
«La comunicación política es una técnica, otra de tantas, para desviar malamente la atención, o el tiro (como prefieran), para tratar de que no se hable de lo importante»
Pues así de escueto y de directo nuestro presidente hace unas jornadas —ustedes me perdonarán por el retardo—, se las gastaba por X, anexando (o recomendando diría yo) el enlace (o link) en la red social Instagram de la cuenta de su oftalmólogo, el cual especialmente por su bien, espero que no haya recibido trato de favor en temas de subvenciones o contratos con la Seguridad Social por la campaña de la MEMA sobre eso de las «gafitas gratis para casi todos», ustedes ya me entienden, pues el universo sanchista esta lleno de «Barrabéses» y claro, luego nos viene con que si «no le consta».
Para más sorna pude comprobar al azar, o al azahar (como nos decía un mal jefe que tuve allá por el principio de los dos miles, cuando se nos ponía en plan filosofal a justificar el porqué del devenir de las cosas, nuestra suerte, y los acontecimientos), que además el profesional de la vista o visión de las cosas, fue entrevistado por la cadena SER, sin que, sinceramente me vea capacitado para opinar sobre a cuento de qué.
Bueno. El caso es que supongo que llegados a este punto del partido, alguno se preguntará: ¿Y de que nos está hablando este buen hombre? Pues muy sencillo, de las gafas que utilizó ora para leer, ora para rebuscar información entre sus papeles mientras trataba de ocultar su nerviosismo más que evidente, a la par que era sometido al interrogatorio en la comisión de investigación correspondiente creada en el Senado para explotar políticamente, el caso Koldo-Ábalos-Cerdán- Aldama-Begoña-PSOE-Sánchez, y lo que te rondaré morena.

Después de todos estos días en los que no pude hacer acto de presencia por causas mayores, me preguntaba como reanudar nuestras conversaciones, las cuales por desgracia están siendo desde el inicio de este curso un tanto intermitentes —como digo muy a mi pesar—, y como lo de retomar mis quehaceres pseudoliterarios con el atrevimiento y mala costumbre de utilizar el «como decíamos ayer» del gran Unamuno, seguramente lo debí realizar en septiembre, pues me ha parecido adecuado seguir como si nada obviando todo lo que ha sucedido durante este impase, pese a que muchas de esas cuestiones dan mucha vergüencita ajena, y seguramente, hubiera dado para cachondearnos bien de ellas.
Las gafas.
Pues estas —las gafas—, para la inmensa mayoría, estoy seguro que resulta un asunto anecdótico e incluso baladí. Yo mismo al verlo por televisión reconozco que no le otorgué la menor importancia pues como cantaba el grupo español de pop-rock Modestia aparte: “son cosas de la edad, ha, ha, ha, ha”, aunque al comprobar como el mismo Sánchez, Óscar Puente, e incluso Rufián le daban tanto al bombo opacando en el arte al mismísimo Broncano, pequé, —porque lo hice—, y busqué una foto del autócrata, la amplié y presté atención al modelo de gafa.
Primero y básicamente, porque coincide que el que la suscribe está necesitado de ellas y uno anda pensando en cambiar de modelo y porque no, hasta de estilo, pero en segundo lugar, y no por ello más importante, para hablarles de este tipo de gestos elegidos intencionadamente para las grandes ocasiones en la mal llamada comunicación política. Y digo mal llamada, porque efectivamente es una técnica, otra de tantas, para desviar malamente la atención, o el tiro (como prefieran), para tratar de que no se hable de lo importante, y alguno dirá… ¡de la corrupción, de la corrupción! Pues no mis queridos “amiguis”, aquí lo importante e imperante es hablar de lo viejo, arrugado y consumido que está el hijoputa.

Hace casi diez días que escribí por X refiriéndome y contestando al negr@ que le escribe los tuits a Sánchez: «no me extraña que te estés consumiendo». Pues todavía a día de hoy hay gente que le gusta y lo retuitea. Gente inteligente o intelectual sin duda alguna pues esa también es la cuestión.
Fíjese si será banal la cosa, que mientras me leía del tirón el sábado por la tarde un libro de bolsillo titulado: La pista “Sarasate”, cuyo autor, Enrique Robertson, cuenta que usando —según él—, «la técnica sherlockiana» (de Sherlock Holmes), descubrió o al menos eso dice, que logró descifrar porqué el gran poeta Neftalí Reyes Basoalto (de tintes muy rogelios, por cierto) tomó, adoptó o ideó (quien sabe), su seudónimo (o nick o nickname como se dice ahora) y se hizo llamar Pablo Neruda. Y entre pitos y flautas mencionó al detective inglés lanzando una pregunta en el libro El signo de los cuatro, (Pomaire 1980) al inefable doctor Watson: «¿Cuántas veces le tengo dicho, que una vez eliminado todo lo que es imposible, la verdad está en lo que queda, por improbable que parezca?». Y como se suele decir en «politikes» para rellenar espacio y alargar el tiempo de las respuestas o intervenciones: de esos barros estos lodos. Y aquí estamos: hablando de gafas, comunicación política, humo pata tapar la escandalera, (y tal y tal) que no está mal para ser lunes…
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Feliz día de San Martín de Porres.
Españazuela a 3 de Noviembre de 2025.

