
El espejismo del nacionalismo como liberación
Escribo esto el “Día de Extremadura” –también el de Asturias– actos que imitan a los separatismos catalán y vasco, buscando subrayar “señas de identidad”, mostrar orgullo patrio, apego al terruño, a las tradiciones, gastronomía, bailes regionales y hablas locales diferenciadas, con planteamientos victimistas sobre supuesta persecución por parte de la lengua castellana hegemónica…
Desde mi posición como ciudadano de Extremadura, concretamente del sur, de Badajoz, observo la exaltación de estas “señas” mientras se ocultan los datos reales: Extremadura es la región más pobre de España.
El nacionalismo, lejos de liberar, es un instrumento de las oligarquías y las élites extractivas, disfrazado de emancipación y sentimiento colectivo. El caso catalán de 2017, el llamado procés, es un ejemplo paradigmático de este fenómeno, un “procés kafkiano”.
El ADN del nacionalismo moderno
El nacionalismo moderno se construye sobre cuatro pilares: territorio, historia manipulada, cultura reducida a marcadores identitarios simples e instituciones que aspiran a convertirse en Estado.
Estos elementos se inculcan desde la escuela y los medios de información, creadores de opinión y manipulación de masas, reduciendo la identidad humana a un relato uniforme y excluyente. Las políticas de enseñanza de las 17 taifas han convertido el territorio español en laboratorios de relatos inventados o distorsionados: Tartessos en Andalucía, Breogán en Galicia, el supuesto Reino de Cataluña y la interpretación deformada del 11 de septiembre de 1714, entre otras muchísimas patrañas y falsedades.
En Extremadura, por ejemplo, la historia de los conquistadores se enseña de manera descontextualizada, aislada del conjunto de España, de Europa y del mundo, mientras se desconocen los nombres en castellano-español de ciudades gallegas, vascas, catalanas, valencianas o baleares. En Geografía, Filosofía o Historia, los contenidos se manipulan para reforzar relatos regionales, generalmente inventados, alimentando la fantasía y el victimismo.
Cataluña como laboratorio nacionalista
El nacionalismo catalán ha sustituido el conflicto social por el conflicto identitario. Tras la crisis de 2008, el malestar por corrupción, desigualdad y precariedad fue aprovechado por las élites para consolidar un relato de agravio histórico, instrumentalizando símbolos –lengua, bandera, himno– como armas políticas.
Fueron muchos los que se dejaron embaucar y terminaron creyendo en la república prometida por el procés, ignorando que las élites políticas pactaban con bancos y aceptaban deudas, mostrando la ingenuidad de fiarse de quienes buscan solo poder.
Las maldades universales del nacionalismo
La Guerra de Sucesión Española: lecciones históricas
La historia demuestra la complejidad de España y sus conflictos internos. La muerte de Carlos II en 1700 provocó la disputa entre Borbones y Habsburgos. Felipe V accedió al trono de España tras la Guerra de Sucesión, apoyado por Francia, frente al archiduque Carlos y la Segunda Gran Alianza.
El giro decisivo se produjo con la muerte del emperador José I en 1705: Carlos regresó a Austria y Felipe fue reconocido rey por la Paz de Utrecht (1713-1715). La resistencia austracista continuó hasta 1714 en Cataluña y 1715 en Mallorca, pero la consolidación de Felipe V puso fin al conflicto. Esta lección histórica demuestra cómo los conflictos de poder entre élites modelan el destino de las naciones, mucho más que los relatos identitarios.
Reflexiones de Gustavo Bueno sobre la Constitución de 1978 y el concepto de “nacionalidades”
Traer a colación a Gustavo Bueno, éste señalaba que la Constitución introdujo el concepto de “nacionalidades” en España, lo que permitió que ciertas regiones asumieran la condición de naciones políticas, debilitando la unidad española. Torcuato Fernández Miranda, por ejemplo, rechazó la “Constitución de las nacionalidades” por considerarla contraria a la idea de un Estado nacional unitario.
El PSOE y otras fuerzas, a través de un falso federalismo, consolidaron el “Estado de las Autonomías”, favoreciendo a oligarquías locales y fomentando la fragmentación identitaria. La situación actual demuestra que ni catalanes ni vascos, de llegar a constituirse como Estados independientes, buscarían integrarse en un proyecto común con España, sino que alimentarían su propio relato de aborrecimiento hacia la nación.
Historia mágica de España y las 17 taifas hispánicas
Fernando Sánchez Dragó, con Gárgoris y Habidis, popularizó hace casi medio siglo la «Historia mágica de España», con brujas, templarios y heterodoxos, justo cuando surgían (o mejor dicho, algunos ponían en marcha) los sentimientos autonomistas que dieron lugar al Estado de las Autonomías.
Los antiguos oligarcas del Movimiento Nacional y del Sindicato Vertical se reconvirtieron en gestores de las taifas autonómicas, aprovechando la tradición, la leyenda y, a veces, inventando relatos históricos para justificar la descentralización. La educación pública cedida a las taifas consolidó los mitos regionales, mientras se vaciaba el Estado central y se expandía la corrupción local, política y financiera. La creación del «estado de las autonomías» principalmente supuso la descentralización de la corrupción.
Extremadura: un ejemplo de abandono
Las cifras hablan por sí mismas: renta per cápita 29% por debajo de la media, desempleo persistente, población envejecida y despoblación creciente. Las infraestructuras y servicios básicos muestran retraso, mientras se gastan millones en proyectos faraónicos, aeropuertos y trenes vacíos, televisiones autonómicas y observatorios inútiles.
El “gatopardismo” se aplica con maestría: aparentar cambios mientras todo sigue igual, beneficiando exclusivamente a los oligarcas y caciques, y dejando a los extremeños comunes en la precariedad. Celebrar lo simbólico no compensa la miseria material.
9. Tablas comparativas: Extremadura frente a España y otras regiones
|
Comunidad Autónoma
|
Renta per cápita (€)
|
% Desempleo
|
% Población >65 años
|
|---|---|---|---|
|
Extremadura
|
17.500
|
18%
|
23%
|
|
Andalucía
|
20.200
|
15%
|
21%
|
|
Cataluña
|
29.000
|
9%
|
19%
|
|
Madrid
|
35.000
|
7%
|
17%
|
|
Media España
|
24.500
|
12%
|
20%
|
|
Comunidad Autónoma
|
Población 2025
|
Cambio 2015-2025
|
Migración neta
|
|---|---|---|---|
|
Extremadura
|
1.050.000
|
-5%
|
-12.000
|
|
Galicia
|
2.650.000
|
-2%
|
-8.000
|
|
Cataluña
|
7.800.000
|
+3%
|
+25.000
|
|
Madrid
|
6.800.000
|
+8%
|
+45.000
|
Conclusión: recuperar la política real y universal
El nacionalismo-regionalismo no libera, sino que cambia un amo por otro. Su motor es la lucha por el poder entre élites, nunca el bienestar del pueblo. En Extremadura y el resto de España, el Estado de las Autonomías ha amplificado desigualdades, perpetuado corrupción y fomentado relatos identitarios que ocultan la realidad.
El antídoto consiste en recuperar la política de derechos y deberes universales, re-centralizar la administración, controlar el expolio, derogar el entramado legislativo autonómico y garantizar oportunidades para todos. Solo así se puede poner fin al expolio, y a las ficciones históricas que legitiman la desigualdad.
El tiempo se agota: si no actuamos, las promesas de reforma seguirán siendo un teatro, y la fiesta del folclore y las “señas de identidad” solo servirá para disfrazar la pobreza, el abandono y la manipulación.
