
«A fin de cuentas este era el perpetuo cautiverio de Elías, aunque buscaba la forma de evadirse, fracasaba siempre en su intento»
La vida de Elías transcurría sumida en sus temores y obsesiones. Cada hora se aseguraba de que la puerta de la calle permaneciera cerrada con llave y cerrojo, más que por seguridad lo hacía por intentar aliviar la necesidad que le causaban sus miedos. Elías tenía la sensación de que alguien se escondía dentro de casa.
Todas las mañanas se levantaba al amanecer con el único fin de comprobar que nadie había irrumpido en su casa durante la noche, ya que imaginaba amenazas continuas.
Su mente sin descanso se mantenía en una alerta constante pensando en múltiples peligros, sombras, miradas y ruidos no identificados. También comprobaba, hasta el agotamiento, que la llave del gas quedaba cerrada y las luces apagadas.
Apenas salía de casa debido a sus largos encierros. En ocasiones, los vecinos preocupados le echaban de menos e iban a su casa a preguntar. Elías, al abrir la puerta, inventaba historias sobre falsos amigos con los que había ido a pasar unos días, para disimular.
Uno de los días que tuvo que salir a comprar, el sol abrasaba. A pocos metros antes de llegar al mercado, con el corazón saltando en el pecho, regresó a casa para asegurarse de que la llave del gas había quedado cerrada. De regreso a la tienda coincidió con un vecino. Mientras éste le saludaba, Elías no levantaba la vista del suelo para no pisar sobre el llagueado de las baldosas de la calle, donde se juntaban en forma de cruz, por temor a un castigo Divino. De vuelta a casa, iba con la bolsa de la compra siempre en la mano derecha, ya que si la cogía con la izquierda atraería a la mala suerte. De vez en cuando, detenía su marcha y volvía la cabeza para asegurarse de que no le seguía nadie. Se sentía observado por las innumerables miradas de los transeúntes.
Los barrotes de Elías le mantenían preso por sus miedos, obsesiones y mentiras. A fin de cuentas este era el perpetuo cautiverio de Elías, aunque buscaba la forma de evadirse, fracasaba siempre en su intento.
(@) Manuel Sanz Real
