
«El país duerme mal y no descansa lo suficiente. La política apesta y su hedor contamina el aire que respiramos por eso, afirmo que el estado mental de los españoles está lacio y confuso»
La podredumbre avanza inexorablemente en todos los ámbitos mientras las televisiones hablan solas desde sus rincones con verborrea mecánica. La gente las mantiene encendidas porque se encuentra sola y porque le gusta escuchar voces para descansar entre sus propios discursos. Qué cosas, la locura de tantos permite después a ciertos culpables alardear de sus patéticos éxitos. Si tuviéramos en cuenta que una gran mayoría es virgen (políticamente hablando), se entendería mejor que aquello que fue ya es un cadáver gigantesco. El mundo está hecho por y para las familias por eso, demasiados aceptaron que es mejor estar solos que mal acompañados mientras escuchan el ruido de fondo, y eso me genera añoranza. Qué habrá sido de quienes sembraron con el sudor de su frente el afán de probidad que todavía a ciertos nos hace sulfurarnos. Hace tiempo tuvimos tiempo porque éramos su dueño pero hoy ya no es cierto porque en cierto modo se nos ha acabado y/o estamos en ese triste proceso de descomposición. Y cuanta más gente cae en esto, más se suman a la aceptación de esta locura como una salida fácil para sobrellevar lo cotidiano pues ya no existen recuerdos o quizá sí, y resulta que solo existen recuerdos. Hace años que todo es lo mismo, igualmente la vida resulta desangelada y destartalada. Todo es profundamente desmoralizante pues la confusión se superpone sin remedio y eso provoca que nadie espere nada nuevo o que recuerde a aquello que anhelamos.
El país duerme mal y no descansa lo suficiente. La política apesta y su hedor contamina el aire que respiramos por eso, afirmo que el estado mental de los españoles está lacio y confuso. El despiste es de tal calibre que quienes saben las respuestas deben ser simples exponiendo sus ideas o de lo contrario no habrá vuelta atrás. España y los españoles nos movemos de manera imprecisa y esa descoordinación controlada desde el poder político nos ensombrece como sociedad. Se acabó el tiempo de prueba porque tantos ya no recuerdan cómo se logra alcanzar la concentración. Quienes a duras penas logran alcanzar ese éxtasis, sienten sofocos y la melancolía los atenaza al verse rodeado de necios e incompetentes en su mismísima cotidianeidad. La mediocridad y la estupidez ha vencido y quienes se han dado cuenta son minoría. Normal que el vértigo sea tan preocupante. La palabrería reina y los insensatos imponen su doctrina a chorros. Los débiles aduladores son legión y eso resulta humillante porque quien ha conocido el éxtasis ya no admite sucedáneos.

2026 arranca enmarañado en viejas esperanzas y aunque su embriagador perfume nos hace perder la consciencia deambulando inmersos en el deseo de un mundo mejor, la lucha de otros en otras latitudes por salir del desvalimiento nos mejora de lo nuestro analgésicamente, aunque la realidad de nuestra proximidad a la corrupción patria nos derrumba recordándonos que seguimos desteñidos, reventados y carcomidos. Los hechos irrefutables por ejemplo en materia fiscal o jurídica de esta última semana y los vergonzantes acontecimientos de siempre nos desgastan a marcha forzada, nos envejece a todos y nos hacen resultar penosos. Ciertamente todos y cada uno de los españoles estamos condenados por el peso de nuestra vergüenzas y atesoramos tantas medallas por ello desde hace tantas décadas, que sólo merecemos ser condecorados por nuestro fracaso.
Lo más hermoso, triste y pobre será comprobar como su desdicha llegará gracias a que por su propia burricie fruto de su egoísmo descontrolado, su éxito culminará cuando les cuelguen algún estupro y su desgracia tornará en una partidista felicidad colectiva. Llegado ese momento se debería purgar definitivamente a esa cochambre que sentirá lastima por los captores. Qué asco me dan, siempre permanecen a flote gracias a sus remordimientos. ¡Cuidado con ellos pues son el mérito de nuestra desgracia! —España ha muerto —Calla, calla que te van a oír—.
La realidad española era tan frágil que se nos ha roto delante de nuestras narices y ahora cada uno va a su aire. Cuando los que aún buscan el éxtasis comprendan que ya es imposible reunir los pedacitos de aquella realidad mejor nos irá, aunque mientras están en ello, algunos seguiremos remendándolos pues sobrevivir zurciendo interminablemente la Historia con mayúsculas nos aportará las dosis justas de enjundia para llegar hasta nuestros respectivos finales. Me apetece afrontar la política torvamente y quien no lo entienda allá que se joda. Estoy saturado de arrebatos afectuosos pues viniendo de enfermos resultan engañosos, tanto, como los de un drogadicto, un corrupto, un mentiroso, un borracho o un pederasta. Esta manera de sentir la política actual ejerce o actúa para muchos como un puente necesario para creer a medias en los nuevos viejos proyectos de aquellos que ya nos defraudaron pues de lo contrario, qué sería del mañana. Hasta el más pintado necesita un norte que a regañadientes le sirva como fuente de pasión pues sin ella no hay futuro. Hoy no hay pasión, hoy manda la mediocridad y el caos. Si lo pienso fríamente me da miedo pues el tiempo se nos escapa como el agua entre los dedos. Era obvio, estaba tan cerca que no lo vimos venir, somos culpables sin derecho a redención. Y como me irrito me permito volver a la vereda porque me da la gana midiendo si me apetece mis palabras o mis pasos mientras desgasto los zapatos al desandar el camino para reiniciar el calvario. Qué mejor medicina que jugar con la pasión tratando de sobreponernos por los pecados de los demás.
Creo que volveré al valle.
![]()
Feliz día de San Benito.
Españazuela a 12 de enero de 2026.

