
«No llegan ni a gestos, en todo caso a gestitos estos empeños wokes en hacernos sentir mal, en provocar nuestra mala conciencia de mal ciudadano»
Lo cierto es que uno puede enterarse de ciertas curiosidades al leer la prensa. Aunque sea la “prensa digital”, que es un oxímoron, me parece a mí, y que a los amantes del papel no puede hacer más que enfadarnos. Y aunque uno quisiera también que la fuente (o por mejor decir el medio escrito) fueran las revistas rosas o del corazón, en esta ocasión ha sido El Debate de ayer viernes donde nos cuenta Beltrán Moreiras que desde 2014 se vienen apagando durante una hora (cada último sábado de marzo) las luces de neón del logotipo de Schweppes situadas en el Cine Capitol de Madrid.
El motivo es el de celebrar “La Hora del planeta”. Para ello se realiza esta “pausa energética” en las “grandes capitales europeas como París, Londres o Roma” a fin de “comprometerse con la protección del agua y la sostenibilidad”. Tamaña gilipollez (con perdón) sólo es comparable al gestito pretendidamente feminista de cortarse un mechón de pelo para protestar en 2022 por el asesinato de la joven Masha Amini en Irán. Bueno, estuvo bien: ya desde entonces han crecido sus solidarios pelos aunque las mujeres sigan muriendo por no cubrir lo suficiente sus cabellos. Aquí, recuerden ustedes, el colmo del ahorro energético se produjo en 2025 cuando gracias a Red Eléctrica (por “culpa” de, como ha dicho el diario El País) se produjo el gran apagón, con lo cual digo yo que fuimos “una chispa de esperanza para la conservación de bosques, océanos y especies en peligro en todo el mundo”, según expresiones de la organización ecologista WWF.

Tampoco se salvará el planeta porque el despistado viandante de la Gran Vía tenga la poca fortuna de pasear por ella a las ocho y media de la tarde del sábado que viene sin reparar en ello. Leemos asimismo y gracias al cronista que ya hubo otro luminoso de la popular bebida burbujeante que representaba una botella en efervescencia. Ya es casualidad que fuera en San Bernardo y uno se pregunta si precisamente en la fachada de la polémica sauna situada en la misma calle, atrayendo a la clientela con sus fogosos colorines y el estallido espumoso de su contenido.
El caso es que la tontada no se extienda a otros carteles que dan su personalidad a Madrid, como el del vino Tío Pepe en la Puerta del Sol. En Zaragoza, durante muchos años coronó un bloque de viviendas del Camino de las Torres un letrero de la Coca-Cola que le daba un aire internacional a la ciudad, visto además desde el hotel Boston que, pese a su nombre, se inauguró en 1992 al marchar los americanos de la Base Aérea. Quedaban muy bien esas letras tan características con su rojo y todo pero alguien las cambió por otras de una compañía aseguradora. Ya no es lo mismo, claro. Es como si Areta saliera de su oficina tras una intensa tarde de mus, tabaco y brandy y se encontrara en lo alto del edificio Carrión un letrerico de las sopas Gallina Blanca. ¿Qué cara hubiera puesto el sagaz detective?
Por eso no llegan ni a gestos, en todo caso a gestitos estos empeños wokes en hacernos sentir mal, en provocar nuestra mala conciencia de mal ciudadano mientras los ministros vuelan hacia Los Ángeles de California quemando combustible sin conocimiento y gastando la electricidad de las suites de los hoteles sin ningún miramiento, sólo para asistir a un festival de cine. Mientras, en cualquier casa pobre, como lo van siendo ya la mayoría en estepaís, se oye de fondo la voz de la dueña de la casa, vale decir la madre, la matriarca de los hogares españoles, que grita desaforada: ¡Esa luz, que os parece que es gratis!
Oh, servidumbres y penas de estas desgraciadas gentes… Ellas sí poseen de verdad y en serio una genuina conciencia de activismo conservacionista, un compromiso con el medio ambiente y contra el cambio climático y la contaminación. Luchadoras contra el crimen ambiental y el calentamiento global, su compromiso (a la fuerza ahorcan) no es sólo de una hora al año. Por ello considero que entre estas heroínas de lo cotidiano no tendrá la acogida deseada esa campaña de La Hora del Planeta. Una hora sin poder beber nuestra refrescante tónica Schweppes.

