Derecho Internacional. Por José Crespo

Derecho Internacional

«No se puede hablar de derecho internacional ni de soberanía si se deja a un lado al titular de los mismos que es la persona»

Es tremendo escuchar a todos los enemigos de España cómo se les llena la boca con el término de ‘derecho internacional’ con el propósito exclusivo de amparar a un presidente ilegítimo, corrupto además de criminal o a un régimen teocrático y criminal.

 

Y digo enemigos de España pues Podemos y todas sus ramificaciones llegaron desde el chavismo para destruir España, no hay más que escuchar a uno de sus fundadores, deshumanizador y cosificador como el que más, cuando decía que él no puede decir ‘España’.

 

Los neocomunistas son partidos filoterroristas y filoseparatistas que llegaron para abiertamente destruir España pues no creen en el estado-nación sirviendo a intereses políticos y económicos externos que les financian y a poderes antiespañoles internos, los partidos secesionistas con los que actualmente mantiene su gobierno Sánchez. En esa línea de destrucción de España es en la que debemos entender el feminismo woke, que apoya a los islamistas, pues, aunque inicialmente pueda parecer aparentemente una contradicción, también vienen a minar y a destruir España. 

 

Esa basura ideológica que clamaba por Gaza y que defiende el trapo humillante para la mujer ahora calla ante los sucesos de Irán y las valientes mujeres iraníes a las que Juana Belarra y la Montero no le llegan ni a la suela de la sandalia.

 

También se les llena la boca con el término de derecho internacional, disculpa para defender a un dictador, gobernante ilegítimo, defendido una y otra vez por Zapatero.

Juan de Mariana

Ahora que se habla tanto de derecho internacional cabe preguntarse si existe el derecho a derrocar a un tirano, una revolucionaria cuestión que no se planteó recientemente sino desde el Cristianismo del Siglo de Oro español, en palabras y pluma del sabio erudito Juan de Mariana. Para conocerlo debemos trasladarnos al ‘Ochavo de los Jesuitas’ en Toledo, un espacio oculto, íntimo, espiritual y fascinante dentro de la iglesia jesuita de San Ildefonso, que funciona como una capilla relicario de planta octogonal que alberga reliquias importantes, como espinas de la corona de Nuestro Señor Jesucristo y fragmentos de la Santa Cruz, siendo un rincón sagrado y poco conocido de la capital imperial toledana. Su nombre, «Ochavo», se debe a su forma de ocho lados, lugar símbolo de la Fe y del arte barroco toledano, con paredes de un color rojo que representan la sangre de los Mártires.

 

Allí yacen los restos de un pensador que a día de hoy incomoda al poderoso y a los que defienden a los dictadores. Se trata de Juan de Mariana (1536-1624), era un jesuita, que además de filólogo, teólogo fue historiador y filósofo político, que junto con Baltasar Gracián, Pedro de Ribadeneyra, Juan Eusebio Nieremberg y Francisco Suárez, configura el ejemplo más representativo de los escritores e intelectuales españoles de la Compañía de Jesús durante el Siglo de Oro, conocido como ‘segunda escolástica’.

 

En 1599 publicó una de sus obras cumbre que hoy llamaríamos incendiaria por su profundidad y valentía en el pensamiento político no solamente español sino europeo y occidental, me refiero a su obra “De rege et regis institutione”.

A la izquierda De rege et regis institutione (1599). A la derecha Historia General de España (1601)

En su obra el padre Mariana afirmaba que un Rey debe obedecer las mismas leyes morales y justas que obligan a cualquier vasallo. Tremenda afirmación que hoy deberían aplicarse todos los corruptos que nos imponen su maldita voluntad, pues su autoridad derivaba de un pacto con el pueblo, que le obligaba a gobernar con justicia y en beneficio común, no como un tirano por encima de la ley o como un abúlico que simplemente actúa como elemento decorativo.

 

El Rey recibía su poder del pueblo, y a cambio, se comprometía a mantener la justicia y la ley, creando con ello un vínculo mutuo de doble dirección de lealtad. Si el Rey incumplía sus deberes y se convertía en tirano, el pueblo tenía derecho a resistir y recuperar su poder, lo que justificaba el tiranicidio. El padre Mariana defendía que el Rey, aunque promulgara leyes, debía estar sometido también a ellas y a la moral, como cualquier otro ciudadano, para evitar el abuso de poder, argumentando que «el príncipe es sobre las mismas leyes», pero debe seguirlas.

 

Así nos dice que si se gobierna como un tirano… el pueblo no sólo puede rebelarse, sino que puede derrocarlo.

 

Mariana escribió la obra por encargo de su amigo García de Loaysa, preceptor de Felipe III responsable de formar al futuro monarca en principios de buen gobierno, y aunque Mariana no fue directamente preceptor del mismo, sí fue una figura intelectual clave y su obra, dedicada a la educación de príncipes y la ciencia política, influyó en la formación de monarcas y élites de su época, incluyendo a los Habsburgo españoles.

 

El libro fue dedicado a Felipe III y buscaba instruirlo en el arte de reinar, ofreciendo principios para un gobierno justo, aunque más tarde se le acusaría de regicidio por sus ideas.

 

Y hablando de libertades, oscurantismo y leyenda negra, recordemos que cuando Enrique IV fue asesinado el 1610, el parlamento de París ordenó quemar públicamente el libro de Juan de Mariana por considerar que su justificó el asesinato del rey, a pesar de que Mariana defendía que un tirano podía ser depuesto si actuaba contra el derecho natural. Aunque el asesino, François Ravaillac, supuestamente no había leído el libro, las doctrinas de Mariana sobre el derecho a acabar con monarcas tiránicos provocaron la censura y la quema de ejemplares en Francia en junio de 1610.

 

En cualquier caso, Mariana no defendía el caos sino los límites al poder y el derecho moral a resistir la opresión.

 

El padre Mariana falleció en la capital toledana y sus restos reposan en el ochavo del templo citado. Es justo recordarle en estos días de flagrante abuso de poder, de tiranías derrocadas o en peligro de ser derrocadas.

Francisco de Vitoria

No se puede hablar de derecho internacional ni de soberanía si se deja a un lado al titular de los mismos que es la persona. El mismísimo Francisco de Vitoria (1483-1546), fue padre del derecho internacional por postular un orden mundial basado en el derecho natural, defendiendo la dignidad y derechos inherentes a todos los seres humanos, incluidos los pueblos indígenas de América, estableciendo bases para la comunidad internacional y la guerra justa más allá de las fronteras nacionales y religiosas, sentando las bases de los derechos humanos modernos.

 

Respecto al derecho natural y la dignidad humana Vitoria sostenía que los seres humanos poseen derechos fundamentales por el simple hecho de serlo, independientemente de su origen o fe, como el derecho a viajar, comerciar y poseer bienes, que son exigibles incluso frente al Estado. Fundador de la Escuela de Salamanca, sus enseñanzas, las ‘Relecciones’, influyeron profundamente en juristas y pensadores posteriores, sentando bases para el derecho internacional moderno. Su trabajo es un antecedente fundamental para la concepción de un derecho global y los derechos humanos.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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