La necesidad de los clásicos. Por José Crespo

La necesidad de los clásicos. Cicerón

«Cicerón nos dibujó el patrón de un traje a medida para nuestro presidente viajero, dispuesto a acabar con la democracia, la monarquía y con España»

Se hace necesario traer a colación a Marco Tulio Cicerón (106 a.C.-46 a.C.) político, filósofo, escritor, eminente orador y reputado abogado romano, además de responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la intelectualidad republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín. Son famosas sus cartas, dirigidas la mayoría a Ático, su amigo, compañero de estudios y cuñado por estar casado con su hermana Terencia.

Cicerón, en sus escritos, especialmente en sus cartas, exploró las perversas inclinaciones de los líderes, los vicios de los comandantes y las revoluciones estatales. Según Cornelio Nepote, Cicerón, gracias a sus cartas, fue reconocido en la literatura europea por sus reflexiones sobre estos temas. En ellas, Cicerón abordó la naturaleza de los líderes, los defectos que podían comprometer su liderazgo y las causas que podían llevar a la inestabilidad política y las revoluciones en el estado.

Fue un gran conocedor de la provincia romana de Sicilia pues allí comenzó su carrera política en 75 a. C. en Lilibea, cuando alcanzó el cuestorado, su primer paso del ‘cursus honorum’. Sicilia, oficialmente ‘Provincia Sicilia’ fue el nombre dado a la primera provincia de la Antigua Roma, creada en el 241 a. C. tras la victoria romana en la primera guerra púnica y que perduró durante seis siglos. Fue dividida en dos cuestorados, Siracusa al este y Lilibeo al oeste.​ Cuando Verres se convirtió en gobernador de Sicilia, el pueblo que en el pasado era una sociedad próspera y rica, entró en un abrupto declive, en 70 a. C. hasta que la destacada figura Cicerón condenó el desgobierno de Verres en su discurso In Verrem.​ Aunque bajo Augusto se hizo algún intento de introducir el latín en la isla, a Sicilia se le permitió seguir siendo griega en un sentido cultural, más que una completa romanización cultural.

Cicerón, autor de las Catilinarias y las Filípicas, después de una agotadora vida profesional y política y tras la reconciliación en Módena de Octavio y Marco Antonio que trajo consigo la constitución de un nuevo triunvirato, que recibió plenos poderes, con Lépido, sería proscrito por Marco Antonio y el 7 de diciembre de 43 a. C. el cónsul ordenó su asesinato, así como que su cabeza y sus manos se expusieran en los ‘rostra’, tribuna o púlpito del Foro, tal como había sido la costumbre en tiempos de Sila y Mario, aunque él fue el único de los proscritos en recibir tal destino.

Hoy en día cuando se pretende limitar el concepto de la acusación particular ello nos recuerda que en Roma, la prerrogativa de acusación, o la posibilidad de acusar a alguien ante la corte, era una prerrogativa que los tribunos de la plebe tenían para defender a los plebeyos de las injusticias. Sin embargo, a lo largo de la historia romana, se produjeron momentos en los que se intentó limitar o quitar esta prerrogativa tal como ahora ocurre en España para impedir aflorar las denuncias de corrupción política.  Concretamente Cornelio Sila recortó los poderes de los tribunos, incluyendo la posibilidad de vetar leyes y proponerlas a la Asamblea sin el consentimiento del Senado. A lo largo de la historia romana, hubo otros intentos de limitar el poder de los tribunos, pero la Lex Hortensia y el período de Sila fueron los más significativos.

Es necesario tener muy presentes las sabias enseñanzas de los filósofos clásicos algunos de ellos perseguidos, extrañados y asesinados por sus ideas y a día de hoy expulsados de nuestro sistema educativo. Vemos como el cínico Bolaños defiende al profanador viajero vestido de batín por Bali ajeno a los problemas de España pero según Bolaños solucionando los problemas del mundo. Le hemos escuchado decir sin rubor: «El presidente está con los lideres mundiales buscando soluciones a los problemas de un mundo con tantas incertidumbres y Feijóo en Portugal hablando mal de España», y yo me pregunto ¿es posible ser más hipócrita y tener la cara más dura que el hormigón armado?, pues ¡sí¡, la respuesta es Félix Bolaños.

Es de dominio público la falta de preparación de nuestra clase política y una de las críticas más comunes y repetidas empezando por el nunca aclarado fraude doctoral del presidente, la escasa cualificación de sus cortesanos y del consejo de ministros así como del enjambre de asesores que incluso no cuentan ni con el graduado escolar. Decía Platón certeramente que «cuando queremos un armario acudimos al carpintero, pero cuando queremos un político, elegimos a cualquiera».

En Grecia y Roma la educación de un hombre que iba a ocupar un cargo público era esencial. Debían dominar el escenario político, tener preparación militar y capacidad para afrontar los desafíos del futuro. Ya sabemos lo que piensa el Narciso Antonio, le «sobra Defensa», y «si de algo sé es de economía», ahí están las pruebas, entregado a Marruecos, unas Fuerzas Armadas abandonadas y la economía hecha unos zorros en manos del titular de una tesis doctoral en Economía fruto del corta pega que dice muy poco de él y de los que se lo permitieron.

Pero sigamos con meditaciones clásicas cuando leo que los padres fundadores de los EEUU escribieron sabiamente que: «Un gobierno justo debe fundarse en un sistema de supervisión y equilibrio. Hay que recelar del dirigente que elude las leyes constitucionales so pretexto de la necesidad de conveniencia o seguridad». Se explica por sí solo eludiendo el control y la supervisión. Pensando en cómo el gobierno social comunista ataca a los ganaderos y agricultores, niega la búsqueda de recursos impidiendo la minería, destruye las presas y embalses, cierra las centrales nucleares…

Frente a esta locura Cicerón nos dejó sentencias de rabiosa actualidad: «Es deber de quienes gobiernan un Estado garantizar la abundancia de cuanto se requiere para vivir», lo contrario a lo que nos sucede con unos precios en ascenso mientras ellos se suben los sueldos sin reparo ni vergüenza, auténticos psicópatas dispuestos a acabar con la riqueza de la que se benefician incluso sin haber cotizado jamás. Y es que el olfato de Cicerón no tuvo límite: «No hay vicio más execrable que la codicia, sobre todo entre los próceres y quienes gobiernan la nación, pues servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable».

 

Cicerón. Contra Verres II, 5, 12.

Ya nos previno y lo advirtió sensatamente Marco Tulio Cicerón sobre los peligros de la desintegración de las sociedades y del colapso del estado de derecho ante las decisiones partidistas de los políticos cuando no se guían por el bien común sino que mediante la mentira y la manipulación buscan exclusivamente el interés propio. Así lo puso de manifiesto Cicerón en las conocidas como «Verrinas» o discursos contra los crímenes perpetrados en Sicilia de Cayo Verres, donde ejercía como gobernador.

La exposición es tan esclarecedora como cercana en el tiempo a la realidad española, en la que un psicópata llegado a presidente en funciones pacta y promete lo que sea para seguir en la poltrona y no buscando lo mejor para la sociedad, sino simplemente permanecer y que no gobiernen los otros.

Pero el drama, el auténtico drama nos lo auguró Cicerón hace dos mil años, decapitado por su defensa de la libertad frente a la tiranía: «Los pueblos que ya no tienen solución, que viven ya a la desesperada, suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales. Cuando esto sucede, no hay nadie que no comprenda que eso es el colapso total del tal Estado; donde esto acontece, nadie hay que confíe en esperanza alguna de salvación».

Córcholis con Cicerón, nos dibujó el patrón de un traje a medida para nuestro presidente viajero, dispuesto a acabar con la democracia, con la monarquía y con España gobernando con delincuentes y terroristas para los que legisla a medida de lo que le exigen.

Y tengámoslo muy claro, Europa no va a arreglar nada que no arreglemos nosotros. Estamos ante un enfermo, un narcisista de libro dominado por la tríada oscura capaz de incendiar España con tal de acceder a la fama como digno sucesor y auténtico Eróstrato, un pobre diablo abrumado por el peso de su propia inanidad que decidió pasar a la historia de cualquier manera, aunque fuera cubierto de infamia.

Y en esto estamos, si no lo impedimos habremos perdido nuestra preciada libertad.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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