
«La política pese a que mayoritariamente interesa menos a la mayoría, lo pringa todo. La vida de todas las personas está absolutamente mediatizada por el arte de prohibir»
Leía un editorial en el que incidían en la idea de que la política no lo es todo. En un primer instante pequé de romántico y asentí con la cabeza mientras lo releía de nuevo pero tras posarse la idea en mi cabeza, me di cuenta que no es cierto. Sin embargo me gustaría que así fuera y por eso estas líneas. A ver si me convenzo, a ver si les convenzo.
La política pese a que mayoritariamente interesa menos a la mayoría, lo pringa todo. La vida de todas las personas está absolutamente mediatizada por el arte de prohibir. La política se mueve gracias al miedo y este es un sentimiento fácilmente manipulable por parte de quienes ejercen el poder. Hoy no voy a entrar en diferenciar buenos y malos gestores de lo público pues eso desgraciadamente es una quimera fruto del estado de ánimo que se padezca y, especialmente del sesgo que gasta cada cual, pero lo cierto es que el tono bronco que se escucha en las instituciones manejadas por la casta (como la llamaba el otro), demuestra que la polarización no emana del pueblo sino de la clase política.
Está demostrado que el tono empleado en las conversaciones entre las personas nos condiciona, de hecho quien vende miedo provoca terror, quien favorece la ansiedad con su mensaje incita al desasosiego, y quien trasmite maldad, genera odio.
Desde hace siete años y pico por lo que sea se dice que España está radicalizada. Unos dicen que por culpa de Sánchez y lo que representa (la destrucción de la Nación española como la conocemos). Otros dicen que por culpa del bipartidismo. Y los que gobiernan y sus partidos satélites dicen que por culpa de la ultraderecha.
Las tres opciones son validas pues el partido mayoritario en España es el de la abstención, señal de que el mensaje de todos y cada uno de ellos genera rechazo y hastío. Si nos pusiéramos esplendidos y sacáramos medias y promedios a desgana, el porcentaje de la intención partidista medida en la participación en actos, eventos o manifestaciones de carácter político es irrelevante. Sin ir más lejos el día del final de La Vuelta a España los alborotadores, es decir, el Gobierno y sus títeres defendieron que los pro-palestinos sumaban la cifra avalada por la Delegación del Gobierno partidista de 100.000 personas, mientras que desde el Ayuntamiento, se diferenciaba la gentuza del público en general dejando la cifra de los radicales de extremo sanchismo en 6.000.

Cuando el PP nos moviliza, el día que más acudimos somos 100.000 personas. Cuando lo hace VOX como máximo acudimos 15.000. Si quien convoca es la izquierda en general por temas laborales relacionados con la sanidad o la educación acuden como mucho 20.000. Si es por la denominada por ellos violencia de género acuden como máximo otros 20.000. Y si el motivo es para fomentar desviaciones de tipo sexual, quizás llegan a 30.000. Por último y no menos importante están los sindicatos de clase y estos cuando convocan a su gente, no llegan ni a 2.000.
Mientras tanto si el Real Madrid juega Liga y Champions en la misma semana es capaz de reunir a 140.000 madridistas y si lo hace el Atlético, unos 120.000 colchoneros. Cuando hay toros en Las Ventas se reúnen 24.000 taurinos y si es en feria (San Isidro) pues lo mismo durante el mes que dura reuniendo a más de 576.000 este año. El Movistar Arena por poner otro ejemplo en 2024 congregó a 2 millones de personas. El Metro de Madrid el año pasado lo usaron 715 millones de viajeros, la EMT 476 millones, Cercanías Renfe 242 millones. Un día cualquiera en la maldita zona de bajas emisiones (ZBE) circulan 800.000 coches y en la última maratón participaron 13.000 personas, en la media 23.000 más otros 9.000 que corrieron 10 km. sumando entre las tres categorías, 45.000 corredores.
En tiempo semanalmente, si sumamos el de los telediarios de las seis cadenas generalistas más la autonómica de turno suman 66 horas de informativos y no incluyo ni TreceTV, ni El Toro TV, ni Canal Red. Además en las autonómicas (al menos en Madrid) hay un programa por la mañana y otro por la noche sobre política, total: 15 horas más. En las privadas depende, pero mas o menos suman por las mañanas unas 4 horas, o sea 80 horas a la semana.

RTVE si embargo (por lo que sea) invierte 42, y media sólo entre la 1 y la 2. Fíjense que no cuento las 24h diarias del canal 24h de la televisión pública repitiendo los telediarios, mas su espacio de noticias y la tertulia política diaria de lunes a viernes. Tampoco he sumado el tiempo del Informe semanal de la 1 los sábados, ni los programas supuestamente de humor infectados de política en todas los canales generalistas, en todo caso, ¿es justo tal exposición? Desde luego que no, pero bueno, por si fuera poco debiéramos sumar el tiempo que dedicamos a informarnos gracias a las publicaciones de medios oficiales en las redes sociales y revistas de opinión como puede ser esta que ahora mismo está consumiendo (cosa que le agradezco).
No se yo, igual salvo lo que supone leer opinión pura y dura sobre lo que sea, pues sin duda resulta siempre enriquecedor, lo demás en gran medida es prescindible y poco recomendable para nuestra salud, y así debe ser para la mayoría de la gente del partido abstencionista pues está demostrado, que recibir mensajes en forma de informaciones tensas nos hacen más sensibles ante esas noticias y por tanto, nos las terminamos tomando como provocaciones, cuando en realidad son simples hechos, situaciones o declaraciones que en la mayoría de las ocasiones ni nos van ni nos vienen y que en condiciones normales, no deberían afectarnos.
Así que un consejo si me lo permite. Cuando se siente para dedicar un tiempo para informarse, no permita que las preocupaciones ajenas se sienten con usted. No se deje secuestrar ni pierda la perspectiva, el estrés emocional es contagioso y muy peligroso, y lo saben.
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Feliz día de San José de Cupertino.
Españazuela a 18 de septiembre de 2025.

