Globos. Por Diego Pardos 

Globos. Foto El Mundo.

 «Para resolver las incógnitas de esos crímenes sería muy necesaria la información que los terroristas aberchales se guardan sobre los mismos»

En el diario El Mundo del martes día 10 firma Josean Izarra una noticia con el siguiente titular: “El PNV sancionará a VOX por lanzar 379 globos negros en el centro de Vitoria para denunciar la impunidad de crímenes de ETA”. Pedían justicia, claro. Para resolver las incógnitas de esos crímenes sería muy necesaria la información que los terroristas aberchales se guardan sobre los mismos. Pese a lo cual el Gobierno Vasco les va concediendo la gracia del tercer grado penitenciario. La gracia o el euskotxoteo, que viene a ser lo mismo. 

 

No tuvieron buena idea los ultramontanos, herederos acaso de la extinta Unidad Alavesa o los mismos españolazos requetés que celebran  todos los años el acto de Isuskiza para conmemorar con una misa en Landa la toma del monte en 1936. No tuvieran la mala idea de soltar los 379 globos negros llenando los cielos de la plaza de los Fueros, do gobierna la socialista Maider Echebarría, pues justo en ese momento, sin duda avisada por los servicios secretos jeltzales, la tenienta de alcalde o teniente de alcaldesa (que uno ya no sabe cómo acertar) observaba desde el campanario de San Vicente la suelta de globos, ayudada de un potente catalejo, como el Magistral don Fermín de La Regenta. 

 

Beatriz Artolazabal dudaba si aplicar la Ley de Espectáculos o la de Residuos para sancionar el tan contaminante acto. Por lo visto, esos globitos suben hasta explotar y hacen una ruidera similar a la detonación de un cartucho asustando a los contribuyentes. Además, los restos de goma caen desperdigados por la ciudad rompiendo el encanto de sus calles y jardines. Así que multa al canto. 

 

Cerca del lugar se encuentra el Memorial de Víctimas del Terrorismo (antiguo Banco de España). Y un poco más allá el colegio de los marianistas, cuyo bedel, señor Juan Cruz Montoya, cayó asesinado en la calle un año antes de que lo hiciera el comandante Velasco. El jefe de los Miñones fue acribillado a balazos en su coche tras dejar a sus hijas en el cercano colegio de las Ursulinas. Pero eso importa poco. Un edil ha de estar ocupado en lo verdaderamente importante. Que los simpáticos chicos de Sortu colocan lonas homenajeando a etarras, no importa: el plástico de los carteles de seguro es sostenible y ecológico y procederá de alguna industria afincada en Mondragón que trabaje con material reciclado. Que los jatorras de las cuadrillas del kalimotxo y la txozna se divierten jugando con balones y pancartas reclamando la amnistía en la bajada del Celedón: no importa tampoco, hay que dejar que la juventud se desfogue. Y si hay que pegarle fuego a la bandera de España o al cajero automático de la oligarquía financiera resultará que los humos cumplirán los parámetros contaminantes del consistorio. De manera que los nostálgicos (o sus vástagos) pueden volver cualquier día a las andadas y quemar el bus urbano en la zona de bajas emisiones sin necesidad de ir a las afueras. No me imagino a ningún concejal, por muy meticuloso que sea, que vaya a perder su tiempo en multar a los “gudaris” de la kale borroka por esta o la otra normativa de residuos. 

Las campas de Armentia.

 

Lo peor de esta historia, no obstante, está por llegar. En pocas semanas se celebrará el día de San Prudencio y los alaveses tendrán su día de fiesta grande en las campas de Armentia. Allí se instalarán puestos tradicionales de productos locales para degustar (quesos, miel, dulces, embutidos y vino). Pero también se buscarán la vida los vendedores de globos. Y la niña querrá que el aita le compre uno de Dora la exploradora; y el nene que la ama le ponga en la mano uno de Bob Esponja. El SIGLO (Sindicato de Globeros) ya ha pedido audiencia a doña Beatriz para negociar una moratoria sobre las estrictas ordenanzas municipales que afectan a su tenencia de alcaldía. No más multas, por favor; no más sanciones. Bastante tienen ya los abuelos con los lloros de las criaturas que han perdido el globo apenas sujeto por un delgado cordel. Bastante tienen como para que ahora haya que pagar una sanción de dos mil euros porque la Hello Kitty se ha fugado con el golfo de Woody. 

 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

Artículos recomendados

Deja un comentario