Musas de la política. Por Diego Pardos

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?
(Miguel Hernández)
Musas de la política vs. musas del destape

«Sucede que las musas del destape de la transición se exhibían en público, mientras que las actuales modelos y sobrinas lo hacen en privado»

Empeñado como está uno en sacar a relucir sus preferencias a la hora de lidiar con la ganadería política, aunque sea bien a resguardo desde el burladero, quiere traer a colación las últimas noticias de las musas (que mujeres son) que hacen más llevadera la actualidad de la cosa pública. Sé que las principales figuras del embarrado panorama político son otras y para seguir sus empresas ya hay suficientes medios y periodistas que lo hacen a diario. Sé también que echar mano al símil de las musas es recurso fácil, que lo mismo vale para la poesía o para el destape o el despelote nacional, puesto ahora tan de moda. Sucede que las musas del destape de la transición se exhibían en público, mientras que las actuales modelos y sobrinas lo hacen en privado.

 

No sé si me creerán ustedes, pero doña Rita Maestre no me cae antipática. Tiene un punto entrañable que oculta su envés borde (o al revés: un punto borde que oculta su simpatía). Y yo me divierto mucho con ella (en el buen sentido, se entiende). Su oponente en el Ayuntamiento de Madrid es sin embargo una borde que camufla una personalidad risueña y afable. Tiene doña Carla Toscano que sacar la navaja (la navaja dialéctica, no la navaja de Reyes Maroto) porque si no lo hiciera así sería la gran víctima de sus feroces enemigos, arquetipo como es de lo que odian.

 

Refresca Madrid pretende la cuadratura del círculo. Llena de ritapropuestas, no puedo estar en desacuerdo con todo lo que nos sugiere doña Rita, que es a la defensa del árbol lo que la Rita de los Hombres G a la ginebra. No hay derecho, en efecto, a que el señor Almeida nos cierre el Buen Retiro, privándonos de la refrescante sombra vegetal. Ni de que suspenda la feria del libro por exceso de calor, ocultando su tirria a la letra impresa que agotó tras unas aburridas oposiciones. Desde entonces “nunca más un libro”, parece pensar don José Luis. Es ya la segunda faena que hace, tras esa del Madrid Central en donde se asfixia el depauperado conductor de la clase media-baja, que no le llega para el coche eléctrico sostenible ni para arreglar el aparato de aire acondicionado y ha de pasar su día libre en el centro comercial porque cierra el parque del Retiro. De vivir don Antonio Mingote, que era su alcalde honorario, estos sucesos no se producirían.

Antonio Mingote

La señora Maestre, que no tiene el problema acuciante del Madrid Central hace bien, sin embargo, en defender el libro y defender el árbol y en explicarnos en didácticos vídeos lo mal que hace el regidor cortando los árboles de la plaza de Santa Ana para llenarla de cemento. Doña Rita es una profesorita de infantil o primaria que explica las cosas con mucho desparpajo: “Rapapolvo del Defensor del Pueblo a Almeida por la tala de Santa Ana”, nos indica en un tuit. (Si no fuera porque su lucha contra el fascismo la enerva sería una contrincante esplendorosa, una adversario temible y una mujer querida.) Pero, hombre, doña Rita, el rapapolvo tendrá origen, en todo caso, en el Defensor del Árbol, que no del Pueblo.

 

Hay, sin embargo algo que reprochar a quienes se indignan por la muerte de los prunus y los castaños madrileños, pues suelen callar por el arranque de miles de olivos andaluces (ay, si el poeta viera los campos de Málaga, los olivares de Jaén…). Claro que todo sea por la energía verde y las placas solares de la Vonderleyen y de don Juan Manuel. Mientras, a doña Carla Toscano no le permiten la libre expresión. La popular Paula Gómez, presidente a la sazón de la comisión de Políticas Sociales, Familia e Igualdad en el Ayuntamiento le retiró el turno de palabra cuando acusó a la extrema izquierda de ser cómplice del tráfico de personas. ¿Será cierto?, ¿será una calumnia? Por si acaso y para no tener líos que no hable doña Carla, que calladita está más guapa. Aunque la señora Toscano, hable o no hable, siempre está muy guapa.

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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