
Vuela por el cielo el Falcon
desde nuestra Presidencia.
Lo acogen en Barcelona
por su porte y su presencia.
Por ventura de don Illa
se acogió la conferencia,
que era evento de gran cosa
y de mucha complacencia.
Formose grande boato
siempre en aras de la ciencia.
No se reparó en gasto
ni en problemas de conciencia.
Fueron muchos invitados
de variada procedencia.
No pensaron en echarlos
ni en cribarles la nasciencia.
Acudió don Pedro Sánchez
que es un hombre con paciencia,
que ama mucho nuestra España
y es doctor en resiliencia.
¿Sirvió de algo o de poco
anunciarlo hasta en Florencia?
Preguntádselo a Mazón
porque vino de Valencia.
Las banderas ondeaban
gozando de autonomía,
de chófer y presupuesto
y alguna secretaría.
Todos estaban en fila
y estaban en fila india,
recibiendo al Gobierno
y hasta a alguna que otra sandia.
Ya llegan unos ministros,
todos son gran eminencia.
Saludaron a los presis
con aire de suficiencia.
Juanma Moreno Bonilla
como un guardia de academia
acordose del olivo
y olvidose de su esencia.
Los dineros poco importan
pues los cobran en Palencia,
que hablan claro castellano
y lo suyo es la obediencia.
Todo el mundo está feliz,
no hay rencor ni hay diferencia.
Parece aquello la ONU:
¿Quién lo duda? Es evidencia.
Pero hay una que se niega
a aguantar tanta falacia:
tira, arroja el pinganillo
cuando habla el de Bizcaia.
La de Sol es muy rebelde
y aunque no ame la violencia
mandaría a más de uno
a casa con su dolencia.
Isabel Díaz Ayuso
niega el beso a la García
y con cajas destempladas
la despacha y la humilla.
Y así se acaba la historia:
cruzando la Celtiberia
en coches de gasolina
que son de gran eficacia.
Y así regresan a Mérida
que es ciudad de buena estancia.
No tienen vías ni trenes
mas no les falta farmacia.
Del palacio de Pedralbes
huye el vasco hacia Vitoria,
harto ya del catalán
a casa de los Ajuria.
Y ya vuelven a Toledo,
por más o menos cuantía.
Y hasta a Ceuta y a Melilla
regresan sus señorías.
Van al puerto de Castilla,
y a Oviedo con gran prestancia.
Valladolid los reclama
hasta la otra conferencia.
Vuela por el cielo el Falcon
bien presto a su residencia.
El buen ciudadano implora:
¡Vuelva pronto, Su Excelencia!
