Celtiberia Show. Por Diego Pardos 

Celtiberia show

«Estoy harto de la generación (que ya van dos o tres) más preparada de la historia y de la gente que hoy ha nacido iluminada por la ciencia infusa»

Celtiberia Show, sí. Con permiso de don Luis Carandell, que escribió este fabuloso libro sobre la vida carpetovetónica de nuestros ancestros. Porque España sigue siendo un chou, un espectáculo sin fecha de caducidad, por mucho que cada promoción que habita aquí, y manda o mangonea se empeñe en hacernos creer que cualquiera tiempo pasado fue peor. Yo personalmente estoy harto de la generación (que ya van dos o tres) más preparada de la historia y de la gente que hoy ha nacido iluminada por la ciencia infusa. Por mucho, digo, que nuestros contemporáneos hayan superado en saber y talento a los grandes hombres y mujeres que de continuo ponen de manifiesto su pequeñez, lo cierto es que este esperpento va a peor y no se quita ni con salfumán. Ya puede usted editar nuestros clásicos de la literatura en edición fresada o cosida, que el ciudadano preparado irá a la biblioteca pública a pedir las novelas de Almudena Grandes Atocha o los poemarios de Luis García Cervantes (¡qué sueldos, qué vidorra!) para celebrar que don Luis Alberto de Cuenca no ha sido admitido en la Academia de la Lengua. 

 

Lo que quiero decir es que esta elite del progreso, de la cual no esperemos provecho alguno cultivando las artes y las letras o cultivando el terreno laboral (de profesiones y oficios que se decía antes), y sí acomodo en la nómina y la subvención fácil, además de reírse de más de media España se ríen también de los españoles que fueron, y que no les importaba un pimiento la política, identificados con el franquismo o al menos con tiempos siempre pretéritos donde ninguna modernidad tenía acomodo. Excepción hecha del periodo republicano, segunda parte. 

 

Toda época ha tenido sus tontos y sus limpiabotas, sus bufones y sus fatuos, sus chalados y charlatanes y hasta sus barraganas de más alta o baja cama, como cantara Cecilia. Pero ninguna como esta ha estado más cargada de soberbia, idiocia y estupidez, con los inventores del nuevo lenguaje -hijo de éstas- que cancela toda herencia cultural y vacía al hombre y lo desarma. Asistimos perplejos al mandato de los primeros, vasallos de malos señores. 

Mortadelo y Filemón

Y es en esta españita donde revive (volvamos a leer a Valle-Inclán en homenaje) el esperpento nacional, que pareciera una menuda inventada impropia de uno de los países más avanzados del planeta y del espacio, como no cesan de recordarnos recurrentemente. Sólo en los últimos días he podido ver la exposición ante la prensa de la espía que amó a Pedro, Leire Díez (como si no tuviéramos bastante con doña Tatiana Zdanoka), cuyas formas y maneras no igualaría ninguna chica Bond. Para añadir un elemento cinematográfico irrumpió en la sala del hotel Víctor de Aldama llamando mentirosa y sinvergüenza a la ayudante de Pepe Gotera. 

La Burbuja

Que el show celtibérico y carpetovetónico no cesa lo demuestra el análisis y vaticinio del hortiadivino Paco Porras (recuerden aquellos años televisivos con Tamara, Tony Genil y Leonardo Dantés) que en el programa de Periodista Digital “La Burbuja” ha dicho (mirando no una bola de cristal como la bruja Adelina, sino examinando las entrañas de un calabacín) que el presidente del Gobierno se va porque lo echan desde Bruselas. La presencia del polémico reportero Bertrand Ndongo y de la vehemente Alicia Bódalo (hija de nuestro admirado actor) abanicándose con un pay-pay daban la nota exótica ante la sonrisa del presentador Josué Cárdenas. He de agradecer a Rubén Arranz que nos hiciera partícipes de estas impagables secuencias, que, dicho sea de paso, he disfrutado con buen humor. 

 

Y para qué hablar de las señoras: Louella Parsons se quejaba en X de que la Policía Local de Santa Fe de Granada quería retirar las sillas que las buenas señoras sacan a la calle en las noches de canícula para “tomar la fresca”, debatir sobre el estado de la nación y echar un trago de agua con anís del botijo. El caso es progresar y trabajar por la ciudadanía. ¿O es que acaso no es una ventaja permanecer en casa encerrados, con el ventilador a tope y la televisión a todo pasto? El concejal que aspire a ministro ha tomado la medida sin duda para evitar que a nuestras abuelas las atropelle un coche eléctrico o les de un machetazo un joven usuario de patinete. 

“Hachís… ¡Salud!”

Al menos, aunque algo en consonancia con esta Celtiberia carandelesca, Bruguera publicará el inédito “Hachís… ¡Salud!”, protagonizado por los conocidos agentes secretos Mortadelo y Filemón. Según avanza La Vanguardia, éstos serán los encargados de “luchar contra unas redes de distribución de narcotráfico” y “se acompañarán de Ofelia para desarticular la banda de malhechores”. Vamos, que el gran Ibáñez veía verosímil que del relevo de la Benemérita se encargara la T.I.A. Lo que no sabemos es si para el asesoramiento contó con los servicios de Paco Porras. 

 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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