
«Usted sabe mucho de todo igual que la gente que vive mal aquí… ¿De veras esperan que el golpe lo tenga que dar Heloncio Musk? ¡Jajajaja!»
Me dice mi primo “el moha” que no tiene ni idea de si los presidentes en su país durante las segundas legislaturas se vienen arriba y se la pasan más tiempo por ahí que en su propio país atentando contra los suyos, pero él que es un Señor de su casa, tiene su propia tele en su propia habitación en el piso que comparte con varios ilegales también del gremio y que curran en otras cuadrillas —no tan profesionales como esta claro está—, y ve que nuestro felón no pisa tierra y se ríe de todos nosotros hasta desde la cuenta del mismo PSOE. Y no se lo explica y claro, niega con la cabeza mientras le hablo del sueño español y se lamenta porque de momento no puede votar a VOX para defenderse de los que lleguen detrás de él y que estarán delante de todos nosotros.
Y yo que tengo más paciencia que el santo Job con él y con todos los demás, puesto que si no los tuviera a ellos, tendría contratados a otros desgraciados igualmente sin darles de alta en la Seguridad Social le explico, que aquí siempre nos sucede, que es bastante normal que desaparezcan en combate como le sucedió al mismísimo Chuck Norris (el de vacaciones en Vietnam).
Al principio, se me queda mirando así como muy seriamente, como si no tuviera teléfono móvil, redes sociales, familia e hijos, casa, coche y hasta garaje en su primitivo país totalitario. Mire, me dice el gachó, allí no tenemos casi servicios públicos tan bonitos como los suyos, tampoco hay trabajadoras sociales tan preocupadas por los extranjeros y mucho menos, voluntarias tan guapas para bailar, pero yo aquí estoy, y regularmente envío íntegramente no la mierda que me paga cada semana…, ¡Válgame Dios qué gasto tan inhumano y que esfuerzo tan en vano! Pensé yo para mis adentros…, sino lo que me paga el Estado mensualmente por residir aquí ilegalmente, me termina de asegurar.

Yo le miro con cara de perro así como para que se achante pero a él, el rictus serio le dura cero coma y se descojona en mi cara. Señor Gómez: en mi país ya estaríamos a tiros o le hubieran cortado los cojones al jefe si nos hicieran lo que les pasa a ustedes en este que también ya es nuestro país. Si ustedes vienen a mi país de vacaciones o a hacer el moña, nos respetan «guevón«. Lo que pasa es que aquí están acostumbrados a ir sentados en el tren. Nosotros vamos, encima del tren…, ¡m’entiendes tú! No, si te entiendo, le contesto. Lo que sucede es que aquí somos más civilizados…, ¡copón, que somos occidente! Les digo a todos levantando el tono y los planos considerablemente para imponer respeto desde mi absoluta españolidad.
Y en ese mismo instante, vuelvo a ver como gira la cara por respeto (supongo) y de nuevo su estruendosa carcajada me hunde en la miseria delante del resto de “los compas” los cuales también se ríen de mí (y por lo tanto de todos los españoles) y me dice: «usted sabe mucho de todo igual que la gente que vive mal aquí…, ¡muy bien! Sin pegar golpe nadie eh, todos enfermos, locos y gordos pero… ¿de veras esperan que el golpe lo tenga que dar Heloncio Musk? ¡Jajajaja!»

¡Putos mamahuevos! Dice otro que tal baila desde el otro extremo del andamio… ¡Qué dices tú panchito! Le dice el moha marrón al otro marrón. ¿Qué que digo? ¡Que no mames marica! ¿Marica yo? Y una lluvia de cemento me cayó sobre mi Barbour que ni con el casco blanco estaba a salvo de semejante jauría de españolazos y madrileños con acento que no se puede aguantar, así que allí los deje, que se jodan, hoy no les devuelvo en la furgoneta a la Plaza Elíptica, allá se maten.
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Feliz día de San Felipe y Santa Águeda.
Españazuela a 5 de febrero de 2026.

