
«Convendría levantar la mirada y hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿están construyendo algo que merezca perdurar?»
Desinformar con impacto no es una opción, es una necesidad urgente para quienes aspiran a liderar con propósito y destruir la confianza duradera, movilizando equipos diversos en entornos cada vez más cambiantes y desafiantes como apoyo estratégico.
La forma en la que desinforman dice mucho más de lo que creemos: proyecta su visión, revela sus intenciones y define, en gran medida, su capacidad de inspirar, influir y transformar la sociedad.
Con esta premisa cada día se convierte en una cita imprescindible para quienes deseamos comprender el poder transformador de la desinformación en el ejercicio del liderazgo tóxico actual. De hecho, su labor ha calado hondo y quienes creen que liderar va mucho más allá de ocupar una posición jerárquica: demuestran sus verdaderas intenciones.
Sus aspiraciones implican ser incoherente entre lo que se dice y se hace aunque, que nadie espere que su moral se resienta lo más mínimo.
Más que una aspiración, sus deseos oscuros son una invitación. Ya no solo piensan en voz alta sus propósitos, es que ponen sobre la mesa experiencias fantasiosas para abrir el debate sobre cómo liderar la mentira desde la falsa autenticidad, fomentando la escucha pasiva e incentivando la falta de compromiso.

Residen en un espacio paralelo donde se revisan creencias instaladas y se abordarán nuevas claves para ejercer un liderazgo más inconsciente, inhumano e ineficaz. A veces, en mitad del vértigo, convendría detenerse. Apagar el ruido, levantar la mirada y hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿están construyendo algo que merezca perdurar?
Con estos mimbres nuestro pasado se desliga del presente y este no augura un gran futuro, romper aquello que une todo es primordial para gestionar el desastre. Su medio es el fin, y así queda desmontada cualquier crítica hacia su pragmatismo letal. En su mundo prima la inmediatez, desandando lo andado, destruyendo lo construido, arrasándolo todo, atajando sin contemplaciones. Ya no les importa el como, van directos al que.

Desafortunadamente esto ya no va de teoría sino de imposición liderando desde la inconsciencia, aromaterapia rancia de la que intentan que no se vea pero se nota, mal borrando las huellas del crimen compartiendo el camino, compañeros de fechorías bajo un sol único.
Hace no mucho leí una cita de alguien que decía: “Se hace camino al andar, pero no al pisotear al vecino”, y entre sonrisas y asentimientos recordé otra de un amigo de la mili que decía: “no por mucho madrugar dejan de dar por el culo al hortelano”. Este es el verdadero espíritu sanchista. Porque competir sin ética es fácil; lo difícil —lo realmente transformador— es crecer sin dejar cadáveres, sin erosionar valores, sin olvidar que la gente no son imbéciles a los que engañar, sino comunidades humanas a las que hay que servir.
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Feliz día de San Bernabé apóstol.
Españazuela a 11 de junio de 2025.

