Los hechos de 1714, la verdad sin adornos ni mentiras. Por Fernando M. Gracia 

PINTURA SOBRE EL ASEDIO DE BARCELONA DE 1714, DURANTE LA GUIERRA DE SUCESIÓN

«Nosotros, los que defendemos una España unida y democrática, no necesitamos tergiversar la historia. Nos basta con contarla»

Durante años, he escuchado cómo ciertos sectores del independentismo catalán han convertido la fecha del 11 de septiembre de 1714 en un símbolo de “resistencia nacional” frente a una supuesta opresión castellana. La historia, sin embargo, es muy distinta. Lo que ocurrió ese año no fue una guerra de España contra Cataluña, sino una guerra civil internacionalizada en el marco de la sucesión a la Corona española tras la muerte sin herederos de Carlos II. Reduzcámoslo a lo esencial, la Guerra de Sucesión no fue una guerra de secesión. 

Cataluña no luchó como una nación independiente, ni contra un invasor extranjero. Luchó, como lo hicieron también Valencia, Aragón o Mallorca, dentro de una España dividida entre dos aspirantes al trono, Felipe de Borbón, apoyado por Francia y la Corona de Castilla, y el archiduque Carlos de Austria, respaldado por Austria, Inglaterra y Países Bajos. Las instituciones catalanas apoyaron a este último por razones políticas y comerciales, no por un proyecto de independencia. De hecho, tanto el archiduque como Felipe aspiraban a ser reyes de toda España, incluyendo Cataluña. 

Cuando en 1713 los aliados de Carlos abandonaron la contienda, porque Carlos había sido nombrado emperador del Sacro Imperio y Europa no quería una unión entre Austria y España, Cataluña decidió continuar la guerra sola, sabiendo que estaba perdida. No fue un gesto romántico, fue un cálculo político fallido. En 1714, tras un asedio duro y largo, Barcelona cayó. Y sí, Felipe V abolió los fueros e instituciones de la Corona de Aragón mediante los Decretos de Nueva Planta. Pero no solo en Cataluña, también en Aragón, Valencia y Mallorca. Y no lo hizo “Castilla contra Cataluña”, sino un rey legitimado por el derecho de guerra que impuso un modelo centralista inspirado en la Francia absolutista. 

La represión existió, como existió en toda Europa cuando se imponía una monarquía sobre otra. Pero hablar de genocidio cultural, de ocupación o de colonización, es una mentira. Cataluña no perdió su lengua, su identidad ni su dinamismo económico. De hecho, en las décadas siguientes floreció como una de las regiones más prósperas de España, especialmente bajo el impulso del comercio con América. El catalán siguió usándose en la vida cotidiana y en la literatura, aunque el castellano se impusiera como lengua oficial, como ocurría en toda Europa con los idiomas de Estado. 

Decir la verdad sobre 1714 no es negar que hubo derrotados. Es simplemente negarse a aceptar la manipulación. No fue una guerra de España contra Cataluña, fue una lucha dentro de España entre dos visiones del poder monárquico. Cataluña eligió un bando, perdió, y el modelo absolutista se impuso, como ocurrió en otras muchas regiones europeas. Pretender que eso justifica una ruptura tres siglos después es tan débil en términos jurídicos como fraudulento en términos históricos. 

Nosotros, los que defendemos una España unida y democrática, no necesitamos tergiversar la historia. Nos basta con contarla. La unidad de España no se cimenta sobre la represión ni sobre la mentira, sino sobre siglos de convivencia, integración y reformas. El 11 de septiembre de 1714 es un capítulo trágico, sí, pero no es el mito fundacional de ninguna nación oprimida, porque esa nación, sencillamente, no existía en los términos que el nacionalismo quiere hacernos creer. 

La historia debe servir para entender, no para manipular. Y yo no pienso callar cuando se intenta usar el pasado como arma contra la verdad. 

 

 

Fernando M. Gracia Climent

Porque pienso que la humanidad no se divide en gente de derechas y gente de izquierdas, hombres y mujeres,... se divide en buenas y malas personas, escribo desde el corazón pero siempre usando la cabeza. Músico, lector compulsivo, historiófilo, proyecto de escritor, cinéfilo impenitente y Alférez de España.

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