
«Hoy en día saber la vida y milagros, de cualquier pajarito, por diminuto que sea, es algo que solo requiere el esfuerzo de teclear su nombre en la barra de búsquedas de tu ordenador»
Antes, hace ya una pila de años, no me sentía igual que ahora, por supuesto que no. Todos los asuntos humanos tenían otro ritmo, uno más tranquilo. De hecho, la posibilidad de pasar unas horas de la tarde escuchando un Long Play, recién comprado y volver a hacerlo varias veces era, no solo algo deseado, si no posible.
Hoy en día las cosas que ocurren me resultan un poco improvisadas, por su ritmo caótico. Mucho más incluso cuando, hace cincuenta años, las cosas eran muy diferentes en cuanto a posibilidades. Quizás fuera, por ese ritmo más lento, o porque no había internet, ni posibilidad de obtener una información sobre cualquier tema de manera instantánea, si no fuera que tuvieras una enciclopedia inmensa como algunos tenían. Aun así, una horita de manejar volúmenes pesados no nos la quitaba nadie.
Hoy en día saber la vida y milagros, de cualquier pajarito, por diminuto que sea, es algo que solo requiere el esfuerzo de teclear su nombre en la barra de búsquedas de tu ordenador. Un sinnúmero de páginas y lugares web se ofrecerán, para dirigirte a una respuesta tan verdadera como objetiva.
Pero volviendo a la actualidad he de decir que, aunque esta facilidad, la de buscar por el ordenador en redes de todo tipo, ahorra tiempo, no es más cierto que contribuya a despejar mejor las incógnitas. Es más, en ocasiones, la propia búsqueda genera aún muchas más dudas. Esto que puede hacer que nos sintamos rodeados de posibilidades, que hagan imposible finalizar la indagación, solo es una trampa, para seres curiosos, como somos la mayor parte de los seres humanos. Se abren nuevas preguntas, a las de partida y así un continuo, que puede irse alargando casi de manera infinita. Por otra parte, es un asunto que deja libertad absoluta a la imaginación, si no tenemos que ajustarnos a la verdadera realidad de las cosas. No la que genera nuestra percepción, ya mediada por nuestro pensamiento. Pero sí, la que elaboró a posteriori el impacto primario de ese estímulo, que probablemente ya se hallaba de manera más o menos evidente interior del cerebro.
Lo que ya no está tan claro es si la imaginación humana es más o menos importante en los grandes hallazgos en cualquier tipo de ciencias o simplemente aportan una ayuda mínima a nuestras neuronas. Son las preguntas acerca de la realidad, algo a priori sobre lo examinado, o lo es esa realidad. Para mi es algo difícil de saber, habría que hacer experimentos, y aunque yo no lo tenga constatado es probable que ya estén hechos.
Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo que: Antes, todos los asuntos humanos tenían otro ritmo, uno más tranquilo. De hecho, la posibilidad de pasar unas horas de la tarde escuchando un Long Play, recién comprado y volviendo a hacerlo varias veces era, no solo algo deseado, si no posible. Hoy en día las cosas que ocurren parecen tener un ritmo caótico. Mucho más incluso que, cuando hace cincuenta años, las cosas eran muy diferentes en cuanto a posibilidades. Quizás fuera, por ese ritmo más lento, o porque no había internet, ni posibilidad de obtener una información sobre cualquier tema de manera instantánea, si no fuera que tuvieras una enciclopedia inmensa como algunos tenían.
