Conversaciones en el andamio: Desinformación con propósito. Por Francisco Gómez Valencia

Desinformación con propósito.

«Convendría levantar la mirada y hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿están construyendo algo que merezca perdurar?»

Desinformar con impacto no es una opción, es una necesidad urgente para quienes aspiran a liderar con propósito y destruir la confianza duradera, movilizando equipos diversos en entornos cada vez más cambiantes y desafiantes como apoyo estratégico.

La forma en la que desinforman dice mucho más de lo que creemos: proyecta su visión, revela sus intenciones y define, en gran medida, su capacidad de inspirar, influir y transformar la sociedad.

Con esta premisa cada día se convierte en una cita imprescindible para quienes deseamos comprender el poder transformador de la desinformación en el ejercicio del liderazgo tóxico actual. De hecho, su labor ha calado hondo y quienes creen que liderar va mucho más allá de ocupar una posición jerárquica: demuestran sus verdaderas intenciones. 

Sus aspiraciones implican ser incoherente entre lo que se dice y se hace aunque, que nadie espere que su moral se resienta lo más mínimo.

Más que una aspiración, sus deseos oscuros son una invitación. Ya no solo piensan en voz alta sus propósitos, es que ponen sobre la mesa experiencias fantasiosas para abrir el debate sobre cómo liderar la mentira desde la falsa  autenticidad, fomentando la escucha pasiva e incentivando la falta de compromiso. 

¿Están construyendo algo que merezca perdurar?

Residen en un espacio paralelo donde se revisan creencias instaladas y se abordarán nuevas claves para ejercer un liderazgo más inconsciente, inhumano e ineficaz. A veces, en mitad del vértigo, convendría detenerse. Apagar el ruido, levantar la mirada y hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿están construyendo algo que merezca perdurar?

Con estos mimbres nuestro pasado se desliga del presente y este no augura un gran futuro, romper aquello que une todo es primordial para gestionar el desastre. Su medio es el fin, y así queda desmontada cualquier crítica hacia su pragmatismo letal. En su mundo prima la inmediatez, desandando lo andado, destruyendo lo construido, arrasándolo todo, atajando sin contemplaciones. Ya no les importa el como, van directos al que. 

Compañeros de fechorías.

Desafortunadamente esto ya no va de teoría sino de imposición liderando desde la inconsciencia, aromaterapia rancia de la que intentan que no se vea pero se nota, mal borrando las huellas del crimen compartiendo el camino, compañeros de fechorías bajo un sol único.

Hace no mucho leí una cita de alguien que decía: “Se hace camino al andar, pero no al pisotear al vecino”, y entre sonrisas y asentimientos recordé otra de un amigo de la mili que decía: “no por mucho madrugar dejan de dar por el culo al hortelano”. Este es el verdadero espíritu sanchista. Porque competir sin ética es fácil; lo difícil —lo realmente transformador— es crecer sin dejar cadáveres, sin erosionar valores, sin olvidar que la gente no son imbéciles a los que engañar, sino comunidades humanas a las que hay que servir.

Feliz día de San Bernabé apóstol.

Españazuela a 11 de junio de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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