El final. Por Rodolfo Arévalo

El final.

 «La vida va pasando y solo esperamos que sea agradable y libre de padecimientos. Solo eso, vivir en paz. ¿Qué más se puede pedir?»

Aún recuerdo los días en los que, despertar por las mañanas, era una alegría que podía ofrecernos lejanos horizontes. Estaba todo por hacer y había tiempo, al menos alguno, el esperado para poder cumplir los objetivos. En la juventud teníamos tiempo hasta para derrochar, el final de la vida estaba lejos, muy lejos y no era previsible que ésta, la existencia pudiera terminar en cualquier momento. Los amaneceres traían el relajante revuelo de aleteos y voces de las golondrinas. Salir al balcón del patio interior de la casa de mis padres era una fiesta para los sentidos. Había un gran espacio entre cuatro bloques de edificios que daban a un patio enorme con un aparcamiento de coches cubierto. Allí en aquel gran espacio, revoloteaban las golondrinas y sembraban el aire con sus voces y vuelos. Estaba claro que algún día del otoño volarían a lugares más cálidos. Era en principio lo que nosotros los jóvenes, dependientes aún de nuestros padres, deseábamos hacer algún día. Finalmente, cuando podíamos sustentar nuestros gastos por nosotros mismos, salimos de aquella circunstancia de la adolescencia y primera juventud. 

Esto, vivido como una época de libertad, no era ni más ni menos que lo que estaba escrito en textos sagrados, fueras creyente o no, se cumplía lo dicho acerca de abandonar tu casa y formar una nueva familia. Y Sí, es así como cada uno llegó a formar su propio nido en otro lugar. Solo o con pareja, cada cuál supo que había llegado el momento de emigrar por los senderos que marcaban sus vidas. 

Hoy día, todo aquello parece muy lejano y quienes somos abandonados por los hijos que ejercieron en el nido de golondrinas implumes, hoy nos van abandonando, para irse a otros lugares en donde formar sus nidos, es ley de vida. Es triste volver a la casa del principio, donde compartías tu vida con una hembra, llenaste de hijos y ahora se marchan. A veces el silencio es insoportable y solamente lo rompe mi perrita Abbey que viene a pedirme que la coja en brazos, mientras los dos reflexionamos y escribimos en el ordenador. En resumen la vida va pasando y solo esperamos que sea agradable y libre de padecimientos. Solo eso, vivir en paz. ¿Qué más se puede pedir? 

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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