
«El espectáculo fue digno de ser visto: no hubo, en toda la vergonzante caterva del sanchismo, un solo gesto digno, ni un mohín de honra y de honor»
(A)
La tristemente famosa Secta de Perico El Ególatra
-a quien sólo el reflejo de su íntimo espejo le importa-
volvió a aclamar, en su habitual condición de auténticos posesos,
al Líder, Guía, Faro y Luz al que se encomiendan y se comerían a lametones y a besos,
(B)
no fuera a ser que, en adelante, no les dejasen ya ‘ni tocar pelota’:
Con la vidorra que se dan y se pegan, que no trabajan ni jota,
¿quién, de entre ellos, pensarán, podría ser tan idiota?
En tal sentido, nadie tan sectario y exaltado como Patxi El Portavoz,
(C)
que, como buen asno fiel a su amo, por él, a cualquiera endilgaría una coz.
Pues quiso, el destino caprichoso, que, de dar lecciones
al ‘Candidato Perico’
sobre el concepto tan ‘discutido y discutible’ de nación,
pasó a lamerle los pelendengues cuando
‘sus favores’ al fin logró.
(D)
Y es que metamorfosis semejante jamás antes en política se vio:
¡LA PROPIA VIDA por su Líder daría ahora!
Y, de creer en un dios más sublime que Perico,
¡diera, el muy borrico, hasta LA OTRA!
¡Qué no daría, él, siervo que tan hondamente se enamora,
por su Líder, su Amo y su Señor!
(E)
¡Tendrían Uds. que haber visto el ímpetu desaforado
con el que contra el ‘lidercillo’ de la oposición él se lanzó:
hasta fuego veraniego, del mismísimo cambio climático,
repentinamente de sus volcánicas fauces eruptivas brotó!
(F)
Por un momento, televidentes y un atónito auditorio,
en las bancadas del Congreso, nos temimos lo peor:
-¡Por Dios, por Dios… o por Stalin, por Companys o por Arana,
al pobre desgraciado va a darle un patatús cardiaco
y del afable Patxi nada más que un mal recuerdo diremos que quedó!
(G)
¡Pero no: él siguió y siguió… atacando con insólita furia verbal
a un apacible… y hasta yo diría que indolente Feijóo.
Porque si hay alguien misteriosamente imperturbable
-hasta cuando parecen cruzársele los cables…
y ante la visión horripilante de una infernal posesión-,
(H)
no cabe ni la menor duda de que ese impertérrito alguien
es quien, apenas tomar la palabra, sabe llenarse de razón.
Una razón, sí, de la que el poseso Patxi en todo instante careció,
incluso luego de que Feijóo hiciera que de ella se tragase una buena ración.
(I)
No acabó, vean Uds., sin embargo,
cayendo, el pobre poseso, fulminado
por su demoníaca y horrenda posesión:
¡Gran suerte; menos mal; loado sea Dios!
Muy al contrario, su lastimosa perorata
de ‘insultos a la carta’ finalmente concluyó;
y ante su enardecida y encandilada bancada
(J)
-inconsciente de que a su Patxi para irse al otro barrio
apenas le faltó nada-,
entre una explosión de histriónicos aplausos,
como surgidos del más penoso de los psiquiátricos,
dando tumbos, él, por los pasillos, a cada paso,
a desplomarse en su asiento finalmente acertó.
(K)
El espectáculo, créanme, fue digno de ser visto:
no hubo, en toda la vergonzante caterva del sanchismo,
un solo gesto digno, ni un mohín de honra y de honor:
patas repanchingadas, a sus anchas y bien a gustito,
hasta el último de los posesos allí se retrató.
(L)
Al punto, todo ello, que no sabría decirles yo
si fue la perplejidad o fue acaso la hilaridad
aquello que, en definitiva, en nuestro cerebro triunfó.
Probablemente, una suerte de mezcolanza
poco menos que imposible entre las dos:
Una expresión a tal punto explícita
(M)
de locura auténtica… o fingida,
es cosa que en el Congreso nunca antes se vio.
Si fue acaso auténtica, confiemos
en que se haga cargo de ella la psiquiatría.
Si, por contra, fue fingida,
cambie Patxi, en seguida,
su ‘ilustre’ labor política
y se haga, ya mismo, actor:
(N)
El ‘Goya’ le aguarda -¡quién lo diría!-
a la misma vuelta de la esquina;
y no es, creo yo, mala bicoca
para un simple… portavoz!
¡Qué fuerza y qué verismo, por Dios!
¡Qué grandeza actoral… y qué pasión!
Pasado ya un día de su soberbia actuación,
¡todavía me espeluzno todo yo!
(O)
Y lo más emotivo de todo ello, hay que decirlo,
fue ‘La Catarsis de Partido’ que allí se dio.
Al punto que si, por un casual, y bien que lo lamento,
me contara yo -¡el Cielo me perdone- entre sus adeptos,
a buen seguro habría ya soltado más de un lagrimón.
(P)
Tanto, el hecho, a todo quisque consternó,
que el resto de lo allí sucedido se tomó por zarandaja:
¿Acaso alguien duda de que Perico es una ‘alhaja’
que, desde el primer día, de toda España se burló?
Y quien antes que nadie se dio cuenta fue Feijóo,
(Q)
que ayer, al fin, le soltó, al puto macarra, tal andanada,
que apenas si pudo haber, en su ‘resiliente ego’,
tornillo, remache o perno que por los aires no saltó.
El patético y apaleado Narciso de Perico,
por el que ya nadie da más allá de euro y pico,
(R)
tuvo que devenir, ayer, ¡un auténtico infierno!
Y si hubo un ‘diabólico milagro’, mucho me temo,
es que su pétrea quijada el embate resistió.
¡Ahí es nada, la santa madre que le parió!
(S)
¿Me preguntan Uds. si gobernará hasta el veintisiete?
¡Por supuesto, si de sus ‘generosos’ socios depende!
Son gentes -de ello son tan conscientes como yo-
comprensivos en alto grado y muy dados a la conmiseración:
saben ellos, mejor que nadie, que Perico es persona decente
(T)
que jamás de los jamases va a dejarles… en mala situación:
antes de que ocurriera percance tan horripilante, tan atroz,
como capitán asaz valiente, sin pensárselo dos veces,
en el Cantábrico o el Mediterráneo hundía La Fragata… de la Nación!
(U)
¡Pues bien que le importa, a su pedazo EGO,
la España democrática y su buen Gobierno,
junto al erario y todos sus putos ministerios,
si se encuentra que, en la puerta de Moncloa,
la pérfida ultraderecha o la odiosa derechona
pusieron, sin su permiso, cerraja, rastrillo y aldabón!
(V)
Lo mismo que Los Sirex cantaban, él soltará,
con esa humildad de que está hecha su condición:
-¡Que se mueran todos los feos ya;
que, en el terruño patrio en que mi EGO está,
solamente puede gobernar… un guapetón!
¡Y a ver quién es… EL FEO que osa negarle la razón

