89º aniversario de la matanza de la plaza de toros de Badajoz, que nunca existió. Por Carlos Aurelio

La matanza de la plaza de toros de Badajoz que nunca existió.

La verdad frente a la ficción

 

El 14 de agosto de 1936, Badajoz cayó en manos de las tropas sublevadas dirigidas por el coronel Juan Yagüe. La narrativa oficial y propagandística de la llamada “matanza de la plaza de toros” ha convertido aquel episodio en leyenda negra, exagerando cifras hasta niveles que la evidencia histórica no respalda. Es hora de separar la verdad documentada del relato inventado.

 

Contexto histórico

 

La ciudad estaba defendida por unas 6.000 fuerzas republicanas, entre soldados regulares y milicianos, frente a 3.000 soldados nacionales. La desproporción era clara. La ofensiva de Yagüe combinó bombardeos aéreos con Fiat CR-32, fuego de artillería y combates cuerpo a cuerpo. Cuando los mandos republicanos y municipales —el coronel Puigdengolas y el alcalde Sinforiano Madroñero— huyeron abandonando sus responsabilidades, la población y los defensores quedaron a merced del enemigo. Ese abandono, mucho más que un fallo táctico, constituye una traición moral que explica la derrota y la muerte de quienes permanecieron fieles.

 

La deserción de los dirigentes republicanos

 

No se puede ignorar la cobardía de aquellos que abandonaron la ciudad en el momento decisivo. Puigdengolas y Madroñero dejaron desguarnecida a la población y condenaron a los defensores a un sacrificio casi inútil frente a un enemigo mejor preparado. Esta deserción es un factor determinante de la caída de Badajoz y un ejemplo de falta de compromiso ético y político.

 

El mito de la “gran matanza”

 

Durante décadas se ha difundido la idea de que miles de presos fueron ejecutados en la plaza de toros en cuestión de horas o días. Algunas fuentes citan cifras de 2.000, 4.000 e incluso 20.000 víctimas. Nada de esto tiene respaldo documental o empírico. Se trata de propaganda del bando izquierdista y de prensa sensacionalista.

 

El periodista estadounidense Jay Allen fue uno de los más conocidos divulgadores de estas cifras, pese a que nunca pisó Badajoz. Escribió desde Elvas, basándose en rumores, testimonios indirectos y confusiones entre lugares y fechas. Por ejemplo, confundió ejecuciones en Almendralejo con las de Badajoz y atribuyó a la Catedral bombardeos que nunca ocurrieron.

 

En contraste, el periodista portugués Mario Neves, presente en la ciudad tras la caída, constató la existencia de cadáveres y ejecuciones, pero en una proporción mucho más moderada. Su relato, menos sensacionalista, ofrece una base más sólida para la historia.

 

Testimonios periodísticos: contradicciones claras

 

Los corresponsales internacionales ofrecieron versiones muy distintas de los hechos:

  • Marcel Dany (Havas) y Jacques Berthet (Le Temps) no coincidían ni en el número de ejecuciones ni en los detalles sobre incendios y sucesos en la ciudad.
  • Jay Allen, escribiendo desde fuera de Badajoz, aportó datos que resultan incompatibles con lo que pudo comprobarse en la ciudad.
  • Mario Neves, que sí visitó Badajoz tras la caída, ofreció un relato directo y mucho más fiable.

Estas contradicciones muestran con claridad que la historia de la “gran matanza” en la plaza de toros carece de pruebas empíricas sólidas y no puede aceptarse como verdad histórica.

 

Ejecuciones y cifras verificables

 

Es cierto que hubo fusilamientos en la plaza de toros, el cementerio y otros lugares. La quema de cadáveres para prevenir epidemias añade un matiz sanitario a la violencia. Sin embargo, los registros oficiales —libros de cementerio y defunciones— documentan 688 fallecidos entre agosto y diciembre de 1936, contando víctimas de ambos bandos. Pueden existir muertes extrajudiciales no registradas, pero las cifras jamás alcanzan los números fantásticos difundidos.

 

Sobre las declaraciones atribuidas a Yagüe

 

No existe prueba documental, testimonio directo o grabación que certifique que Yagüe reconociera ordenar masacres para agilizar la ofensiva hacia Madrid. Las referencias provienen de testimonios indirectos o crónicas propagandísticas. En rigor histórico, esto es hipótesis no probada, no hecho consumado.

 

Valor crítico de los testimonios indirectos

 

La historia exige rigor. Se deben priorizar testimonios directos, documentos oficiales y evidencias materiales. Los relatos emocionales, rumores o propaganda deben contextualizarse o descartarse. La credibilidad de quienes no estuvieron presentes, o dependieron de fuentes indirectas, es limitada.

 

La “recuperación de la memoria histórica” y sus vicisitudes

 

Iniciativas contemporáneas de “memoria histórica” han recibido abundantes subvenciones públicas. Sin embargo, no existe un censo exhaustivo y público de víctimas en Extremadura y otras zonas. En algunos casos, los restos exhumados se reintegran al anonimato o se reubican según intereses políticos o particulares, demostrando que la memoria se ha convertido en instrumento partidista y económico, distorsionando la historia objetiva.

 

Principios de rigor histórico

 

Para que la historia sea auténtica deben cumplirse:

  • Principio de no contradicción: no aceptar afirmaciones contradictorias sin prueba.
  • Unicidad de la realidad: los hechos son únicos y verificables.
  • Carga de la prueba: quien afirma masacres masivas debe aportar evidencia incontestable.
  • Contextualización histórica: evitar juzgar el pasado con códigos morales actuales.

Este enfoque descarta fantasías y tergiversaciones, garantizando una historia seria y veraz.

 

Consideraciones demográficas

 

Badajoz contaba con unos 40.000 habitantes en 1930, cifra que aumentó en 1936 por refugiados y combatientes del Frente Popular. En este contexto, la cifra de muertos tras la caída es relativamente pequeña en proporción a la población, sin restar el dolor de las víctimas, pero muy alejada de las exageraciones propagandísticas.

 

Conclusión: la historia frente a la propaganda

 

  1. La represión fue real y trágica, pero no hubo masacre de miles en la plaza de toros ni en otros lugares.
  2. Los muertos registrados oficialmente no superan los 700, con un posible aumento prudente, pero lejos de las cifras propagandísticas.
  3. La deserción de los líderes republicanos fue decisiva.
  4. La memoria histórica actual está frecuentemente politizada y explotada.
  5. La historia debe basarse exclusivamente en evidencias verificables, evitando mitos que confunden y distorsionan la verdad.

Carolus Aurelius Calidus Unionis

Profesor jubilado, jubilosamente jubilado, debido a mi profunda sordera, lo cual me hace ser capaz de diferenciar entre "oír" y "escuchar", cosa poco corriente en la oclocracia (el gobierno de los que más fuerte gritan, más ruido son capaces de hacer) que padecemos.

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