
«El legado del pueblo vikingo, pionero en América, es cada vez más conocido. Sus memorias siguen fascinando a muchos enriqueciendo la comprensión de nuestra historia»
El pueblo vikingo, además de ser navegantes expertos y tener una fuerte capacidad de adaptación al medio, eran excelentes comerciantes y estaban organizados en una sociedad compleja y bien estructurada, habiendo creado el primer parlamento en el mundo, conocido como Althing.
Como curiosidad, llama la atención el cuidado que prestaban a su higiene personal, usando peines de madera y saunas. Con respecto a la imagen que se ha tenido de ellos, siempre representados con cascos adornados con cuernos, parece ser que esto puede haber sido un mito creado en el siglo XIX, posiblemente inspirado en los relatos de sacerdotes germánicos que utilizaban este tipo de cascos. La existencia de mujeres guerreras ha sido confirmada tras los hallazgos arqueológicos en los que han aparecido enterradas con sus armas.
La estructura social era flexible, las diferentes clases sociales podían mezclarse entre ellas contrayendo matrimonio y teniendo descendencia, no habiendo distinción entre hijos legítimos e ilegítimos. Existían tres clases sociales, los nobles (jarls), los hombres libres (karls) y los esclavos (thralls), estos últimos capturados en poblados celtas o anglosajones que vendían no solo en mercados europeos, también en Medio Oriente. Con respecto a su vida cotidiana, vivían en granjas en las que producían para el abastecimiento familiar; el buen estado físico era importante por lo que mantenían una vida activa con entrenamiento con armas o deportes como la natación.

Los conocidos como berserkers eran guerreros que entraban en un estado de locura, con un comportamiento agitado y una fuerza y velocidad sobrehumanas; probablemente esto era producido por el consumo de plantas y hongos alucinógenos y alcohol. En cuanto a alguno de las leyendas que se han transmitido sobre ellos, no es cierto que bebieran en los cráneos de los enemigos que habían aniquilado, esto se debe a la mala traducción de las Sagas.
Los exploradores vikingos son conocidos por sus hazañas marítimas en todo el continente y el impacto de sus acciones, sin embargo, la llegada al continente americano ha sido algo no muy conocido por muchos hasta hace unos años.
El primer contacto con América fue en el año 1021 tras llegar por el oeste a L´Anse aux Meadowsn en Terranova, donde establecieron un campamento base, ya que en él no podían cultivar, para explorar nuevas tierras hacia el Sur.

Teniendo en cuenta que las condiciones climáticas de la época, en la que el clima era más cálido, los colonos buscaban nuevos pastos, caza, pesca y madera, como se menciona en los documentos que hacen alusión a estas expediciones.
Motivados por la escasez de recursos en Groenlandia, emprendieron el viaje que los llevaría a tierras americanas, capitaneados en un primer momento por Leif Erikson (c.970-c.1020) y Thorfinn Karlsefni (c.980-c.1007), siguiendo la ruta conocida desde el año 874 cuando conquistaron Islandia, donde se asentaron tras desavenencias con el rey Harald I de Noruega (851-933). Años más tarde Erik el Rojo (950-1003) huiría de Islandia siguiendo los pasos de sus antecesores.

Las excavaciones arqueológicas han incrementado los datos sobre las colonias en Groenlandia en el Este y Oeste; fueron promovidas por el gobierno danés antes de la Segunda Guerra Mundial, han salido a la luz estructuras de viviendas, edificios para la celebración de asambleas, cementerios y una catedral, en Garöar, no de grandes dimensiones, pero con crucero.
El primer testimonio posterior a los hechos lo encontramos en 1075, en la obra Historia de los arzobispos de Hamburgo, de Adam de Bremen (c. 1050-c. 1085), una crónica realizada por un clérigo danés formado en la corte danesa sobre las expediciones. En esta obra aparece por primera vez el nombre de Vinland.
Los Anales Islandeses también hacen referencia a este nombre, así como a otros dos asentamientos, Helluland, Tierra de las piedras planas, localizada en la Isla de Baffin, la costa más inhóspita de América del Norte y Markland, Tierra de los bosques, en la península del Labrador.

Las Sagas son historias contadas en forma de leyenda de lo ocurrido en estas exploraciones; contaban lo sucedido en cuanto a los enfrentamientos con la población local centrada en los tres territorios citados. Con ellas se preservó su historia, a veces debatida, al ser historias escritas, aunque basadas en la tradición oral.
En torno a este tema surge la controversia, pues aparecieron varios hallazgos como inscripciones rúnicas en Oklahoma o la llamada Piedra de Kensington en Minnesota, descubrimientos que resultaron falsos
En 1965 la Universidad de Yale en Estados Unidos publicó el mapa de Vinland, una muestra cartográfica de la mitad del siglo XV con la que se aseguraba el descubrimiento de América por los vikingos; sin embargo, era una publicación marcada por intereses políticos e ideológicos.

Hubo ciertas reservas acerca de los documentos que acompañaban al famoso mapa, un fragmento de Speculum Historiae escrito por el fraile dominico Vincent de Beauvies (c. 1190-1267) y una relación hecha por un fraile llamado Capino, ya que éstos estaban impresos en un papel con la filigrana de la fábrica de Renania, (Alemania), mientras que el mapa no la tenía; además, el desconocimiento por parte de la grafía latina por parte de los historiadores noruegos y daneses, creó ciertas dudas.
El mapa provocó controversias a plantear la cuestión sobre si Cristóbal Colón (c.1451-1506) conocía la existencia de este antes de iniciar su aventura; por otra parte, tras el análisis de la tinta se comprobó que la tinta utilizada en el mapa tenía un componente que se empezó a utilizar a partir de 1920, por tanto, los documentos eran originales del siglo XV, pero quedó probado que el mapa de Vinland era falso.

Los asentamientos vikingos en América se desarrollaron durante siglos y su desaparición es paralela al descubrimiento de América por Colón. Las relaciones comerciales con Escandinavia influyeron para que estos asentamientos finalmente no prosperaran, ya que la monarquía quería controlar el comercio prohibiendo el paso de los barcos si no contaban con los permisos reales; a lo que hay que añadir el enfriamiento del clima, que dificultaba el transporte en el estrecho y el no entendimiento con las tribus locales.
El legado del pueblo vikingo, pionero en América, es cada vez más conocido. Sus memorias siguen fascinando a muchos enriqueciendo la comprensión de nuestra historia, la historia de Occidente.
Málaga, 2025

