
«Pedro Sánchez no parará hasta eliminar todo vestigio de lo que un día fue España, matará la justicia, asesinará la Monarquía, y, por último, nos masacrará a nosotros»
Corrupción e injusticia, manipulaciones y escándalos, oscuridad opacidad y saqueo, complacencia ante los criminales etarras, pasividad ante los propios delincuentes, mentiras e inseguridad, traición y sectarismo, golpismo, prostitución, totalitarismo, tráfico de influencias, blanqueo de capitales … progreso y cianuro.
Ante esta indignidad perfectamente planificada, las palabras anteriores han sido gotas malayas a las que la democracia española se ha ido acostumbrando poco a poco, lo mismo que las putas de Sabiniano a la incomodidad de los camastros donde eran explotadas. Les prometo que el símil no es rebuscado, ha brotado con naturalidad.
Esta indecencia continuada, con la anuencia de sus votantes, y la colaboración extraordinaria de su pocilga mediática, ya estaba constituida desde antes de la toma del poder, con ETA cómo notario mayor de la ignominia. El muro ya estaba construido, solo faltaba su inauguración, el padrino, y nombrar guardianes.
Uno de los pilares más importantes en democracia lo constituye la justicia, siempre y cuando ésta sea todo lo independiente que la democracia misma necesite para ser justa, ecuánime, y digna de ser respetada como tal.
Lo contrario es lo que tenemos ante nosotros, una basura confeccionada a medida de un degenerado, vacuo y demencial, servido fielmente por un correveidile sin sustancia ni presencia, para que su puto amo pueda perpetuarse en el poder, saquear el estado, fagocitarlo, y reducirlo a cenizas. Por tanto, sin justicia no hay democracia, hay sanchismo.
Si alguien puede vanagloriarse de haber sido el tonto útil de todas las arbitrariedades cometidas por Sánchez, ese es Félix Rodríguez Bolaños, conocido en el argot como el moderno Andréi Vyshinski.
Tras la moción de censura a Rajoy, el latrocinio y la falsedad continuada se perpetraron desde el centro del poder de la nación, es decir, desde la residencia oficial del jefe del gobierno. Sus cómplices a título de esbirros, su gobierno, peones indispensables para poder transitar desde la democracia a la autocracia, sin posibilidad de marcha atrás.
¡Qué tragaderas tiene que tener quien pacta con lo peor del lumpen carcelario español! ¡Qué principios puede atesorar un despreciable embustero! ¿Los mismos que atesoran la jauría de hienas que le apoyaron? O tal vez peores aún, dados los principios prostibularios de los que en gran parte de su vida estuvo rodeado.
Hace unos días nos enteramos de una reunión mantenida por Sánchez con el jefe los criminales etarras, Otegui. Noticia negada por el puto amo, sus putos esclavos del consejo de ministros, y sus mil veces reputísimos lacayos de la pocilga mediática a su servicio.
Las concesiones que le sacaron las ratas etarras, son tan obvias como repugnantes, centenares de criminales vascos gozan de libertad gracias a la inmoralidad de Pedro Sánchez.
El peor enemigo de Sánchez es él mismo, su hemeroteca le delata, su delincuencial forma de gobierno, también. Es lo que él mismo denunció, así pues, no hay difamación sino relato fiel de sus actos.
Estamos en manos de una banda criminal organizada empeñada en retorcer la mano de los jueces del Supremo, liquidar la Constitución y el estado de derecho. Justicia con mayúsculas la que aun resiste, una parte sustancial de jueces y fiscales que aun imparten y respetan la LEY.
En ellos descansa la defensa de la democracia española como fieles y dignos garantes de la LEY. ¿Y el resto de jueces y fiscales progresistas a qué dedican sus esfuerzos? Muy sencillo, a seguir en posición de firmes esperando órdenes de su amo.
Mientras el otrora valeroso pueblo español baila sobre la cubierta de su particular Titanic, la nación española agoniza esperando el tiro en la nuca por mano del que prometió servirla y respetarla, Pedro Sánchez.
Nos hundimos sin remedio en una ciénaga tenebrosa, con la cobarde complacencia de una derecha que solo mira por su conveniencia, sus intereses, y sus miserias. ¡Allá ellos con su conciencia! ¡Allá nosotros con nuestra sempiterna cobardía!
Pedro Sánchez no parará hasta eliminar todo vestigio de lo que un día fue España, matará la justicia, asesinará la Monarquía, y, por último, nos masacrará a nosotros, los más idiotas, los más cobardes. Allá cada uno con su conciencia.
¡VIVA LA LIBERTD!
¡VIVA ESPAÑA!

