Una insólita izquierda paranoica. Por Amando de Miguel

Una insólita izquierda paranoica.

«El sedicente progresismo globalista es una suerte de izquierda paranoica, realmente, novedosa. Su atractivo es enorme»

Después de la II Guerra Mundial, el mundo asistió al predominio de una nueva ola de la izquierda. En el bloque comunista, se afirmaba el totalitarismo. En el capitalista, cundía una suerte de laborismo o de socialdemocracia. Para los nuevos países en trance de descolonización, se imponía el nacionalismo o populismo. El factor común a todos esos movimientos era la preocupación por aumentar el bienestar de lo que, antes, se decían “obreros”. Realmente, eran los asalariados impecunes.

Pues bien, los ciclos de la historia vuelven a dibujar, caprichosos bucles. Ante la III Guerra Mundial, permanecen los dos grandes bloques; de momento, con una significación de guerra comercial. De modo convencional, se podrían designar como “oriental” (totalitarismos ruso y chino, más zonas de influencia) y “occidental” (el resto del mundo). Dentro del hemisferio “occidental” se alza un guiso ideológico de lo más enigmático: el globalismo, que se considera de izquierdas. Lo sorprendente es que poco o nada tiene que ver con el antecedente laborista, obrerista o socialdemócrata. En España, el principal partido en el Gobierno se sigue llamando “Partido Socialista Obrero Español”, aunque tiene poco de las tres calificaciones. La prueba es que se aleja del socialismo histórico y no digamos de la faceta revolucionaria. Ya, no le preocupa tanto los “obreros” como la “clase media trabajadora”, que nadie sabe lo que es. Además, se apoya, estrechamente, en los separatistas, es decir, en los partidos que no se sienten españoles. Es toda una pirueta histórica.

Lo fundamental es que la nueva ola izquierdista comprende una suerte de ideologías variopintas, un tanto esotéricas. Les conviene, mejor, la calificación de “progresistas”, por mucho que el progreso no se derive, fácilmente. Mezclan el feminismo radical (más bien, “hembrismo”) con la indeterminación del sexo; que, encima, aparece como “género”. Se muestran aterrados ante el “cambio climático” del planeta. Algunos Gobiernos de la nueva ola progresista no tienen empacho en reconocer que sus titulares son antiguos guerrilleros o terroristas. Otros presentan biografías asociadas a la corrupción política (los magna latrocinia, que decía San Agustín) o a las actividades del narcotráfico. Por si fuera poco, añádase, al guiso ideológico dominante, la pretensión de reescribir la historia según los deseos de los que mandan. El resultado es una “olla podrida” (o, mejor, ”poderida”, como se decía, originariamente) de las ideas más extravagantes. El batiburrillo de todas esas insensateces o perversidades lleva a la querencia de dominar a una población amedrentada por tantos previsibles desaguisados. Siempre, fue una tacha de los regímenes totalitarios el que las respectivas poblaciones vivieran en un estado de continuo temor o recelo. Es la mejor forma para que los ciudadanos se consideren, simplemente, súbditos o contribuyentes.

En cuyo caso, debemos concluir que el sedicente progresismo globalista es una suerte de izquierda paranoica, realmente, novedosa. Su atractivo es enorme. Nada menos que se propone acabar con la pobreza en el mundo para la fecha mágica de 2030 (léase 20-30); a la vuelta de la esquina, como quien dice. Bien podría ser la magia de la celebración del centenario de la gran crisis económica que precedió a la II Guerra Mundial. Ya, se sabe, en la vida política, vivimos de conmemorar aniversarios y centenarios. A falta de imaginación, buenos son los recuerdos institucionalizados.

El progresismo paranoico considera que todo lo demás es, sencillamente, fascismo. Se trata de un monumental salto en el vacío, con desprecio para la historia. La paradoja es que, formalmente, se observa una mayor consonancia entre el progresismo dominante y ciertos rasgos formales del periclitado fascismo de hace un siglo.

Amando de Miguel para la Gaceta de la Iberosfera.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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