
«La imagen exterior de España ha vuelto a quedar por los suelos, cosa ya muy habitual en los últimos años de desgobierno socialcomunista»
Este “aviso a navegantes” fue lo primero que me vino a la cabeza tras el desastroso final de la Vuelta Ciclista a España en Madrid, que ya había tenido sus precedentes en varias de las metas anteriores en Vascongadas, Cantabria, Asturias y algunas localidades de Castilla y León. Una especie de ensayo de lo que puede suceder si esta izquierda casposa actual pierde el poder. Supongo que el Partido Popular es consciente de lo que le espera.
La imagen exterior de España ha vuelto a quedar por los suelos, cosa ya muy habitual en los últimos años de desgobierno socialcomunista. El periódico francés Le Monde, nada sospechoso de ser de ultraderecha, titulaba así lo ocurrido: “La vuelta terminó bajo una lluvia de gases lacrimógenos”. Por su parta, el New York Times, decía que “Las protestas contra un equipo israelí paralizan una importante carrera”. El británico The Guardian decía que “Una multitud enorme derribó las barreras mientras las fuerzas de seguridad perdían el control de la situación” y el alemán Frankfurter Allgemeine dijo que “Los manifestantes lograron acceder a la ruta, algunos instando al boicot a Israel y detonando fuegos artificiales verde y rojo”. “Líderes” de lo malo, como siempre.
Conviene recordar lo que decía el doctor Plagio cum Fraude en una comparecencia “plasmática” del 16 de octubre de 2019: “El legítimo derecho de manifestación y reunión que está reconocido en nuestra Constitución en el artículo 21, debe estar amparado. Sin embargo, no hay causas, no hay razones, no hay ideales, que amparen o justifiquen el uso de la violencia en una democracia como la española, que ha conquistado la libertad tras un esfuerzo largo y doloroso. Por eso, la primera obligación de cualquier demócrata es impedir que la violencia se imponga sobre el derecho a convivir en paz de millones de catalanes y catalanas –un derecho que, visto lo ocurrido en Madrid en la llegada de la Vuelta Ciclista a España, parece que no reza para los madrileños–, sea cual sea su opinión política… Precisamente por eso deseo hacer un llamamiento expreso al presidente de la Generalitat de Cataluña: tanto él como los miembros de su gobierno tienen el deber político, tienen el deber moral, de condenar sin excusas y sin paliativos, con máxima claridad y determinación, el uso de la violencia en Cataluña…”.
Llamamiento que no hizo, sino al contrario, a su delegado de gobierno en Madrid, Francisco Martín, que hacía méritos ante su jefe: “En Madrid, en los últimos meses, no se han asesinado a 65.000 niños, no se han bombardeado hospitales, no se ha acribillado a niños y niñas. En Madrid no se mata a la gente de hambre, donde todo eso está pasando es en Palestina. En Madrid, hoy, se ha interrumpido una carrera ciclista”. Y, lo más importante, que le faltó decir: ‘en Madrid gobierna con mayoría absoluta, cada vez mayor, Isabel Díaz Ayuso, la enemiga mortal de Fray Perico’.
Pero como “se coge –con perdón a mis amigos hispanoamericanos– antes a un mentiroso que a un cojo” –renco, dirían ellos–, que dice nuestro sabio Refranero, en la sesión de “control” –es un decir, porque no se controla nada, ya que las respuestas nunca se ajustan a las preguntas– al desgobierno del miércoles, Alberto Núñez Feijoo le dejaba al aire sus vergüenzas, esas que no tiene: “Para usted todo es un juego de trileros, que imputan a su mujer, Miley; que encausan a su hermano, Trump; que su número dos sigue en la cárcel, Eurovisión. Usted no defiende ninguna causa, no, solo quiere tapar sus vergüenzas. Ayer se publicó que la Justicia le ha dado 60 días para investigar un conflicto de intereses por el rescate de una compañía por 475.000.000 de euros, en la que su mujer tenía intereses económicos, ¿ya tiene una nueva cortina de humo? ¿va a retirar los equipos españoles de la Euroliga de Basket? ¿va a retirar la selección española del mundial? ¿cree que los españoles podemos vivir en esta inestabilidad populista?”.
Sonó peor la respuesta de la viceprimera y ministra de la “extorsión” impositiva al ciudadano, la del eslogan “Tus impuestos vuelven” –menos lo que se queda por el camino– María Jesús Montero: “Miedo es el que tiene el Partido Popular y especialmente el señor Feijoo a no llegar vivo al final de la legislatura”.
Y no deja de ser paradójico que pretenda quedarse con la calle alguien que, como estamos viendo en los últimos años, no puede pisarla sin recibir calificativos poco reproducibles y recuerdos no gratos a su santa madre, que seguramente no tendrá ninguna culpa, pero a juzgar por lo que demuestran sus dos hijos conocidos –no sé si tendrá más la buena señora–, el showman y el músico, deja serias dudas de su labor maternal. Bien es verdad que el fugitivo de Paiporta tiene algunos socios expertos en movilizar masas y destrozar la vía pública, pero no debe tenerlas todas consigo y por eso quiere colonizar también el único de los tres poderes que le queda por controlar, el Judicial, que, pese a que a veces da señales de lo que dijo Alfonso Guerra: “Montesquieu ha muerto”, tiene bastante contra las cuerdas a media familia, algunos miembros de su gobierno y al propio partido socialista. Por el momento, sí tiene de su lado al hoy convertido en tribunal de casación, otrora Constitucional, presidido por uno de sus títeres, Cándido Conde “Podrido”, el que se manchaba la toga con el polvo del camino, y también a su fiscalía general del Estado y parte de la abogacía del Estado, a las que ha convertido en parte de su “establo”, aunque, afortunadamente, las asociaciones mayoritarias de jueces y fiscales han dejado meridianamente clara su gran discrepancia con el asaltante de instituciones.
También su delicado perfil, presuntamente delictivo, suyo y de su familia, gobierno y partido, como decía, está teniendo enorme repercusión fuera de nuestras fronteras. Así, me llegaba hace unos días un editorial de una televisión hispanoamericana, que por su interés reproduzco, cuya presentadora resumía perfectamente al personaje y su situación: “Y mientras los escándalos estallan uno detrás de otro, como petardos de feria, Pedrito el engominado –este mote no lo tenía registrado– sigue haciendo lo único que le sale bien, lloriquear en cámara, posar de mártir profesional y culpar a la oposición de los delitos que comete su propia gente. Este personaje ha manipulado y destrozado las instituciones del Estado como si fueran su juguete personal, ha convertido la Fiscalía en una máquina de guerra política, la televisión pública en una fábrica de lavado de imagen, los cargos de poder en una red clientelar de lealtades baratas, donde lo único que importa es cubrirle las espaldas. Hasta su fiscal general está siendo investigado por usar información secreta contra Ayuso, la presidente de Madrid. Es decir, el fiscal, que debería defender la ley, violándola y el presidente, al que debería caérsele la cara de vergüenza si es que la tuviera, escondido tras bambalinas ensayando la próxima puesta en escena. Un traficante de influencias vestido de estadista, que ha hecho del poder una empresa familiar, de la mentira un proyecto de Estado y de la política un show cutre de supervivencia personal. Y esto no es una mancha, es una cloaca sistemática que ha secuestrado el poder del Estado. Y la pregunta ya no es si lo sabía, la pregunta es cuánto controló, cuánto avaló, cuánto encubrió, porque solo un psicópata de moqueta roja, como les digo, puede salir a pedir perdón por haber confiado demasiado. España no puede seguir gobernada por un hombre cuya relación con la verdad está clínicamente muerta, un ególatra compulsivo que miente sin pestañear, gobierna sin escrúpulos y usa las instituciones como si fueran suyas. Y lo más grave, que lo hace con la sonrisa fría de quien ya no distingue la ambición del delito. Si España quiere salvar lo que queda de su democracia, tiene que dar por terminado este experimento populista que ha convertido La Moncloa en un escenario de teatro barato y las instituciones en marionetas de un narcisista terminal. Esa es la realidad”.
No podía quedar mejor sintetizada esa Triada Oscura, narcisismo, maquiavelismo y psicoptía que Rosa Díez comentaba con mucho acierto hace algún tiempo, en Libertad Digital, que era el síndrome que afectaba a nuestro presimiente. Un síndrome que he escuchado decir a algún psiquiatra que tiene muy difícil, si no imposible, curación, así que más vale que se cumpla lo que decía al final la periodista hispanoamericana.

