
«Ya no basta con lamentos, es tiempo de lapidaciones o al menos el cuerpo lo pide. Que Dios nos perdone por pensar así. ¡Malditos sean!»
Ayer se celebró en Huelva la «missa pro defunctis» por los fallecidos en los accidentes ferroviarios y se nos rompió de nuevo el alma al comprobar el dolor de quienes sobrevivieron y de quienes han perdido a sus seres queridos.
Un funeral en el que de nuevo todas las autoridades (empezando por los reyes colocados aparte) ejercieron como azafatos de lujo, echaron la jornada generando gasto público improductivo y probablemente, acumulando dietas que después reclamarán a sus respectivas organizaciones porque ellos estaban trabajando, ellos fueron obligados, ellos estaban actuando, ellos son actores, cómicos especialistas en dramatizarlo todo vilipendiando hasta el aire que respiramos y sobre el que nos aplican impuestos ruines y disparatados.
Junto al rey y la otra, otra vez María Jesús Montero, caso aparte, caza mayor, el mal personificado, carne picada, bazofia política producida en el sótano del vil socialismo andaluz, el más clientelar y corrupto, inigualables en el robo, el vicio, el despiporre, expertos en malversar y enchufar, en traicionar, en WordPerfect, en rendir fronteras, en arrodillarse ante el moro, el narco y el guiri, siempre mintiendo al pueblo.

A su vera dos ministros de relleno y de perfil muy bajo sin peso alguno en la PSOE, dos mangutas de la organización criminal sin ninguna personalidad, dos vagos, dos impresentables de usar y tirar cuando las circunstancias lo precisen y sucederá, con un simple chasquido de los dedos del amo.
Y Andalucía, esa tierra que un día solo fue campo, cortijo de pocos y de tantos y tantos sirvientes, de ilustres poetas enfermos por abrazar el surrealismo y después el comunismo, de contrastes y certezas, de secano y de mar, de carne y pescado, de putas y santas, de sangre y arena, de horrible cerveza y tan buen fino. Tierra de sol y sombras, muchas, quizá demasiadas, en definitiva; tierra de bandoleros y de sus herederos los socialistas, los comunistas y los socialdemócratas ochenteros, anacrónicos seseantes y ceceantes que travestidos de liberales siguen siendo felipistas en pleno siglo XXI.
Qué lastimita me da esa pobre gente que ha perdido con todo esto. Qué dolor sentirían quienes recogieron sus pedazos o llegaron tarde y anduvieron despistados desconociendo que había otro tren. El otro tren.
Pero qué desgraciados los mentirosos que se baten el cobre desdiciéndose jugando al juego de las palabras, debatiendo la diferencia entre decir integral, o decir integral, cuando lo mollar no es diferenciar entre criminal y asesino, ni entre irresponsable político o político socialista o comunista pues son lo mismo.
Ni Sánchez ni Puente asistieron al funeral porque no son cristianos. ¡Apestados, mejor así! Imagino que muchos de los presentes habrán pensado —pues acaso hasta el más pintado no hubiera gritado— ¡Pedro Sánchez hijo de puta! ¡Oscar Puente asesino! Porque algunos no somos mejores. De lo contrario que vas a gritar…, ¿ay que me lo han matado? Qué va, ya no basta con lamentos, es tiempo de lapidaciones o al menos el cuerpo lo pide. Que Dios nos perdone por pensar así.
De eso se aprovechan, no hubo ni un reproche, ni un mal gesto, el pueblo se muere, al pueblo nos matan y no solo en los trenes, nos matan a sorbitos, a golpe de telediario, a golpe de talonario. 216.000 euros es la indemnización por morir en un tren sanchista, y todavía habrá algunos que los darán las gracias y celebrarán pagar impuestos para redimir sus pecados. ¡Malditos sean!
«Réquiem aeternam dona eis. Domine, et lux perpetua luceat eis».
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Feliz día de Santa Martina.
Españazuela a 30 de enero de 2026

