El largo y cálido verano. Por Teresita Ávila

La vida es muy larga y abundan los sinvergüenzas, todavía comprará muchas cosas.

Los lobos se admiran entre sí.

The Long, Hot Summer (en España, El largo y cálido verano)

 

Pero no era que él quisiera ser como ellos; era que quería que supieran que podía serlo.

 William Faulkner, The Hamlet
Batalla callejera contra agentes y oficiales federales en California

«De Ucrania a Washington, el verano de 2025 se presenta como una nueva estación de conflicto: militar, cultural, ideológico»

Este no será un verano cualquiera. Presiento que será el verano del siglo. Instalados en la niñez y fuera de ella, ha sido la época favorita de muchos a pesar de las tardes eternas, de la siesta obligada. El aburrimiento sin móviles a nuestro alcance nos traía directos a la mano libros que hojeábamos y que, si nos seducían, conseguían entretener nuestras horas muertas. Recuerdo la radio antigua de válvulas que tenían mis abuelos y que un primo habilidoso puso en funcionamiento. Volvió a la vida ofreciendo unos sonidos indescifrables, misteriosos. Aún muy críos, dedujimos que era una emisora rusa. Ignoro qué hubiera dicho mi abuelo de haber vivido todavía, católico y boina roja. La cosa es que extraño aquel tiempo en el que nada era más importante que ver deslizarse los minutos convertidos en ocio casi a tiempo completo. Qué suerte la nuestra vivir en ese limbo donde nada importaba. Solo decidir el plan alternativo en la mayoría de las ocasiones: piscina o bicicleta. Esas bicicletas que siempre nos aguardaban en verano a punto, con las ruedas en condiciones, lustrosas, porque una tía diligente, y cariñosa a su manera, se ocupaba de que así fuera. Hoy regresaría allí sin dudar. A recrearme, a echar un vistazo, a olvidarme de este mundo desapacible, frío y gris y, por qué no decirlo, asqueroso también. Huele a podrido sin ser Dinamarca. A cloaca, a sentina, a muerte. Como en el poema Insomnio, cuando gritaba Dámaso Alonso:

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso. Insomnio

Así que el estío, aunque se haya hecho de rogar, llegará inevitablemente. Y lo hará a lo grande, con todo el aparato, el bombo y platillo que suele acompañarlo desde estos últimos tiempos de cólera. Los desafíos se abren paso con impaciencia, a empujones. Pugnan por liderar audiencias y convocarnos en torno a su objetivo, que sale triunfante una y otra vez, y que consiste en eso tan viejo de dividir para expoliar con mayor facilidad, y regalárselo a los que menos lo merecen, a esos que ganan año tras año, siglo tras siglo. Ya no sabe una si apuntarse o borrarse de algo, apearse sin descender al abismo. Ya es todo mareo, cansancio, angustia y afanes que desgastan. Ya no me apetece saber si Macron es un títere al que maneja esa extraña mujer que lo zarandea a la vista de todos, con oportunidad, y quizás con no tanta alevosía. Pues si vemos lo presente –como escribió Jorge Manrique– y leemos con atención, cualquier cosa es posible:

El presidente francés, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN, Marc Rutte, han escenificado en París el apoyo incondicional a Ucrania y la necesidad de reforzar la defensa de Europa en un momento clave. [1]

El largo y cálido verano.

Este ambiente de incertidumbre favorece la toma de decisiones de las distintas partes, las jugadas precisas. Así, en este clima de confusión, la maquinaria de propaganda difunde parcialmente sus estrategias que puedan poner al descubierto los errores del enemigo. El despliegue de tropas norcoreanas en Rusia supondría la justificación de la contribución europea en la zona del conflicto. Euronews titulaba este mismo jueves Corea del Norte reitera su apoyo «incondicional» a la invasión rusa de Ucrania, un artículo que confirmaría el envío de miles de soldados a Rusia, a pesar de vulnerar las sanciones de la ONU. Y las palabras de Kaja Kallasjefa de Política Exterior de la UE, en otra noticia reciente en el mismo medio, no dejan espacio a la imaginación: el mundo debe estar «extremadamente preocupado» por la creciente alianza entre Rusia, China y Corea del Norte, especialmente tras los informes sobre la presencia de soldados norcoreanos combatiendo junto a tropas rusas en Ucrania.

Los británicos se han tomado muy en serio el sonido de los tambores de guerra. El secretario de Estado para la Defensa del Reino Unido, John Healey, confía en que el país alcance su objetivo de destinar el 3% de su PIB a Defensa en el próximo pleno del Parlamento. Y estiman la construcción de nuevas fábricas de municiones que pongan remedio a la escasez de armamento y resuelvan las dificultades en la compra de material bélico:

Al parecer, destinará 1.500 millones de libras (1.780 millones de euros) a la construcción de seis nuevas fábricas de municiones para reactivar la base industrial del Reino Unido. La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia ha puesto de manifiesto las deficiencias en la capacidad de Occidente para adquirir armas, y los oficiales militares británicos han advertido de la escasez de municiones en el país.

La incapacidad para hallar soluciones causa estupor, y afecta a todos los ámbitos. La guerra ya no se libra solo con misiles ni soldados. Las palabras pueden asimismo edificar o derribar el sentimiento de comunidad. El alboroto, la gresca, forman parte de un espectáculo lamentable, síntoma de una sociedad en decadencia. De esta manera expresa su queja el taoiseach irlandés, el jefe de Gobierno Micheál Martin«Estoy muy preocupado por la crudeza del lenguaje», una agresividad que se traslada desde el ámbito político al social, a las redes o viceversa. De ahí a solicitar la necesidad de control para evitar los que califica como esta especie de discurso mordaz de odio, apenas queda un tramo cada vez más angosto.

También asoman otras manifestaciones igualmente preocupantes, otros combates. En las bibliotecas –por ejemplo–, en las declaraciones presidenciales –Trump y Orbán concitan reacciones generalizadas de antipatía, principalmente en Europa–, en los silencios cómplices de los que mandan o generan más ruido con la ambigüedad –conviene que haya tensión–. George Packer lo narra con crudeza en The Atlantic, al contar la historia de Saman, una víctima, una refugiada afgana traicionada por el país al que ayudó [2]. Su relato no es solo una denuncia, sino el reflejo de una política que ha renunciado a la empatía y ha convertido la indiferencia en virtud. En un mundo cada vez más brutal, el hecho de que esta mujer no pueda vivir libre en Estados Unidos es tan significativo como el envío de armas o soldados a una zona en guerra. Es, también, una forma de guerra.

Carla Hayden

Lo mismo ocurre, aunque a otro nivel, con el caso de Carla Hayden. La destitución de la Bibliotecaria del Congreso, relatada por Politico, no es un hecho aislado, sino una ofensiva del gobierno de Donald Trump para desactivar las reglas woke –conocidas por las siglas DEIDiversidad, Equidad e Inclusión– que se habían aceptado en la mayoría de organismos, instituciones públicas o privadas, universidades, y que han dado origen a significativas controversias [3]:

«La Universidad de Harvard o no está reportando completamente los registros disciplinarios de sus estudiantes extranjeros o no está supervisando seriamente a sus estudiantes extranjeros», indicó la Casa Blanca en un comunicado, en el que también acusó al centro educativo de no abordar el antisemitismo en el campus, así como de persistir en «priorizar» las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI).

Esto no es un hecho banal sino altamente sensible, puesto que confronta deliberadamente dos posiciones irreconciliables, donde se pone bajo la lupa la sustitución del conocimiento y la diversidad por otra perspectiva antipática, señalada como una narrativa única, totalitaria y rancia. Es esta una estrategia tan antigua como eficaz. Desde la perspectiva de Hayden, la historia se reescribe a la medida del poder. Y tiene razón. Se practica continuamente, en Estados Unidos, en Europa, en Asia. La Biblioteca de todos se convierte en la trinchera de unos pocos. La defensa de la pluralidad y la memoria compartida tienen claroscuros, podemos estar de acuerdo o no con el autor del artículo. En realidad, la tergiversación, las manipulaciones políticas que todos practican –según sus intereses– sí son el comienzo de un retroceso que afecta al alma de una nación. En este sentido, la guerra cultural es también una guerra por la hegemonía simbólica, por decidir qué merece ser recordado y qué debe ser borrado.

Y así, llega el verano. No solo largo y cálido, sino denso, espeso, como una fiebre que no remite. Mientras el sol insiste en caer a plomo sobre Europa, se cuecen otras guerras más sutiles, menos visibles. La de las ideas, la de la memoria, la del relato. Si el frente militar está en Ucrania, el frente simbólico está en cada biblioteca, en cada intento de justificar el control, en los silencios institucionales ante la injusticia, en la omisión de socorro, en el abandono. Este verano no será como los otros: vendrá con las bicicletas aún relucientes, sí, pero también con un zumbido de fondo, como una emisora extranjera que no entendemos del todo, pero que intuimos peligrosa. Una voz que dice que algo se está pudriendo, sí, pero no en Dinamarca. Aquí mismo, en nuestro jardín de infancia, en el corazón de lo que un día llamamos civilización.

NOTAS______

[1] El MundoMarc Rutte, con Macron: «Los vínculos de Rusia con Corea del Norte, Irán y China son una amenaza para Europa»

 

[2] La caída de Kabul pone un abrupto fin a la era estadounidense en Afganistán

 

«El final de una misión de 20 años»: EE.UU. completa su retirada del país tras la partida de los últimos vuelos desde Kabul

 

[3] La Casa Blanca suspende las visas para los nuevos estudiantes extranjeros de la Universidad de Harvard

 

Por qué Harvard decidió luchar contra Trump

El gobierno de EE. UU. congelará más de 2000 millones de dólares en fondos federales porque Harvard se negó a cumplir una lista de exigencias. Las autoridades de la universidad consideraron que valía la pena el riesgo.

 

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

Artículos recomendados

Deja un comentario