
«Como buen ignorante, se recrea en su suerte demostrando que no sabe lo que dice ni le preocupa lo más mínimo, ya que sabe que habla para una masa de borregos»
Mucho se ha escrito ya sobre el apagón que “jamás iba a ocurrir”, por lo que corro el riesgo de no ser original. Pese a ello, voy a hacer el intento de compartir alguna reflexión que puede que a alguno le resulte más menos novedosa o interesante. No sé si lo conseguiré.
Supongo que todo el mundo ha visto esas recuperaciones de la hemeroteca, que siempre está ahí, en las que el mayor felón ya de la Historia de España decía en el Senado, allá por 2022, esto: “No va a haber ni apagones de electricidad ni racionamiento de bombonas de butano ni ninguna de esas escenas apocalípticas que evocan en muchas ocasiones la bancada de la derecha y la ultraderecha, junto con los medios de comunicación que jalean esas noticias y esos mensajes”. También se recuperó una declaración similar que su elegida a dedo para presidir el “cable conductor de la energía”, como definía un técnico a la participada Red Eléctrica de España (REDESA), dentro del grupo REDEIA, de mayor alcance aún. Labor que ejerce, por cierto, en el más absoluto monopolio, porque su mayor accionista, con el 20%, es la SEPI –Sociedad Estatal de Participaciones Industriales–, que quita y pone presidentes –que le pregunten a Jordi Sevilla, otro exministro que, por lo menos, sabía de números–, seguido ahora por Amancio Ortega, con algo menos del 4%, después de que el Fondo Black Rock haya disminuido su participación tras el apagón imposible.

En este caso hablamos de una casi desconocida Beatriz Corredor, y ministra de Vivienda con el valedor de la izquierda universal José Luis Rodríguez Zapatero, histórica socialista que coincidió con su “elector” Sánchez como concejal del ayuntamiento de Madrid (2007-08), de donde parece venir una amistad que culminó con los 546.000 € de sueldo –20.000 € netos al mes, prebendas aparte– que se lleva la susodicha, que de energía, eléctrica o no, sólo debe conocer el enchufe que le ha otorgado ese privilegio, desde el que algunas malas lenguas dicen que quiso hacerle un regalo a su patrón forzando en el mix eléctrico el fatídico día 28 de abril la cuota de las renovables que tanto gustan a los rojos sandía –ya saben, verdes por fuera y rojos por dentro–.
Todavía antes que su jefe, 4 de noviembre de 2021, esta señora –registradora de la propiedad, como Mariano Rajoy, pero con principios más cuestionables, o sea, “experta” en energía– se mostraba contundente, en esa línea, ante una entregada Susanna Grisso que, al hilo de un incidente parecido que había sucedido en Austria por aquellos días, le preguntaba si en España el riesgo era real: “En España no desde luego, en España tenemos un sistema eléctrico, yo diría que el mejor del mundo y no es falso patriotismo. El sistema eléctrico español es el más de los más seguros, los más evolucionados y de los que tienen unas componentes más avanzados –la concordancia denota seguridad–. Por tanto, yo, lo primero que diría a todo el mundo, es, tranquilo, que no cambie sus hábitos de vida, que en España no puede pasar. Tenemos además muchísimas tecnologías distintas para poder garantizar el suministro eléctrico, no dependemos de una sola tecnología, cuanto más diversificado más seguro y más difícil que se produjera una incidencia”.
Pues ya ven, tal para cual y, como prueba de que la transparencia no debe formar parte del ideario socialcomunista, ambos tardaron en dar la cara, porque lo de ser valientes y responsables tampoco está en ese ideario ideológico y sectario que los guía. El primero estuvo unas seis horas silente, para comparecer después sin periodistas, para no decir nada y repetir su comparecencia inerte casi doce horas más tarde, sin aclarar mucho más que “no descartar ninguna hipótesis” después de dejar caer la posibilidad del ciberataque, que le hubiera solucionado su evidente incompetencia. La suya, y la de sus elegidos para gestionar lo que no saben.
Mensajes que se encargaba de difundir su emisora amiga, la Cadena SER, en los mismos términos: “El miedo a un gran fundido, el miedo a un gran apagón, es un miedo infundado, es un gran bulo. España no tiene riesgo de apagón ni por capacidad ni por generación ni por distribución, absolutamente nada apunta en esa dirección”.
Pero el colmo de la desfachatez fueron las comparecencias posteriores de ambos, uno, veinticuatro horas después, y la otra cuarenta y ocho, que había que dejar que el jefe elector lo hiciera antes, por si acaso. Los dos volvieron a descartar la autocrítica, como viene siendo habitual en esta gentuza que nos desgobierna desde hace ya casi siete años. El primero lo hizo cargando contra los operadores privados: «Evidentemente vamos a exigir las responsabilidades pertinentes a todos los operadores privados. Insisto, vamos a exigir todas las responsabilidades pertinentes a los operadores privados» y, en un alarde más de ignorancia, acreditada desde su plagiada tesis no leída, arremetió contra la energía nuclear, su monstruo a batir, de esta forma: «Quienes están vinculando este incidente a la falta de nucleares, o mienten o muestran su ignorancia. La recuperación ha sido gracias a la interconexión con Francia y Marruecos y a los ciclos combinados». Ignorando al parecer que tanto un vecino como el otro tienen centrales nucleares.

Y como buen ignorante, se recrea en su suerte demostrando que no sabe lo que dice ni le preocupa lo más mínimo, ya que sabe que habla para una masa de borregos, que no saben mucho más y le compran lo que diga el amado “Ldle”: «Las nucleares, lejos de ser una solución, han sido un problema, porque, al estar apagadas, ha sido necesario desviar grandes cantidades de energía para mantener los ciclos estables. Había generación nuclear funcionando justo antes de la caída del sistema y se desconectó justo antes como el resto, no fue más resiliente. El proceso de reposición de esas centrales nucleares todavía no se ha resuelto».
Me pregunto si entre los ochocientos asesores o más, que tiene, no habrá alguno que sepa algo del tema. Y pese a que siempre tengo presente una frase de un viejo profesor de Física y Química, don Saturnino Liso, en aquel curso cuarto de Bachillerato del no menos antiguo Bachiller Elemental, el de la primera reválida que había que pasar para llegar a algo, académicamente hablando, que nos decía así: “Enseñar al que no sabe es obra de caridad; enseñar al que no quiere es una barbaridad (esto ya subido de tono)”, me permito adjuntar un artículo sobre la denostada energía nuclear, que tal vez le llegue a alguno de esos sabios de la izquierda. Y demos gracias a que los denostados y mal llamados “combustibles fósiles”, mantuvieron los grupos electrógenos de los hospitales, que, de no contar con ellos, la tragedia hubiera sido de proporciones incalculables.
No deja de sorprender que un ingeniero de nombre Fernando Ley, al que antes aludía, alertaba en marzo pasado, hace poco más de un mes, en el Congreso, de este riesgo de apagón que conlleva la controvertida transformación energética que pretende la corte siniestra, o sea, de la izquierda, que habría que analizar su cercanía de esa acepción 6ª de nuestro DRAE: «Propensión o inclinación a lo malo». Decía entonces el Sr. Ley: “Hay que evolucionar, claro. A final, la energía en España la mueve un cable, y ese cable se llama Red Eléctrica Española y no se olviden de ella que es lo que va a regular que esa industria crezca. La semana pasada hubo en Chile un cero energético, quiere decir que ni las centrales eléctricas producen energía y causó el caos durante 16 horas. Es un aviso, Red Eléctrica Española, en España, es un ejemplo, a nosotros no se nos ha ido la luz en los últimos 40 o 30 años, pero no está preparada y no lo digo yo, lo dicen los señores que generan la electricidad en este país, que no está preparada para cómo quieren hacer esta transformación, que es necesaria, claro, pero no de esta manera”.
Termino, comentando la que fue mi primera impresión sobre el apagón, que me sobrevino de viaje, afortunadamente con el depósito de gasolina lleno, lo que me libró de engrosar las largas colas de conductores que esperaban pacientes en las estaciones de servicios la vuelta de la corriente eléctrica, nada “corriente” en esos momentos. No sé por qué, llámenme conspiranoico si quieren, pero me vino a la cabeza la manipulación de la “plandemia” y si no sería esto un nuevo experimento para domesticar al rebaño, sobre todo después de que hace poco más de un mes, aquella otra “intelectual” europea, la comisaria de igualdad, preparación y gestión de crisis, Hadja Lahbib, nos recomendara entre risas preparar el kit de supervivencia, transistor y linterna incluidos. Me tranquilicé cuando un par de días después escuchaba al coronel Baños estas palabras en el programa de Iker Jiménez, Horizonte: “Además, muchas veces, el ataque no se realiza contra ese país. En realidad, se realiza contra el país, pero es un experimento para ver cómo pueden reaccionar países similares, con las mismas capacidades, cuando de verdad se quiera realizar el ataque grande. No olvidemos que, en el marco de la guerra electrónica, que hoy en día es fundamental, parte esencial del campo de batalla, hay muchas maneras de actuar para producir exactamente el mismo efecto. Estamos hablando del pulso electromagnético, estamos hablando de las bombas de grafito, estamos hablando de bombas de microondas. Es que esto existe, es que esto se ha probado en combate, se ha probado por parte de Estados Unidos en Irak, en Kosobo, es decir esto está absolutamente probado. ¿Qué sentido tendría esto en España? A lo mejor no es solamente por España, a lo mejor, porque oye aquí hemos vuelto a la normalidad gracias a Dios, ¿y si esto ha sido simplemente un experimento para ver cómo otro país, en Europa, podría reaccionar de la misma manera y cuál es la reacción, no solo de España sino del conjunto de Europa, para prepararte mejor para un ataque mayor?”.
Termino con algo que le escuchaba a un técnico, especialista en energías renovables, que de todo hay en la viña del Señor, que parafraseaba una frase atribuida a Georges Clemenceau, sobre la guerra: “La energía es demasiado bonita como para dejarla en manos de los políticos” –parece que el que fuera primer ministro francés en el primer cuarto del Siglo XX utilizaba “guerra” y “militares” en lugar de “energía” y “políticos–.
Y remato con lo que decía el maestro del periodismo Manuel Artero, editor de La Paseata, en un breve pero interesante artículo que recomiendo: «Exaspera comprobar que la ideología psicópata y el tactismo político rige nuestras vidas», que terminaba con esta frase que se explica por sí sola: «Mentiras y más mentiras de esa ideología que nos llevan al desastre por haber relegado a los expertos a un segundo escalafón, por debajo de los tiranos», si lo sabrá él…
Del «éxito» sindical del 1º de Mayo y de la repugnante negativa del gobierno a que estuviera una representación militar en la celebración del 2 de mayo madrileño, como era habitual, no hay mucho que añadir a esos dos términos.

