíficos y bonitos verbos! Lástima que en Paradores de Turismo no terminen de entenderlo. Aunque los dirija Sánchez… Raquel Sánchez. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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