
«Ante su fascinación por el extraordinario cantante, el rey Felipe V lo nombró músico de cámara y más adelante criado familiar»
Es el que es considerado el más célebre castrato de la historia, Carlo Maria Michelangelo Nicola Broschi, (1705-1782) conocido como Farinelli, nació en Andria, cerca de la ciudad de Bari en Apulia (Italia), en el seno de una familia con buena posición económica y grandes ambiciones musicales.
Salvatore Broschi (c. 1698-1756), su padre, compositor y maestro de capilla en la catedral de Andria, influyó tanto en él como en su hermano mayor Ricardo, en la carrera musical de sus hijos para desarrollar las excelentes aptitudes que poseían, aún muy pequeños; mientras Ricardo optaría por la carrera de compositor, Carlo, dotado de una extraordinaria y potente voz, pero a la vez suave y aguda se convertiría en una de las voces más aclamadas del momento.
La castración quirúrgica a la que sometieron al jovencísimo Carlo con tan solo nueve años, estuvo inducida por aspectos que, al parecer, fueron meramente culturales; su familia estaba convencida de que alcanzaría gran fama y prestigio conservando las características de la voz prodigiosa del pequeño, puesto que la decisión no habría sido motivada por los beneficios económicos que podría reportarles, dado que la familia gozaba de una buena posición social y económica.
En esos años, la castración era una práctica común y tolerada por las autoridades para aumentar la calidad de niños con buenas aptitudes vocales pertenecientes a familias acomodadas; en el caso de Farinelli para evitar el escándalo se explicó que la repugnante práctica se había realizado como consecuencia de una caída de un caballo.

Ambos hermanos recibieron una excepcional formación musical, además de recibir las primeras nociones en casa, Carlo estudió en Nápoles a cargo del prestigioso profesor y compositor Nicola Porpora (1686-1768). El maestro napolitano, famoso por ser muy riguroso en la técnica y en la ornamentación vocal, consiguió que Farinelli desarrollara una voz con un rango extraordinario, voz de soprano castrato, musicalmente entre F3 y D6; recibió también clases de Antonio Bernocchi (1685-1756), que le ayudó notablemente. Debutó en 1720, con tan solo quince años; un debut que sorprendería a todos y que le llevaría a giras por toda Italia y Europa, visitando las grandes capitales musicales del continente; en estos años eligió la ciudad italiana de Bolonia como lugar de residencia.
En 1727 conoció al que sería su protector, el conde Sicinio Pepoli (1705-1782) con quien le uniría una profunda amistad y con quien mantuvo una extensa correspondencia durante años. Con una carrera llena de éxitos por todo el viejo continente, en 1734 decidió instalarse en Londres donde tomó la decisión de hacerse empresario de la Ópera de la Nobleza, sin embargo, esto le acarrearía muchos quebraderos de cabeza debido a la enemistad y rivalidad con otro de los más célebres compositores de la historia de la música, Georg Friedrich Händel (1685-1761) que también vivía en Bolonia trabajando para una compañía musical rival a la de la Nobleza.

Fue entonces cuando Farinelli recibió una noticia que supuso un gran alivio para el cantante, puesto que su estancia en la capital británica se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla. Fue solicitado por la reina de España, Isabel de Farnesio (1692-1766), para acudir a la Corte, según la versión oficial para complacer los gustos musicales de su esposo el rey Felipe V (1683-1746).
Sin embargo, el verdadero motivo por el que solicitaba sus servicios era aliviar la depresión que sufría el rey, mal que le acompañaba desde tiempo atrás y que la propia reina había logrado aliviar anteriormente en una estancia de la familia real en Sevilla, también con terapia musical. El rey amaba la ópera y era un apasionado de la música y las artes en general; esta pasión lo llevaría a fundar la Real Academia de las Artes de San Fernando en 1752.
Felipe V, fue el primer monarca de la dinastía borbónica en España y ascendió al trono en 1700 tras la muerte de Carlos II (1661-1700), el último rey de la Casa de Habsburgo, marcando el inicio de su reinado la Guerra de Sucesión. El rey, de carácter melancólico por naturaleza, sufrió a lo largo de los años numerosos episodios de depresión que en ocasiones le llevarían al borde de la locura, hasta el punto de abdicar en favor de su hijo Luis I (1707-1724), regresando al trono tras la muerte temprana de éste.
El fallecimiento de su primera y muy amada esposa María Luisa de Saboya (1688-1714), le provocó una profunda tristeza, que le provocaría con los años crisis emocionales. a pesar de contraer matrimonio de nuevo con Isabel de Farnesio, nunca recuperaría el entusiasmo por la vida.
Isabel, mujer de fuerte personalidad y gran ambición, se ocuparía de los asuntos de Estado ya que los desequilibrios emocionales que sufría su marido afectaban a la capacidad para gobernar. La relación del matrimonio fue difícil, sin embargo, el papel de Isabel fue importante para la expansión borbónica en Italia.

La persuasiva reina Isabel rogó al músico italiano que acudiera a España convencida de los beneficios que aportaría al rey la magnífica voz de Farinelli. Los diagnósticos médicos recomendaban esta terapia: «música de letra y acompañamiento para curarse».
Farinelli llegó en 1737 al Palacio de La Granja de San Ildefonso en Segovia, lugar preferido por el rey para descansar, y el mismo día de su llegada sorprendió al rey con cinco arias que con gran asombro para todos hicieron el “milagro” de sacar al monarca de uno de los episodios más hipocondríacos sufridos hasta entonces. Ante su fascinación por el extraordinario cantante, lo nombró músico de cámara y más adelante criado familiar, título que suponía un gran honor y conllevaba una gran intimidad con la familia real, este “cargo” llevaría a Farinelli a atender los deseos del monarca a cualquier hora del día y en cualquier lugar, sin tener en cuenta si podía ser molesto para el resto de los habitantes de palacio.
Las actuaciones de Farinelli tuvieron un efecto muy positivo en la salud del rey; durante un año, cada noche cantaba las mismas cinco arias que les cantó a los monarcas el día de su llegada. Según el propio Farinelli escribiría: “Desde el primer día de mi llegada, he seguido esta misma vida cantando todas las noches a los pies de los soberanos y me escuchan como si fuera el primer día. Debo rogar a Dios que me conserve la buena salud para continuar esta vida; nunca hay reposo”.
Además de los beneficios que le proporcionaba la música del cantante italiano, en la que el monarca encontraba un gran consuelo, poco a poco se fue forjando una gran amistad entre el rey y el cantante, llegando a ser grandes confidentes, siendo el monarca asesorado por Farinelli en asuntos tanto personales como culturales e incluso en decisiones políticas.

Farinelli entabló muy buenas relaciones con el hijo del monarca, el futuro Fernando VI (1713-1759) y su esposa Bárbara de Braganza (1711-1758) ambos apasionados de la música y además protectores del prolífico compositor Doménico Scarlatti (1685-1767), que marcó un hito en el origen de lo que sería posteriormente la sonata clásica.
Felipe V murió en 1746 y tras su muerte la vida de Farinelli cambió al pasar de trabajar en la intimidad de palacio a ser empresario teatral y ocuparse de todas las actividades musicales y teatrales organizadas por los nuevos monarcas, Fernando y Bárbara, trabajo que desempeñó con gran eficiencia hasta la muerte del hijo de Felipe V. Conciertos, espectáculos fluviales, recitales de ópera, etc. Llegó incluso a administrar las dotaciones económicas para tales fines, convirtiéndose en un verdadero ministro de cultura. Realizó su trabajo con gran discreción, habilidad y sabiduría y por ello recibió grandes privilegios, honores y consideración, recibiendo el título de Caballero de la Orden de Calatrava, además de muy buena remuneración salarial.
Esta labor quedó reflejada en una obra titulada Fiestas Reales que el propio Farinelli redactó y en el que relata como le cambió la vida tras la muerte de Felipe V, que le llevó a desempeñar una vida completamente distinta.

El sucesor de Fernando VI, su hermano Carlos III (1716-1788), expulsó en 1760 a Farinelli. Se ha escrito sobre este asunto afirmando que el rey, debido a su desapego en cuanto a la música, actuó de forma despiadada; sin embargo, estas ideas parecen haber sido forjadas por escritores e historiadores ingleses que han querido posicionarse en contra de la política española, aprovechando la fama de Farinelli en ese momento.
Es cierto que Carlos III no era amante de la música, pero la realidad es que el hecho de expulsar a Farinelli no se debió a una falta de compasión por parte del monarca, más bien fue consecuencia de un cambio de la política de la época y la pérdida del apoyo del Marqués de la Ensenada, muy unido al cantante.

Carlo Broschi abandonó España y volvió a Italia, instalándose de nuevo en Bolonia donde, gracias a su buena posición económica adquirió una bonita villa y pudo tener una plácida vida hasta su muerte a los setenta y siete años. Su legado ha sido inmortalizado en la literatura y el cine, en este último caso en el film Farinelli, el castrado, (1994).
La relación con Felipe V constituye un capítulo fascinante de nuestra historia musical. El monarca, hombre piadoso y noble, pero con problemas de salud mental, encontró en Farinelli el consuelo de sus males; y es que en la vida es necesario rodearse de aquello que nos hace feliz y apartar todo aquello que nos perturba, porque como bien afirmaba el filósofo Epicuro (341 a. C- 270 a.C.), es esencial valorar los placeres de la vida, ya que en ellos es donde radica la magia de existir.
Málaga, 2025

