
«El cuento del cambio climático y la demonización de quien no lo acepte a pies juntillas lleva a absurdos de prohibir las centrales nucleares o de carbón»
Llevo años manteniendo y defendiendo la prostitución del lenguaje y la apropiación camaleónica de conceptos, como la cultura, y de valores por parte de la izquierda que coloca sambenitos de negacionista o fascista a todo aquel que adopta posturas opuestas a sus postulados erigiéndose en dueños absolutos de las ideas de libertad y democracia… nada más lejos de la realidad cuando el único sustantivo que les define es el de corrupción, absoluta y a todos los niveles y en todos los ámbitos.
Pero bueno sin pretender desviar el foco y dadas las temperaturas estivales toquemos el tema del clima que por definición, como es clima, es cambiante.
Lo que ahora se llama DANA, acrónimo reciente que significa Depresión Aislada en Niveles Altos, llamado de toda la vida como ‘gota fría’, es sencillamente un fenómeno meteorológico que ocurre cuando una masa de aire frío, que viene del Polo Norte o de Siberia, en niveles altos de la atmósfera se separa de la corriente de aire polar principal y se desplaza sobre áreas con aire más cálido y húmedo, zonas de evaporación de las aguas, suceso típicamente estacional en el Mediterráneo español.
El nuevo apelativo DANA ¿por qué?… a nombre nuevo, fenómeno nuevo, es un evento que se presenta como un cambio global que antes no existía, cuando en realidad se trata de una ‘gota fría’ de toda la vida.
Este choque de temperaturas puede generar fuertes tormentas, lluvias intensas, enormes precipitaciones, vientos fuertes e incluso inundaciones localizadas. Ambos términos “DANA» y «gota fría» se refieren al mismo fenómeno climático natural y estacional.
El profesor Ferrandis describía que desde el año 1321 y 2024 se encuentran registradas veintisiete ‘gotas frías’, por lo que no es nada nuevo.
Esto no tiene nada que ver con la corriente ‘calentológica’ que achaca esa DANA a un inventado ‘cambio climático’ como un nuevo peligro que amenaza a la especie humana y a la que se acusa como culpable. El cíclico cambio climático existe desde que hay clima por definición.
Recordemos que hasta 1998 no se hablaba de ‘cambio climático’ sino que se hablaba de ‘calentamiento global’. En 1998, tuvo lugar un evento climático que conocemos como El Niño que causó un aumento significativo en las temperaturas globales, haciendo que ese año fuera particularmente cálido. Ello trajo consigo un pico de temperatura que supuso una pausa en el calentamiento global, que los calentólogos se afanan en decir que no es una pausa real y que el calentamiento global continúa, y por supuesto que el hombre es el culpable.
A aparecer esa pausa climática de 1998 se dejó de hablar de cambio climático y se inventó el nuevo y más cargado de dramatismo de ‘emergencia climática’. Hasta 2016 no hubo más calentamiento y si se echa la culpa al CO2 antropogénico, causado por el hombre, entonces cómo se puede explicar ese parón.

Tras 2016, con un fenómeno de El Niño especialmente fuerte, es decir el ciclo del agua que es el que realmente caldea la atmósfera o la enfría, entonces sucedió un pico de temperatura que luego cayó tras una oscilación de ocho años en que la temperatura no subió, hasta que en 2022 tuvo lugar otro fenómeno de El Niño especialmente fuerte al que se añadió la erupción en el Pacífico del Hunga Tonga, volcán submarino situado unos 30 kilómetros al sureste del volcán Fonuafoʻou, isla que forma parte de la nación y archipiélago de Tonga.
La erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai en 2022 liberó una cantidad sin precedentes de vapor de agua a la atmósfera, específicamente a la estratosfera, concretamente 146.000 millones de litros de vapor de agua, lo que equivale al 10% del agua ya presente en la estratosfera, responsables de alterar el clima de la Tierra calentándola durante los cinco años posteriores a la erupción. A este evento, que causó una explosión masiva y un tsunami volcánico, es imposible imponer cualquier impuesto que es a lo que va la política calentológica que culpa al hombre de los cambios y oscilaciones climáticas y al que pretende castigar con impuestos.
Una teoría sin base científica para ejercer un férreo control social, un altar de falsa religión en el que se ofrece como víctima propiciatoria el progreso de Occidente en beneficio de entes más contaminantes e ineficientes, llamando negacionistas a los que se enfrentan a esta teoría perversa que junto con otros conflictos no son más que una disculpa, entre otras, para subir los impuestos y encubrir el fracaso político.

El cambio climático se erige en defensa de la Naturaleza pero provoca la extinción de especies sin freno como ocurre con los molinos aerogeneradores y las placas solares, lucha por la eliminación de los motores de combustión, agitando el fantasma de la descarbonización, pero nos condena a la incapacidad de renovación y reciclaje de las baterías de vehículos eléctricos, teoría que nos habla de derechos humanos pero que mira para otro lado en aquellos lugares donde se esclaviza el trabajo para la obtención de tierras raras, metales como el coltán y elementos para la tecnología telefónica, una teoría de control social que nos habla de reciclaje y economía circular pero que calla frente a la «ley de obsolescencia programada» que nos condena a tirar a la basura los pequeños electrodomésticos cada 3 o 5 años una vez que mueren tras finalizar la garantía.
Esta teoría arruina nuestra economía, nuestra industria agroalimentaria, nuestra agricultura, nuestra ganadería y nuestra minería condenando a los países europeos a la irrelevancia y la dependencia.
A pesar de ser una teoría acientífica se intenta justificar mediante una pseudociencia cómplice al servicio de políticos sin escrúpulos y periodistas sin información.
Alguien debería explicarle al doctor Sánchez, abanderado del apagón y de la agenda de la ruina, que las oscilaciones climáticas han sido, son y serán lo normal en el planeta Tierra y que dependen fundamentalmente de la actividad solar y de la propia tierra, la vulcanología en definitiva.
El discurso actual va por el camino del CO2 antropogénico, que no es una aguja sino un átomo en el pajar del cambio climático, pues el principal responsable de los cambios en el clima no es otro que el vapor de agua, elemento más importante del conocido como ‘efecto invernadero’ del que no se habla y al que lógicamente, el agua, no se puede grabar con ningún impuesto.
Así se machacan, castigan y empobrecen las economías de mercado occidentales provocando un cambio de las estructuras económicas y de poder en todo el mundo… no tendrás nada y serás feliz.
El reciente apagón sufrido en España es una prueba de esa locura que supone la frenética aplicación de la teoría que pretende colocarnos alternativamente a los combustibles fósiles la generación de energía a través de las centrales solares y eólicas, bautizadas como ‘energías verdes y limpias’, que se demuestran extraordinaria y tremendamente ineficientes, además de empobrecedoras del suelo, generadoras de residuos altamente contaminantes, acústica, lumínica y biológica, responsables igualmente de destruir el paisaje, y acabar con decenas de especies animales. Las turbinas eólicas pueden representar un riesgo de colisión para aves y murciélagos, especialmente durante sus rutas migratorias. Los parques eólicos causan destrucción del paisaje, molestias visuales y auditivas para las comunidades cercanas y sobre los cetáceos en los parques situados en el mar, debido al ruido subacuático generado por la instalación de pilotes y otras infraestructuras. Este ruido de las turbinas causa estrés, cambios en el comportamiento y daño auditivo en estos animales. Además, los parques eólicos marinos alteran el hábitat marino, afectando la disponibilidad de alimento y las rutas migratorias de los cetáceos.
El cuento del cambio climático y la demonización de quien no lo acepte a pies juntillas lleva a absurdos de prohibir las centrales nucleares, centrales de carbón, destruir los embalses por «franquistas», la minería en España, a no explotar el gas, petróleo o las ‘tierras raras’, y pasar a comprar electricidad francesa procedente de energía nuclear o gas norteamericano licuado, más caro que el argelino o el ruso, procedente del fracking, creando una absoluta dependencia exterior y cargándose además nuestra propia ganadería y agricultura buscando una sociedad empobrecida, sin iniciativa y sobre todo dependiente.

Eso sí, paséense por bosques y márgenes de carreteras o tras concentraciones juveniles de fin de semana y vean la tierra sembrada de plásticos, vasos, y basura variada, algo que sigo observando desde que mi abuelo me hacía reparar en ello cuando tenía 12 años, algo que fue en aumento desde que el plástico pasó a formar parte de nuestras vidas en la locura del egoísmo consumista, tanto que el microplástico ya se abre camino en la cadena trófica humana.
Me apunto a la vigencia de aquel eslogan de los años ’60 de «Mantenga limpia España» incumplido permanentemente a día de hoy y que debería producir vergüenza tanto a la propia sociedad como a políticos y maestros.

