(y 3) Los últimos visigodos: La furia iconoclasta de los nuevos almorávides en Tombuctú. Por José Crespo

Ismael Diadié

«El Instituto Ahmed Baba fue salvajemente arrasado por las hordas de estos nuevos almorávides, enemigos de la cultura y de todos los libros que no sean el Corán»

Recuerdo cuando el febrero de 2013 publicaba en www.elespiadigital.com, hoy www.geoestrategia.eu, el artículo dedicado a Los últimos visigodos que llegaron a la curva del Níger hace cinco siglos. Pude contactar con el Ministerio de Asuntos Exteriores desde donde ante mi interés por la situación de la vida de Ismael Diadié y la biblioteca del Fondo Kati transmitieron mis correos a nuestra embajada en Bamako.

 

También pude enlazar con personas entrañables como el profesor Manuel Villar Raso de la Universidad de Granada, Javier Lago de www.culturafricana.com, o Roberto Llorens Reig antiguo cónsul de España en Benín quienes pudieron contactar con conocidos y amigos y enviar algún mensaje tranquilizador.

 

En relación con mis consultas y pesquisas a diversas organizaciones y organismos sobre la situación de personas en Malí relacionadas con el legado histórico común hispano-malinense y el concreto sobre la Fundación Kati y su custodio Ismael Diadié pude ofrecer los siguientes datos: Me informan desde la organización Cultura Africana, aunque muy escuetamente, que la familia de Ismael Diadié Haidara Al-Cutí y él mismo se encontraban bien.

 

La biblioteca que fue arrasada por completo fue la más grande de Tumbuctú, pero al menos los documentos de la fundación Kati se habían salvado con mucha anterioridad gracias a la diligencia de sus depositarios.

 

Imagino que con la experiencia familiar de salvaguardar el legado durante 500 años al ver venir esta oleada de intransigencia y fundamentalismo islámico emplearon la misma técnica, repartir y dispersar el material hasta la desaparición del peligro.

 

El que lamentablemente sí sufrió daños irreparables fue el Instituto Ahmed Baba, que al parecer fue salvajemente arrasado por las hordas de estos nuevos almorávides, enemigos de la cultura y de cualquier libro impreso que no sea el Corán.

Instituto Ahmed Baba

Esto es todo lo que me informaron por el momento y que espero que a día de hoy se mantenga.

 

La vida de los imperios y grandes ciudades de los mismos se desarrolla como los latidos de un corazón pues se expanden y crecen mientras que en otras ocasiones se colapsan, retroceden y se pierden en el polvo del olvido. Tombuctú fue una gran vibrante ciudad llena de vida y actividad en tiempos de Yuder Pachá, cuando este almeriense, conocido como Diego de Guevara, cruzó el Sáhara con un ejército de 4000 hombres, moriscos y cristianos renegados, sembrando la zona de topónimos ibéricos y dejando una clara huella en la onomástica.

 

En aquel tiempo la ciudad tenía cien mil habitantes y una universidad con veinte mil estudiantes que competía con Córdoba y El Cairo, pero que fue salvajemente arrasada en varias ocasiones por las etnias vecinas desde mandingas, songhais, bambaras, peules y tuaregs, entre los que siempre despertaron envidias por su prestigio y legendaria riqueza. A pesar de los siglos que han transcurrido los ‘arma’ siempre han sido considerados como extranjeros en su propia tierra dando que sentían en su legado el latido de su tierra de origen.

 

 A día de hoy Tombuctú cuenta con cuarenta mil habitantes y las atrocidades continúan, sin vislumbrar una tenue luz que acabe con toda esta vorágine de intransigencia. La acción última más salvaje fue la protagonizada por el misticismo salafista del grupo Ansar al Din, socio de Al-Qaeda, cuando se apoderó del norte del Malí propugnando su línea de pureza con la llamada a la destrucción de todo lo que tachaban como expresiones de idolatría contra lo que consideran la unidad de Alá.

 

En el año 2012 las organizaciones denominadas como Al Qaeda del Magreb Islámico (ADMI), el Movimiento para la Unicidad del Yihadismo en África Occidental (MUYAO), el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) transformaron las regiones de la república de Malí como Tumbuctú, Mopti, Gao y Kidal, en un santuario sobre el que convergen miles de desarraigados de los cuatro puntos cardinales del islam africano.

 

El ya lejano 1 de abril de 2012 los rebeldes tomaron Tombuctú y el primer monumento sobre el que se cebaron fue el «Monumento a la independencia» procediendo a la total destrucción de la antigua estatua ecuestre a la que tras su decapitación procedieron a destruir la plaza circundante.

 

A los dos meses, el 30 de junio, Sanda Uld Boumana, brazo derecho de Ansar al Din, informó del inicio de la destrucción de los 333 mausoleos que rodean la ciudad, por considerar los peregrinajes a estos santos lugares «contrarios al Islam». Los primeros en ser destruidos con picos y azadas fueron los de Sidi Mahmud y Sidi Moctar, al grito de ¡Allah Akbar! A continuación el siguiente en ser destruido fue la bella puerta de madera de Sidi Yayia, una mezquita con cuatro siglos de antigüedad, dedicada a este santón hispánico, nacido en Tudela. La citada puerta siempre había estado cerrada por creerse que llegaría el fin del mundo si se abría y los salafistas le demostraron a la ciudad la falsedad de tal creencia destruyéndola. En el interior de este templo se guardan los restos de los cuatro pachás sucesores de Yuder. Si hacemos un poco de memoria este proceder nos recuerda a otras vandálicas destrucciones como las cometidas contra las dos gigantescas estatuas de Buda de Bamiyan perpetradas por los talibanes afganos.

 

Un mes más tarde, el 2 de julio, el número de mausoleos arruinados eran siete, con el absoluto silencio de la pantomima de la llamada Alianza de Civilizaciones, y ante la indignación internacional por la destrucción de Sidi Yayia, el portavoz salafista, Omar Uld Hamaba declaró a la agencia AP, Associated Press, que ellos no reconocen la autoridad de la ONU, ni de la UNESCO ni de ningún Tribunal Penal Internacional, sólo reconocen la ley de Alá que por lo visto les ordena luchar contra las estatuas, quemar libros y destruir bibliotecas. Todo ello en la línea medieval y que en la actualidad pretende ser igualmente: una religión, un cuerpo político y una civilización, es decir no una religión sino una forma de control absoluto tanto a nivel individual y colectivo.

La destrucción del legado.

Pero desgraciadamente las tropelías no quedan aquí, ¡oído a la Alianza de Civilizaciones!, donde estos nuevo almorávides triunfan se persigue a los cristianos, a los animistas y musulmanes sufíes, todos ellos considerados como herejes. Allí, además de azotar a los hombres por comportamientos poco ortodoxos como no llevar barba, además de impone como única ley la sharía a la mujer, obligándola a llevar el velo,  se prohíbe el alcohol y los cigarrillos en nombre de sus particulares interpretaciones puritana del Corán.

 

En este nuevo escenario tenemos a la hermosa Tombuctú, otrora a orillas del Níger, la singular “Perla de las arenas del desierto”, reconocida como Patrimonio de la Humanidad, en una nueva agonía lanzando un estertor fatal.

 

Para estos talibanes del desierto, ninguna superstición puede estar por encima de Alá y el centro de Tombuctú, con sus dos grandes mezquitas, Yinguereber y Sankoré, corren un inminente peligro. Yinguereber fue construida por Es-Saheli, de quien se dice que fue el mejor poeta, constructor y aventurero granadino de todos los tiempos.

El centro de Tombuctú

El emperador Kanka Musa lo encontró en La Meca y se lo llevó con él a Tombuctú, encargándole, previo pago de 54 kilos de oro, la construcción de esta famosísima mezquita, construida de adobe, como antiguamente se edificaba en España en ese arte constructivo que se llevó a América y que se perpetúa en las áridas tierras de Nuevo México y Arizona.  Yinguereber está edificada de barro cruzado con ramas de acacia, según la tipología de todas las mezquitas del Centro de África, incluso de la más espectacular de todas ellas, la de Gjenné, considerada la Roma del Islam.

 

La segunda mezquita, Sankoré, o “Señor Blanco” en lengua songhai, se ubica en la plaza del Gran Día, estaba rodeada de 50 madrasas y constituía el centro de los 20.000 estudiantes de su universidad, con una pujante biblioteca de más de 100.000 manuscritos de los que todavía se conservaban 20.000 en el Centro Ahmed Babá, donde se guardan joyas como el Tarik el- Sudán, libro clave del siglo XV, según nuestro Ortega y Gasset. El pachá español, Mamhud ben Zergún le envió en el siglo XVI parte de esta biblioteca al califa al-Mansur de Marrakesh y, para evitar las guerras intestinas entre sus hijos, los libros se enviaron por barco y, a la altura de Tánger, don Alvaro de Luna los apresó y envió a El Escorial, toda una aventura bibliófila que bien podrían llevar al cine nuestros artistas de la cinematografía.

Ahmed Babá

Manuel Pimentel en Los otros españoles, explica que los libros entonces viajaban como el oro a lomos de camello y todavía existen pequeñas bibliotecas en Segou, Kayes, San y Mopti, aunque no sabemos durante cuánto tiempo y si ya han sido destruidas.

 

El profesor Manuel Villar me comentaba que cuando viajó a Tombuctú en 1983, se podía pasear libremente por sus calles y por las orillas del Níger, igual que habían paseado los historiadores románticos del XIX como Alexander Gordon Laing (1826), René Caillié (1828) y Heinrich Barth (1853), y el geólogo Oscar Lenz (1789-90) que con su amigo español Cristóbal Benítez visitaron esta ciudad perdida. Benítez escribió su crónica titulada Viaje a Tombuctú.

 

Hablar hoy de Tombuctú es hablar todavía de aquella ciudad perdida, a pesar de su moderno aeropuerto y de su carretera asfaltada, que hacen olvidar la aventura y pesadillas de aquellos exploradores o de nuestro profesor Villar quien relata el viaje de una semana en todoterreno desde Bamako y dos desde Gao por un sofocante desierto que abrasas las gargantas.

 

Todo a la vista es ruina y la región, sin recursos humanos, agoniza sin remedio, engullida poco a poco por el inmenso desierto. Tras cada tormenta sus sufridos habitantes se ven obligados a reconstruir sus casas de barro.

 

En este momento lamentablemente las arenas ya han cegado lo que se conocía como el Canal de los Hipopótamos, que antes llevaba el agua a Tombuctú desde el río, y hoy situado a siete kilómetros de distancia… «Todo es silencio alrededor y no se oye el canto de los pájaros», según escribiría René CailliéHoy, nada queda en pie de su anterior grandeza y de su belleza serena.

 

El Profesor López Guzmán pone de manifiesto que lo único relevante es su arquitectura civil de dos pisos, sus arcos de piedra, celosías y puertas de madera con clavos, que todavía hablan de Al-Ándalus que recuerdan la ciudad de Granada del siglo XVI.

 

El barrio universitario, donde antes habitaban cientos de profesores se encuentra está semiderruido y la casba de Yuder Pacha, junto al ayuntamiento, totalmente perdida. Jesús Lens afirmaba que Tombuctú en otros tiempos era un polvorín literario, floreciente de poetas y de conciertos musicales y hoy la ciudad ha perdido a sus poetas, santos y leyendas.

 

El profesor Villar sentencia que Tombuctú ha dejado de ser la fiesta bulliciosa que él y sus compañeros de la Universidad de Granada habían conocido tiempo atrás en calles y plazas y que hasta los grandes cantantes de Malí, Alí Farka Touré, Salif Keita, Nawaka Doumbia, Fantana Touré… han dejado de visitarla cuando antes cantaban el gozo de la vida en ella para ahora desde la distancia hacerlo con expresiones de dolor.

 

Las últimas noticias que nos llegaban era anuncios del avance de las fuerzas coaligadas que estaban a punto de expulsar de las ciudades a las fuerzas terroristas, pero el gran problema es que el desierto es inmenso y una vez que los grupos terroristas se diluyen será muy difícil destruirlos pues será como buscar una aguja en un pajar, mientras que ellos en acciones de guerrillas podrán concentrar por sorpresa en puntos concretos su fuerza lanzando aguijonazos envenenados contra las pequeñas poblaciones indefensas.

 

Esperemos que el occidente europeo no dé la espalda a su historia, recuerde su pasado y de dónde le vinieron los ataques en otro tiempo, ayudando a los que luchan por la libertad allá donde se encuentren, y no solamente donde haya petróleo o un beneficio inmediato.

Los tesoros amenazados de Tombuctú.

Pero también tengamos presente que la solución deberá tener una implicación seria de Europa, pues recordemos que hasta el día de hoy y lamentablemente la ONU no han superado ningún enfrentamiento armado, pues como máximo lo han remitido en el tiempo silenciándolo con parches temporales, pero que a la larga afloran de nuevo con más virulencia. Recordemos las situaciones vividas en Oriente Medio, Grandes Lagos, Sudán, la antigua Yugoslavia o Ucrania, que siempre terminan con la colocación de simples parches a costa de sufrimiento y muchas vidas.

 

Y esperemos tener buenas nuevas en breve de todas las personas conocidas de ese país y que la paz se haga, tras recuperar la libertad y no al revés, y que personas como Ismael Diadié y sus descendientes, al-Cutí, sigan manteniendo el legado patrimonio de la Humanidad del que son depositarios para las siguiente generaciones.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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