
«Anchos son los campos castellanos y más ruinosos aún sus caminos. ¿Serán conscientes del jardazo? Lo serán amigo mío»
Como el que no quiere la cosa y con la lumbre aún humeante de Aragón, ya estamos de nuevo en precampaña, esta vez en Castilla y León. En serio que se lo cuento, y no es broma ni chascarrillo. ¡Qué sí señora mía! Que hasta Abascal lleva una semana, así que poca broma y menos algarabía pues, algunos ya van con zangarriana, y otros pintan cual Palomino. Qué cosas maese mío, de aquí, no se me mueva ni Pío. Si el de Amurrio se empeña conseguirlo debiera, y si alguno se despeña, será justo y necesario, pues igualarse en su entrega ya no es cosa de noble ni de mandatarios, sino de castellanos hartos de marranos quemados en la hoguera por sus respectivas vanidades. Ya solo queda tarea para españolazos y portadores de estandartes siempre patrios, siempre dignos. ¿Presentar batalla donde sea y si se tercia? Pues sea, que anchos son los campos castellanos y más ruinosos aún sus caminos. ¿Serán conscientes del jardazo? Lo serán amigo mío, aunque mientras tanto, deja que de sus propias vasijas llenas de intrigas beban, y verás como poco más tarde por eso mismo caerán, así que disfruten del escenario, y gocemos del momentazo, pues no hay mayor tarea que glosar jardazo tras jardazo. ¿Serán ustedes capaces de perderse semejante despiporre?

Hete aquí al gran taumaturgo, saltando del «reverberante gitanismo« del sábado en Madrid —donde repartió cruces de Alfonso X con aire de patriarca— al mesianismo berciano en Ponferrada. Allí, entre carbones apagados, el César de la Moncloa ha proclamado que «España va como nunca«, prometiendo un horizonte eterno hasta 2027… y más allá.
Don Pedro, infatigable, muda de piel según el auditorio: anteayer gitano de pro, ayer redentor de la «zona cero« castellana, siempre envuelto en ese narcisismo que confunde el destino de la nación con su propia supervivencia política. Un equilibrista que, en su delirio de grandeza, ha decidido que si Castilla y León no le vota, es que la realidad se equivoca.

A su lado Don Carlos, el del «sorianismo« de salón, ha dejado su pequeña ínsula para tratar de salvar del desierto a su federación. Con ese empaque de edil que confunde la Junta con un concejo abierto, camina por la Meseta escobilla en mano como quien busca la paz de los pinos en un mitin de Ponferrada. Otro báculo para el sanchismo, pero con boina y más paciencia.
¡Ay señor mío, que grandes jornadas nos otorgará esta ciencia!
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Feliz día de San Maximiano y San Pascasio.
Españazuela a 23 de febrero de 2026.

