
«Si bien no cuento a la Colau, que vale, ella sola, por centenares de cotorras, sumemos a ello, en Cataluña la plaga de las pulgas»
(a)
Leo que las cotorras se multiplican en Barcelona.
Cuentan que ya superan los 10.000 ejemplares.
Tocamos, pues, a cotorra por cada 200 habitantes.
Sólo lo supera el loro guaro en la selva del Amazonas.
(b)
Si bien no cuento a la Colau, que vale, ella sola, por centenares.
Sumemos, a ello, la plaga de las pulgas
(va ya para 3 años) y la invasión de ratas
-en esta última, no cuenta sólo la de cloacas-,
y el panorama no puede resultar más horripilante.

(c)
Y ya si, a todo, añadimos el tufillo
hediondo que desprende ‘Can Barça’,
a uno la sangre se le abrasa
y le asaltan unas ganas locas de largarse.
Menos mal que viven, mis hijos,
todos fuera y muy lejos de mi casa.
Y a mí, para lo que me queda ya,
(d)
lo mismo me da dónde quieran enterrarme;
pero mejor pónganme un tapón en los oídos
en cuanto me llegue la hora:
jamás pude soportar la cháchara de la Colau
o cualquier otro parloteo de cotorra.
Por anticipado, ¡muchas gracias:
tan grande favor les honra!

(e)
Por cierto que, según el CIS, hay, en España,
el doble de bisexuales que de heterosexuales.
Y al 50% de paisanos les parece de puta madre
mantener más de una relación a la vez.
Supongo que ocurre igual casi en todas partes:
sé que la mitad de mis amistades
engañan a su marido… o a su mujer.
(f)
De ahí, supongo, el ‘corolario’
de que confían más en su familia que en su pareja.
Y es que, cuando hay sexo de por medio,
deja ya de ser cierto aquello
de que «cada oveja con su pareja»:
algunos y algunas aspiran… a un rebaño entero!
Porque no nos engañemos:
(g)
siempre hubo ‘jeques’ con derecho
a montarse su propio y exclusivo ‘harén’.
¿Pero qué hay de las auténticas ‘jequesas’
con harén propio… y derecho a copular a tutiplén?
Nadie se alarme, empero,
por tan cavernícola e insufrible discriminación;
que la marquesa Ireno,

(h)
con ‘todes’ sus ellas y ‘elles’,
sabrá ponerle bien pronto solución.
Acaso aprovechen, para ello,
la gran oportunidad que les brinda
la salida, de tantos agresores sexuales, de prisión:
deben de haber llevado bastante mal
‘ayuno’ de tan larga duración.
(i)
¿Cómo lo ve, Sra. marquesa:
a su «pan como unas tortas»
supondría poner ‘la guinda’,
después de tantísima aberración?
Si cree tener una respuesta que me pueda dar,
¡puede metérsela Ud. en el ‘fistro diodenal’!
