
«Este ya estaba enfermo de egolatría mucho antes de meterse en política. El poder sólo su mal ha exacerbado»
(1)
Este ya estaba enfermo de egolatría
mucho antes de meterse en política.
El poder sólo su mal ha exacerbado.
Quiero decir, claro está, El poder del Estado;
pues el poder «¡Porque se me antoja!» ya lo tenía
quizás antes, incluso, de llegar a muchacho.
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¡Y el poder de creerse el más listo y el más guapo!
Y que en la cumbre de la OTAN se lo han negado,
el odio, el desprecio y la rabia en su mirada se leía,
y apenas pudo, airado y ofuscado, ponerse al lado
de cuanto dios y político por aquellos lares había.
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Mal negocio para todo aquel que porfía por ser amado
carecer de empatía e insultar, a todos, todo el día,
con la soberbia atroz de quien ansía verles humillados.
La soberbia, al cabo, está emparentada con la envidia:
jode que otro tenga lo que ‘yo, por ser yo mismo, tengo ya ganado’.
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Y lo que sea y mucho más haré para birlárselo.
Pongamos que de una moción de censura hablo…
si no hallo modo de verle esposado por la policía.
En todo caso, si no me dan lo que es mío de por vida,
¡de una puñalada traspasaré de la tierra el diámetro
para de sus vísceras finalmente arrancarlo!
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Y no soy yo capitán que al primer embate abandona el barco:
¡El barco me pertenece y jamás a nadie se lo daría!
Aunque tuviera que echar por la borda al mismísimo vigía
que cuida de no pegárnosla contra un puto transatlántico.
Y si el contramaestre es corrupto, si puedo, ¡lo mato!
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Pongamos que hablo de Santos Cerdán o de Ábalos.
Cosa muy distinta sería que por mí robaran el barco.
Aunque robar el transatlántico mejor todavía sería,
que para la minúscula y ridícula lancha de la política española, a estas
alturas me vale ya cualquier charco.
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Lo que yo bien merezco, cada día tengo más claro,
son unos ‘Estados Unidos’ en plan castrista o chavista;
en donde ‘los enemigos del pueblo’ -o sea, fascistas-
se ‘evaporen’ ante tus narices… como por ensalmo!
¡Y cuántas veces algo así de sublime no habré soñado!
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Pero la grandeza para la que nacimos algunos humanos
no siempre es el parco resultado de una fácil conquista:
a menudo, ¡a golpes de maza a otros hay que robarlo!
No hay más que ver a los corruptos Cerdán y Ábalos:
En lo suyo, reconozcamos que son auténticos artistas.
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¡Lo único que me jode es que sea a mí a quien hayan robado!
Decirme, siquiera pegados a mi oído y con la boca chiquita,
que TAMBIÉN robaban para mí, ¡¿tanto les habría costado?!
¡Por ZP, Lenin y Stalin, que ya hay que ser desalmado!
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¡Yo, que les di todo… y más que todo; que les di lo mejor de mis días!
Esos días de sol… calurosos… brumosos… o de lo más soleados…
viajando en un Peugeot 407… que era un verdadera maravilla!
¡Cuántas vivencias, cuántas anécdotas, cuántas complicidades, día tras día…!
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Sólo los amantes, ya de sus matrimonios enteramente olvidados,
saben de semejantes dulzuras, aventuras y apasionadas alegrías…
¡Y yo, que me acuerdo, de todo ello, no menos de una vez al año todavía…;
mientras que ellos, ruines, miserables y mezquinos, lo tengan ya olvidado!
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Además, a mí, todo el dinero del mundo, ¡qué mierdas me importaría:
yo fácilmente me conformo… con todo el poder que tenga a mano!
Y el lunes, día 30 de Junio, será… el gran día.
Tiemblo sólo de pensarlo: ante el puto juez estará Cerdán hablando.
¡Menos mal de mi sangre fría!
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En el Peugeot me desnudé… y le conté toda mi vida.
¿Se atreverá, contra mí, el hijoputa, a usarlo?
¡No, no; no es que tenga ningún muerto en el armario;
aunque más de una vez de ello estuve tentado.
Pero todos los detalles de las papeletas en una urna metidas
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me duele mucho más que si hubieran sido… papelinas;
pues, ¿quién, en caso de apuro, no hubiera, alguna vez, con ellas comerciado?
Y es que nada es peor que ser bondadoso y confiado:
por una vez que se me ablanda el corazón una pizquita,
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a mi sublime y mil veces heroica vida hago un regalo envenenado.
¡Y ello podría conducirme, si no controlo pronto a la justicia,
afuera mismo de la política, que es mi lugar más venerado!
Veamos si hay la suerte que merece un hombre de mi talla política
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y de verdad se le nota en algo que estudió Derecho Bolaños;
que, de hacerme con el voto de los ‘gavilanes’ que me rondan todo el día,
mientras quede en el erario un solo euro al que echarle mano, yo me apaño:
¡bastantes que me ahorré, con mis hábiles argucias, en esa cumbre maldita
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donde mi gallardía, mi pundonor y mi altura de miras
todos esos lacayos d Trump admiraron y hasta envidiaron sin medida.
De no ser yo tan modesto, ¡de repetírmelo no me cansaría!
Pero, los hombres en verdad heroicos, para darnos jabón nunca estamos;
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sino que para engrandecer más aún al mundo, si cabe, siempre trabajamos.
Espero, pues, que, pese a todas sus insuficiencias,
traiciones, cabronadas y perfidias,
Cerdán así lo comprenda… y al puto juez deje con cara de pasmado.
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¿Quién sabe?, sólo en el caso de los verdaderos héroes caben los milagros:
El viejo Peugeot todavía tira… y nadie lo ha desguazado…
De otro lado, ¿quién me lo dirá… salvo que yo mismo me lo diga:
¡Mi prodigiosa RESISTENCIA sigue férrea y en todo lo alto!
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¡Qué lindo, por otro lado, el álbum de los recuerdos íntimos que sólo para mí guardo:
En NUESTRO auto… YO MISMO, Cerdán, Koldo y Ábalos!
¡Qué jóvenes éramos, los cuatro! ¡Y qué gran camaradería!
¡D´Artagnan y Los 3 Mosqueteros! ¡Los 4 Fantásticos!
¡Nunca supe de un fervor más sincero:
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creían en mí sin medida!
Al punto de decirme no menos
de TREINTA veces al día:
-Por ti, Pedro, ¡YO MATO!
¡Y cuán fácil el verdadero amor se olvida!
¡Ya nos la podíamos haber pegado
y quedarse en la cuneta, ellos,
bien descosida la barriga!
En fin, la dulce nostalgia,
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que hoy me puede, bien se diría.
Pero, es de hombres heroicos,
raudo despertar de nuevo a la vida:
Me quedan, por delante, dos años más,
que se me harán cortísimos:
¡Tengo tanto que darle a mi querida España todavía…!
¡Y ella aguarda mi generosa dádiva
y el más sublime de mis sacrificios!
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Luego, ya mucho más tarde, pasadas algunas décadas
de constantes bondades para con mi pueblo amado,
a la justicia puedo compensar por tan larga espera
y dejar que, con sus malas maneras, al fin ‘me meta mano’.
Al cabo, de los héroes ya viejos y caducos no otra cosa se espera.
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Lástima que, para entonces, ya no me queden fuerzas
para mostrarle mis ‘poderes’ a alguna ramera de Ábalos,
quien, a buen seguro, no habrá mudado ninguno de sus escabrosos hábitos.
Cojo ahora mi Manual d Resistencia.
Creo que me conviene repasarlo: ¡Se avecina una buena tormenta!

