«Sabía que su labor iba más allá de llenar vasos, ya que su verdadera vocación era la de ofrecer cobijo a corazones maltratados».
La taberna de la esperanza. Por Manuel Sanz Real

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«Sabía que su labor iba más allá de llenar vasos, ya que su verdadera vocación era la de ofrecer cobijo a corazones maltratados».

«Avanzó hacia el salón y se detuvo en el centro. Le sobrecogió descubrir que el océano de su infancia medía apenas dieciséis metros cuadrados».

«Él entendió que aquel desván no solo guardaba objetos, sino que custodiaba ecos de vidas pasadas».

Esto le recordó que desde la soledad más profunda, puede surgir algo que tenga el poder de conectar a las personas.

«Esa tarde fue especial para María, al sentir que su hermano había regresado para volver a ver el álbum y estar a su lado».

«Poco a poco se dejó llevar por las nubes que hasta entonces le habían cobijado, a la vez que desaparecía en la lejanía junto con sus fieles compañeras».

«Ese día comprendió que aquella llamada a su puerta rogando amistad, fue el aviso que tanto esperaba para poder recuperar su anhelada felicidad».

«Bajé corriendo por las escaleras y entré en aquella socorrida tasca sin apenas dar los buenos días al camarero».

En ese primer vistazo me fue imposible ver su cara, ya que la negra capucha de su sudadera se la cubría por completo…

«Al mirarme en el espejo, un pánico insuperable se apodera de mi al ver en él una cara monstruosa que no es la mía».

«Este era el ambiente con el que convivía todos los días y donde nadie era consciente de sus silenciosas lágrimas».

«¡Qué guay me lo estoy pasando! ¡Nunca había hablado con una rosa! ¿Me prometéis que vamos a estar aquí todos los días juntos?».

«Recordaba de aquella novela que la librería no existía como tal, todo lo expuesto era un decorado, se trataba de un escenario».

«Quiso disfrutar en poco tiempo de toda la libertad que le daba la vida en soledad, lo que le ocasionó retrasos y faltas constantes a su trabajo».