Conversaciones en el andamio: ¡Viva el despotismo constitucional! Por Francisco Gómez Valencia

¡Viva el despotismo constitucional!

«Le damos un sí rotundo al despotismo constitucional y quedamos emplazados para que reclamemos, con un par cuando cambien las tornas, que dicha técnica maquiavélica de ostentar el poder sea utilizada del mismo modo»

Como de costumbre no recuerdo adrede la fuente, pero escuché a alguien decir este «finde», que el actual sistema político español es un ejemplo flagrante de despotismo constitucional.

Uno que no es experto en la materia se sigue sorprendiendo porque exista un Tribunal Constitucional sin ser poder judicial. También me mosquea que no esté formado al 100% por jueces y sus sentencias sean de obligado cumplimiento, a diferencia de como sucede con lo que emana del Consejo de Estado. Llámenme raro. 

Y puede que lo que más me flipe es que además me tenga que creer que sirva para decidir que es o no constitucional, y que para hacerlo lo haga en beneficio del poder ejecutivo que le nombra para su propio beneficio, y que además para ello se la pase últimamente tumbando las sentencias del Tribunal Supremo suplantándolo por la cara actuando como el último y más grande de los tribunales, solo para las cuestiones excepcionales que ordena Moncloa ya que para lo ordinario no está, resultando al final como otro cutre engranaje más, cuya finalidad solo sea acrecentar el relato de manera inagotable, pues parecen estar dedicados «a full» a la reinterpretación de la realidad y de paso, de ciertas sentencias sensibles —hasta algunas bien ejecutadas— que perjudican grosera y directamente al Gobierno o a sus socios de investidura. 

Decía un juez de los que me gustan a mí el pasado jueves en un canal facha de los minoritarios, que por encima de sus ideologías son jueces y que cuando se ponen la toga se olvidan de que el asesino de turno sea un hijo puta (bueno esto es de mi cosecha particular), o que el político y por lo tanto chorizo de este o aquel partido se merezca lo peor (y esto también es mío), pero vamos que ustedes ya me entienden pues hasta los tertulianos también lo hicieron ya que el juez emérito  habló muy clarito. Al decir que se olvidan de sus ideologías al empuñarse, daba por hecho que cada uno de ellos tienen ideología y aclaró, que algunos interpretan las leyes según su sesgo político y entonces, se murió otro gatito de esos que nos entretienen por las redes sociales. 

Otro capitulo de la actual distopia en la que vivimos está servido, y ya les digo que ni el mismísimo John Stuart Mill sería capaz de explicárselo mejor pues, desgraciadamente  solo basta con poner a Vicente Vallés cualquier noche para comprender, que no se sabe muy bien como igual que ha pasado en el Congreso, la asociación minoritaria de jueces (y lo mismo para los fiscales) parten el bacalao, por lo que es evidente que las altas esferas del poder judicial también está secuestrado por las excrecencias de la carrera.

Andaban los políticos el sábado celebrando sus menesteres parlamentarios (bueno todos menos los extremistas que andarían en sus cosas de extremistas), y resultó gracioso que la presidenta del Congreso Paquita Armengol, utilizara su tiempo para ponerse en modo institucional para intentar quedar bien ante la opinión publica que la tiene calada, pues hay que recordar que la lio parda con las mascarillas de Koldo (que ya veremos como acaba), y que cuando estábamos todos confinados ella no estaba sola, pues estaba de parranda. 

Bueno que decía que «la mi pobre» intentó tender puentes nada menos que a estas alturas de la película obviando que ellos son los arquitectos del pifostio. Acto seguido salió su jefe «Caradelgá», y se puso a romperlos (que ni la DANA) sin inmutarse y a su rabo, la prole de ministros (los más repelentes de entre los repelentes), previamente  escogidos para destemplar gaitas. Y preguntados por los «aguerridos periodistas parlamentarios» (los mismos que firmaron el manifiesto excluyente contra las moscas cojoneras, y que forzaron al Gobierno para echar a Vito Quiles y por tanto también y sin saberlo al mismísimo Antonio Maestre, alias «Miguel Lacambra» en tuiter para insultar anónimamente), continuaron haciendo lo mismo atacando cada cual al líder autonómico pepero que más odian y que pretenden sustituir, dejando a la pobre Paquita a la altura del betún, o sea del barro, o el famoso fango, o de los zapatos que lo pisan, o la fábrica que lo elabora. Menos mal que por debajo siempre queda otro escalón donde reside el tipo gris del PP que preside el Senado y que parece, que está para hacer de dama de honor de la otra en todos los saraos.

Termino: un déspota es una persona que abusa del poder y de la autoridad que su cargo le otorga, y constitucional, es un término que se refiere a los plazos y procedimientos recogidos en la Constitución. Obviamente juntar ambos términos da repelús pero que no se me asuste nadie, en Españazuela ya sucede al menos desde que Sánchez se inventó desde su andamio el pacto con los golpistas para ostentar el poder como un déspota, que es lo que es. Ellos lo disfrazan como algo positivo declarando que sus políticas son fruto de la negociación y el dialogo, pero al menos tengamos claro que lo hacen fuera del ámbito establecido por la constitución, y como esta parece que desde que está Conde Pumpido a las ordenes de Moncloa es interpretable como dije antes y solo en la dirección que marca el autócrata, pues ambos términos casan perfectamente, así que desde aquí arriba, le damos un sí rotundo al despotismo constitucional y quedamos emplazados para que en caso de que cambien las tornas, reclamemos con un par, que dicha técnica maquiavélica de ostentar el poder sea utilizada del mismo modo pero en el sentido que nos gustaría, pues servidor es muy fan de Maquiavelo, que le voy a hacer.

¡Ah! ¿Qué eso no significa tener muy desarrollado el jodido sentido de Estado? ¡Upss!

Feliz día de la Inmaculada Concepción.

Españazuela a 8 de diciembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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